Opinión

Juan Carlos Peinado, el mejor revulsivo del PSOE

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Por decirlo claro, para que el Consejo General del Poder Judicial haya iniciado un proceso en el que se puede abrir expediente a un juez la tiene que haber hecho muy gorda y el escándalo público ha tenido que ser mayúsculo. No es lo habitual sobre todo por el fuerte corporativismo de la cúpula judicial. El problema no es que unos tengan una visión conservadora o progresista, sino que de ahí pasen al sectarismo o al servilismo. Hay quien considera que el Consejo General del Poder Judicial debería haber actuado, hace tiempo, contra el juez Peinado pero hay que dejar claro que el CGPJ no puede interferir en sus decisiones jurisdiccionales ni revocar sus autos porque esto solo lo puede corregir un tribunal superior como la Audiencia Provincial de Madrid que es quien tiene la última palabra en el caso “Begoña”. El Consejo General del Poder Judicial ha actuado esta vez de forma rápida y oportuna. No se ha equivocado a reunirse con urgencia para estudiar el expediente Peinado porque cuando las actuaciones de un magistrado suscitan tanta crítica empañan la imagen de la justicia en general.

La insinuación del juez de que la policía de Presidencia podría colaborar en una eventual fuga le retrata, dice poco del juez y alimenta las críticas hacía toda su instrucción. Ha creado un cisma policial como yo nunca había visto y hasta la Dirección General de la Policía que no suele ser dada a emitir comunicados realizaba uno la semana pasada tachando de injustificada las sospechas que lanzaba. Los principales sindicatos policiales cuyas tomas de posición no suelen coincidir con las del actual Gobierno han elevado también una protesta calificando el acto de “ofensa intolerable, escandalosa y miserable”. La ha liado con fuerza y ha hecho lo que ningún magistrado se ha atrevido a hacer hasta ahora: cargar contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que son funcionarios públicos a las órdenes habituales de los jueces que dan a la justicia los primeros indicios para iniciar una investigación. Una parte de compenetra con la otra y ninguna de las dos avanza si no hay colaboración.

Más allá de los pasajes del auto ofensivos para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sería pertinente que el CGPJ abriera el foco y fuera más allá. Entre otras razones porque la instrucción que ha hecho Peinado del caso a lo largo de los dos últimos años ha sido calificada ya por otras instancias judiciales y por diversos especialistas como prospectiva, extravagante, deficiente y rica en acusaciones poco sustanciadas y por eso ha recibido varios varapalos de la Audiencia Provincial. No descubro la luna si digo que la política está a veces judicializada, y la justicia, politizada. Y aunque ninguno de los dos supuestos dice nada bueno, el segundo daña la justicia de modo muy preocupante. Y esto es lamentable por el daño que haces a uno de los pilares del Estado como al resto de magistrados que proceden de forma irreprochable. Por eso es bueno que el Consejo actúe de forma rápida cuando se acumulan dudas respecto a la actividad de alguno de los magistrados.

Peinado se ha convertido en el juez de muchas primeras veces. Ha sido el primer magistrado en imputar a la esposa de un jefe del Poder Ejecutivo, en ordenar el rastreo de sus cuentas, en enviarla al banquillo, en quitarle el pasaporte. Y también ha sido el primer juez que ha interrogado como testigo a un presidente del Gobierno en activo. Cuando solo llevaba tres meses con la causa, rechazó que Sánchez respondiese por escrito y acudió a la Moncloa para preguntar por su pareja. La cita no duró ni dos minutos porque el presidente se acogió a su derecho a no declarar pero el magistrado pidió a los funcionarios de Moncloa que le pusiesen una tarima. Al año siguiente decidió que quería interrogar también como testigo a Felix Bolaños, actual ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes por su etapa como secretario general de Presidencia. Quería preguntarle por la contratación de la asesora de Begoña Gómez a la que también ha quitado el pasaporte y de nuevo se dirigió a la Moncloa para ello. El juez llegó a bordo de un coche oficial enviado por el ministerio porque se quejó de que la vez que fue a interrogar a Sánchez, los servicios de seguridad le hicieron esperar en el acceso mucho tiempo.

Es peligroso que haya políticos que recurran a las teorías de la conspiración cuando se ven acosados por la justicia. Pero también lo es que haya jueces empeñados en darles la razón. El juez Juan Carlos Peinado entró en esta categoría hace ya demasiado tiempo. Peinado se ha convertido en el mejor revulsivo del partido socialista.

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