Opinión

Las listas

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Sí, parece increíble, pero ha finalizado otro año y ha comenzado uno nuevo. Y soy consciente de que me repito cuando vuelvo a decir que el tiempo vuela, pero es que el tiempo vuela, tempus fugit.

El tiempo se escapa, se nos escurre entre los días que van pasando, a menudo sin darnos cuenta de todo lo que vamos viviendo en ese tiempo que transcurre y es cuando llegan los últimos días del año que se va o las primeras horas del año nuevo, cuando muchas personas aprovechan para mirar atrás y hacer balance de lo que fue el año que se ha despedido y también para mirar hacia adelante y proponer una nueva lista de intenciones.

El final de cada año y comienzo del nuevo parece ser el momento de las listas. Se nos presentan listas por todas partes: los libros más leídos, las películas más vistas, las canciones más escuchadas, las palabras más buscadas. También las listas de “todo lo mejor” −que yo me pregunto siempre para quién es mejor y cuál es el criterio−, y en este caso hablaríamos de los mejores libros del año, los mejores grupos de música, las mejores películas y así podría seguir enumerando y terminar haciendo una lista de las listas que cada año por estas fechas nos llegan.

Y luego están las listas de cada uno con sus intenciones y propósitos. Listas que se hacen con el objetivo de poner en marcha y conseguir todo aquello que hasta ahora no hemos sido capaces de realizar. Dejar de fumar, hacer deporte, comenzar aquel proyecto que llevamos posponiendo tanto tiempo que ni recordamos, quedar al menos una vez a la semana para aquel café como solíamos hacer, y así mil y una cosas que quedaron por hacer por una u otra circunstancia.

Dicen los psicólogos que hacer listas nos ayuda a clarificar nuestros pensamientos, me refiero a hacer listas escritas, claro, no listados mentales. Escribir una lista ayuda a poner en orden el pensamiento, hacer una lista de intenciones nos obliga a evaluar qué es lo que queremos y qué no, y conocer qué es lo realmente importante para cada uno de nosotros.

Decía Aristóteles que el pensamiento condiciona la acción, que la acción crea hábitos, los hábitos forman el carácter y el carácter moldea el destino. Hacer una lista de intenciones o propósitos ya pone en marcha el engranaje. Hacer una lista de intenciones significa que uno ha pensado qué le gustaría hacer o qué le gustaría conseguir. Lo primero de todo, el pensar, ya ha sido realizado, primer paso. El resto queda a la voluntad de cada uno para llevar a cabo todo lo que ha pasado por su cabeza.

Y junto a la lista de intenciones y propósitos, se puede hacer otra lista, que es la lista de deseos o de sueños. Esa es mi lista favorita.

Desconozco si eres de las personas que hacen algún tipo de lista. En cualquier caso, seas de ese grupo o seas de los que, por primera vez, y después de leer esta columna, te decidas a hacer tu primera lista de propósitos de año nuevo te invito a dos cosas: la primera es que seas benévolo contigo mismo si dentro de un año revisas tu lista de intenciones y no conseguiste todo lo incluido en ella. Ser un poco mejor de lo que se era y hacer algo que no se había hecho antes ya es mucho.

Y la segunda invitación es que no olvides hacer tu lista de deseos, anhelos, sueños e imposibles (que ahora crees que lo son, pero qué sabe nadie).

Si la semana pasada te deseaba Feliz Navidad, esta te deseo Feliz Nuevo Año y que tus listas, si es que las haces, te sirvan de faro y nunca de ancla.