Opinión

Sánchez en Harvard y Risto Mejide en el Congreso

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La sesión de control al Gobierno de este miércoles se preveía descafeinada por la ausencia del presidente, pero una vez más la realidad superó las expectativas. La mañana comenzó con Sánchez en Nueva York, Feijóo en su escaño y Abascal en el gimnasio.

El Ulises de la Mareta dormía soñando con que su foto con el alcalde Mamdani y su no-foto con el marido de Melania compensasen el enorme sofocón que le causó la zapaterista Delcy Rodríguez con su inopinado saludo en plena Asamblea General de la ONU. El Kennedy de Os Peares esperaba con ganas la intervención de su portavoz y el cowboy de Amurrio, entre series de bíceps y tríceps, veía entusiasmado que un diputado de Vox abría la sesión, como si el soñado sorpasso al PP al fin se hubiese producido.

El encantamiento duró entre poco y nada. Figaredo Furioso, el ruiseñor de las Cortes, que fue el encargado de abrir el fuego dialéctico, se dio cuenta inmediatamente de que el vicepresidente Carlos Cuerpo era caza mayor para él. El López Rodó de Sánchez lo destrozó sin una mala palabra y sin alzar la voz, recordándole que nunca defrauda en sus intervenciones. Esta mañana la palabra que repitió hasta la saciedad el diputado asturiano, mientras Abascal se emocionaba entre abdominales y dominadas, fue: “terrorífica”. Y, efectivamente, su intervención parlamentaria resultó terrorífica.

Luego asistimos a un cambio de parejas, porque la portavoz del Partido Popular, Ester Muñoz, que últimamente pregunta siempre al ministro extremeño, esta mañana preguntó al triministro Félix Bolaños y el combate dialéctico entre ambos no defraudó. La Electra del PP volvió a realizar la mejor intervención del día. ¡Y van…!

Su frase sobre el supuesto acoso a la juez Beatriz Biedma por parte de las cloacas socialistas es, sin lugar a duda, la más inteligente y brillante que este cronista de Betanzos ha escuchado durante su paso por las Cortes. La leonesa le espetó a Bolaños: “Hemos visto a mafias intentando corromper a gobiernos. Lo que no habíamos visto hasta ahora es a partidos de gobierno intentando corromper a mafias”. No sé si podré votar para elegir a la mejor parlamentaria del año, pero si puedo mi voto está claro. Feijóo escuchaba muy satisfecho a su portavoz. La elección de la diputada de León para un cargo tan complicado es uno de los grandes aciertos de mi paisano.

La Electra del PP tenía enfrente a Bolaños, al que luego preguntó la portavoz de Vox, Pepa Millán, la señorita Rottenmeier de Cabra, y en su respuesta a la sucesora de Iván Espinosa de los Monteros, el ministro demostró que el tremendo entrenamiento dialéctico que ha tenido con la sin par Cayetana Álvarez de Toledo estos tres últimos años ha rendido sus frutos.

El mejor orador de la rive gauche

Visto que la pregunta de las dos portavoces versaba sobre lo mismo, Heracles Bolaños tirando de inteligencia política y mordacidad verbal argumentó: “Propongo por economía procesal que el PP y Vox me formulen una única pregunta, ya que dicen lo mismo”.

El ministro Bolaños, con el permiso de Robespierre Rufián, se ha convertido en el mejor orador de la rive gauche del hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. Los que amamos la oratoria, el ingenio, la inteligencia celebramos momentos como los que acabo de narrar. Lo que ocurrió después exigiría para ser contado fehacientemente y con gracia escritores con otras aptitudes y pasiones.

La sesión, tras este interesante comienzo, degeneró hasta convertirse en una de las más esperpénticas a las que he tenido el honor de asistir. El momento cumbre fue el aviso de la presidenta Armengol a Ana Belén Vázquez, la María Pita de Bande, de que debía abandonar el pleno y depositar el arma que había exhibido en su intervención. El arma era un bote de gas pimienta, como las que las caballas utilizan para sentirse seguras cuando salen de casa.

A partir de ahí el Tarajal ceutí se convirtió en el gran carajal del Congreso. El espectáculo fue penoso y solo lo celebraban Abascal en la sauna en la que se recupera de los esfuerzos musculares matinales y Risto Mejide en sus cuarteles mediáticos sabiendo que va a volver a romper las audiencias.

Todo es mentira

Ya sé que ahora asistiremos a horas de tertulias y discusiones en las que se utilizarán todo tipo de argumentos y precedentes por gentes que de Derecho Parlamentario saben lo mismo que Vinícius Jr. de diplomacia y protocolo. Francina Armengol actuó siguiendo los consejos de los letrados de la Cámara (el gran tesoro oculto de las Cortes españolas), y, aunque podía haber sido un poco más flexible, acertó porque a ella le corresponde la facultad de policía en el interior del Congreso, según el artículo 72 de la Constitución Española. Una potestad que según el maestro Sánchez Agesta se basa en la inviolabilidad de las Cortes que proclama el artículo 66.2. (No hace falta aclarar que el Reglamento del Congreso prohíbe portar armas dentro del Parlamento y entre ellas incluye a los espray de defensa personal).

Decía que este espectáculo lo celebraba Abascal, porque veía que una vez más el PP imitaba a Vox (como señalaba con acierto Bolaños) y practicaba el tipo de oposición que más les beneficia y en que ellos son maestros insuperables.

En Vox saben que si el PP se radicaliza no hace más que darles votos por la derecha y perderlos por la izquierda, y así creen que podrán llegar a negociar un gobierno paritario. El gran Risto Mejide también celebraba que la buena de Ana Belén Vázquez confundiese el hemiciclo con el plató de Todo es mentira. Tengo que aclarar que soy fan de Risto y de su programa. Uno de los más divertidos y ecuánimes de todas las televisiones patrias. El presentador barcelonés en esta España de trincheras, banderías y sectarismo es una valiosísima y escasísima brisa de imparcialidad, objetividad y talento, mucho talento.

En la lejana Nueva Inglaterra un viejo conocido de los españoles también celebra alborozado lo que ocurrió en el Congreso. El presidente Sánchez, camino de Boston, prepara esperanzado su intervención, porque sabe que más Vox es más Sánchez.

El Ulises de la Mareta sabe que no va a ser “Borges en Harvard”, pero está seguro de que, en un buen inglés, va a seguir fortaleciendo su imagen de líder universal de la sinistra. Es tal su ilusión y felicidad, lejos de las penurias de la política española, que va a terminar su discurso con un regalo para su audiencia: unos versos del inmenso Goethe que reflejan el latido de su alma: “He aprendido a vivir; prolongadme, oh dioses, el tiempo”.