Opinión

Rapadas

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No las rapaban por casualidad, no las forzaban a beber un purgante por azar. Los efectos del aceite de ricino dejaban una huella humillante, la de quien no puede controlar su propia inmundicia y se mancha y camina sobre ella, pero el cabello, esas largas melenas femeninas afeitadas, era una señal visible que la acompañaría durante meses.

De esas y otras vergüenzas habla la película Woman Unknown de May el-Toukh, que ha ganado la Mostra de Venecia con la historia, no muy conocida, de mujeres danesas anónimas que durante la ocupación nazi mantuvieron relaciones con soldados alemanes; la octava mujer que gana el León de Oro en la historia del festival entraba en una competición con veinte películas dirigidas por hombres. Ella era la única mujer. Por evidente, no hace falta extraer una moraleja sobre el talento femenino.

La directora danesa May el-Toukhy con el León de Oro junto a Mathilde Arcel, Coppa Volpi a mejor actriz, ambas por la película 'Kvinde Ukendt (Woman Unknown)' , en el Festival de Cine de Venecia
La directora danesa May el-Toukhy con el León de Oro junto a Mathilde Arcel, Coppa Volpi a mejor actriz, ambas por la película ‘Kvinde Ukendt (Woman Unknown)’ , en el Festival de Cine de Venecia
EFE

Volvamos a las mujeres represaliadas; durante los meses finales de la II Guerra Mundial el fenómeno se repitió por toda Europa. En España ya se había llevado a cabo, como recuerdan los proyectos artísticos del grupo Art al Quadrat; en Francia fueron las femmes tondues, pero también hubo mujeres rapadas y sometidas al escarnio público en Dinamarca, Noruega o los Países Bajos. El cargo, mitad despectivo, mitad jocoso, era “colaboración horizontal”, y tras el corte de cabello, llegaba todo tipo de violencia centrada y diseñada específicamente para las mujeres, sobre las que recaía la honra familiar y la propia reputación de toda una comunidad. Las marcaron, las desnudaron y las obligaron a desfilar ante la multitud, en ocasiones con sus niños al pecho, entre insultos, humillaciones y la ira colectiva que llevaba años aguardando un destinatario.

Hubo daneses, franceses, belgas, holandeses, que colaboraron con los ocupantes. Hicieron negocios con ellos delataron a judíos, trabajaron para su administración, prosperaron bajo el nuevo régimen, y su castigo por colaboración política o económica fue diferente, su consideración también. Ni siquiera resulta comparable el daño que ellos causaron con acostarse con un alemán, pero esto último implicaba una traición cometida con el cuerpo que con el cuerpo debía pagarse, porque la sexualidad femenina, aún hoy, pertenece un poco a todos: a la familia, al marido, a la religión, al pueblo y, en tiempos de guerra, a la patria.

La cineasta danesa May el-Toukhy ha ganado el León de Oro de la 83ª edición del Festival de Venecia por Kvinde Ukendt (Woman Unknown)
La cineasta danesa May el-Toukhy ha ganado el León de Oro de la 83ª edición del Festival de Venecia por Kvinde Ukendt (Woman Unknown)

Woman Unknown se adentra en un terreno muy interesante cuando se resiste a la mera redención de esas mujeres. En la novela El hermanastro, el noruego Lars Saabye Christensen narraba las complejas realidades de los hijos nacidos de esas uniones, aunque hubieran sido forzadas. Algunas mujeres se enamoraron, otras buscaron protección, comida o ventajas. Hubo coerción y a veces, deseo; se dieron las mismas decisiones egoístas, temerarias o incomprensibles que se dan en todas las guerras. Sin el menos deseo de convertirlas en heroínas, se puede entender y rechazar la brutalidad del castigo.

Porque con qué facilidad se recuperaba el honor perdido después de años de ocupación, años de cobardías, transacciones y pequeñas acomodaciones, si se castigaba a una mujer, qué barato resultaba. El patriota de última hora se desgañitaba, el vecino que había agachado la cabeza le arrojaba algo. Para esto servía, mientras le crecía el cabello, y luego ya para siempre, una mujer rapada.