Blanca Armario (46 años) es diputada por Cádiz en el Congreso de los Diputados. Diplomada en Magisterio de Educación Primaria y especializada en inglés, su entrada a la política nació de la frustración que sentía en las aulas. “Me desesperaba veía que cada vez más no se aplicaban contenidos académicos, sino que se aplicaba mucha ideología”. Y se acercó al partido De Santiago Abascal. “España tenía una deriva y estaba repercutiendo hasta en el sistema educativo”.
La política no le era ajena. En su casa se habla mucho de ella y en su familia ha habido alcaldes y senadores “de distintos colores políticos”. Ella misma tenía la costumbre de leerse siempre los programas electorales de los distintos partidos. Hacia 2017 o 2018 leyó el de Vox. “Tengo que confesar que nunca jamás pensé que yo me iba a sentir tan identificada”, admite. “Y me picó el gusanillo de la política aún más y quise ayudar”.
Llegó por iniciativa propia, sin que nadie la empujara, y empezó como cualquier afiliado: montando y desmontando mesas informativas. Nunca antes había militado en otro partido. Lo que la movió, asegura, fueron “mis ganas de luchar por mi país” y, como docente, “por un sistema educativo justo, objetivo”. También sitúa entre sus motivos la inmigración, que es la primera bandera de Vox para captar votantes.

Armario sostiene que su oficio sigue presente en cada decisión. “La docencia en realidad es una vocación”, afirma, y la compara con las alergias: puede aparecer en cualquier momento de la vida y, una vez dentro, no se va. Como portavoz de Juventud e Infancia, dice llevar esa vocación “a la hora de proponer iniciativas, a la hora de intervenir, a la hora de pensar en los menores, en sus familias”.
Preguntada por si tiene algún referente político, menciona a una venezolana, a María Corina Machado, que en su opinión “debe ser un referente para todas las mujeres en política”.
La convivencia en los pasillos
Dentro del Congreso, admite que siempre está al tanto de la actualidad nacional e internacional. Mantiene una agenda “eficaz, organizada” para reunirse con colectivos y compañeros y preparar iniciativas propias. “Sabemos cuándo empezamos, pero no cuándo va a terminar el día”, resume. Aun así, lo considera “muy reconfortante”.
Si pudiera cambiar algo, empezaría por el Reglamento de la Cámara, que a su juicio tiene artículos “poco específicos”. Pone un ejemplo reciente: la obligación de comunicar dónde se va a grabar un vídeo o tomar una foto dentro del edificio, “algo que antes en esta Casa no pasaba”. Lo equipara a la “excesiva burocracia” que, según dice, sufren muchos españoles: “Algo que no debe pasar en una Casa de todos los españoles, que los mismos diputados no tengan libertad de movimiento”.

La tensión que vive dentro de los pasillos lo describe como “una extensión” de la que se vive en la calle. Y relata los motivos: “Los impuestos, la dificultad para llegar a fin de mes, para encontrar vivienda…”. En Vox, dice, esa tensión “se transforma en disconformidad, en repulsa”, mientras que el PSOE, a su juicio, la ha convertido en “una estrategia parlamentaria y política”.
“Las diputadas de Vox tenemos cordón sanitario”
Armario denuncia que existe un cordón sanitario hacia quienes piensan distinto al Gobierno, y que ese mismo trato se reproduce dentro del Congreso. “Las diputadas de Vox tenemos cordón sanitario porque no entramos en el marco de la izquierda”, afirma. Lo compara con lo que, según ella, viven muchas mujeres cuando opinan distinto a “las progresistas de la izquierda”. “Las diputadas no somos mujeres diferentes, somos mujeres como el resto de las españolas”.
A quienes rechazan su proyecto no tiene nada que decirles: “Aquí cada uno es libre de pensar lo que quiera”. Lo que exige es respeto para sus ideas y para poder poner mesas informativas “sin recibir agresión ninguna”.
Le preguntamos si ha pensado alguna vez en dejarlo. “No, nunca. España es mucho más grande que mi sentimiento individual”, responde. Lo dejará, añade, cuando Santiago Abascal, al que define como “mi jefe maravilloso”, le proponga ayudar de otra manera.
Vida y visión personal
Fuera del hemiciclo, se describe como “una persona normal”. Le gustan la naturaleza y los animales, y dedica su tiempo libre a la lectura, la familia y los amigos.
A los jóvenes que quieran dedicarse a la política les pide, antes que nada, formación, sea universitaria o en ciclos de FP. “Solamente conociendo nuestra historia, nuestra literatura, van a saber defender luego nuestra cultura”, arguye. Y cierra con su definición de la política, que comparte con varios de sus colegas de Cámara: “Un servicio a los demás”. “Esto no es una manutención económica de por vida, lo mismo que estás de entrada, estás de salida”.

