Opinión

León XIV en España: el valor de lo humano en tiempos de inteligencia artificial

MADRID, 07/06/2026.- El papa León XIV a su llegada al Movistar Arena para participar en el encuentro titulado 'Tejer redes con el mundo de la cultura, la educación, la empresa y el deporte’, este domingo en Madrid. EFE/ Marcos Villaoslada
El papa León XIV, a su llegada al Movistar Arena.
EFE/ Marcos Villaoslada
Carmen Calvo
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La visita del Papa León XIV a España, más allá de la relevancia espiritual que este acontecimiento puede tener para millones de creyentes, se produce en un momento en el que las democracias occidentales afrontan desafíos inéditos que afectan a la propia condición humana: la desigualdad, los conflictos internacionales, la crisis climática o, de manera creciente, el impacto de la inteligencia artificial sobre nuestras sociedades. Llega a un país que es una democracia madura. Un país que ha construido su convivencia sobre los valores constitucionales de libertad, igualdad, pluralismo político y justicia social.

España recibe a un Papa que ha decidido situar entre las prioridades de su pontificado una de las cuestiones que considero decisivas en nuestro tiempo. Su primera encíclica, Magnifica Humanitas, constituye una reflexión profunda sobre la necesidad de que el desarrollo tecnológico permanezca subordinado a la dignidad humana, la justicia social y el bien común. León XIV advierte de los riesgos de una inteligencia artificial guiada exclusivamente por la lógica del beneficio, de la concentración de poder o de la sustitución de la deliberación humana por decisiones automatizadas, abogando porque la tecnología sirva a las personas y no al contrario.

Esta preocupación conecta con un debate que también se ha abierto paso en las democracias europeas. Durante años, quienes hemos defendido el valor irrenunciable de los derechos fundamentales, hemos sostenido que la revolución tecnológica no puede desarrollarse al margen de los principios democráticos. La innovación no es neutra.

Toda tecnología incorpora una determinada concepción del poder, de la economía y de las relaciones sociales y creo que ningún algoritmo puede reemplazar la deliberación democrática y que ninguna tecnología puede asumir la obligación de construir justicia social. Son tareas que corresponden a la política, a las instituciones y a una ciudadanía comprometida con los valores democráticos.

Considero que el progreso no puede medirse únicamente en términos de crecimiento económico o capacidad tecnológica. El verdadero progreso, el progreso democrático, se mide por la capacidad de ampliar derechos y libertades, proteger a los más vulnerables o defender la igualdad entre hombres y mujeres. También por la capacidad de preservar espacios de libertad frente a cualquier forma de concentración de poder, incluida aquella que puede surgir de los nuevos gigantes tecnológicos.

Ante esta situación debemos defender una idea exigente de la democracia: una democracia que no se limite a gestionar el presente, sino que sea capaz de orientar el futuro desde principios éticos sólidos. Una democracia que sitúe a la persona en el centro de todas las decisiones. Una democracia que comprenda que la tecnología puede ser una herramienta formidable para el progreso, pero que nunca debe convertirse en un fin en sí misma, como señala León XIV.

El Papa ha llegado este sábado. Recibamos su visita con la madurez de una democracia moderna y con la hospitalidad que siempre ha caracterizado a España. Escuchemos sus mensajes desde nuestras propias convicciones, pero con la disposición de quien sabe que el diálogo sigue siendo la herramienta más poderosa para construir un futuro más justo, más humano y más esperanzador para todos.

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