El 30 de julio fue el pistoletazo de salida para la llegada masiva de inmigrantes provenientes de Marruecos a Ceuta y Melilla. Porque, a tenor del calentamiento en las redes sociales marroquíes, la cosa no ha hecho más que empezar, y el día 15, festivo en Ceuta, se organiza una nueva llegada de personas.
Los centenares de muertos en el proceso de la semana pasada no ha hecho mella, pero el Gobierno español volverá a retratarse ante los españoles, y ante Europa.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, difícilmente podrá pronunciar de nuevo la frase de “son cosas que ocurren”, o negar que el CNI alertó de que se cocía el efecto llamada en el Reino Alauí, como hiciera no sólo después de que sucedieran los hechos, sino también ante sus homólogos europeos en la reunión telemática de la pasada semana. Y, nuevamente, España está dando ejemplo de achaques y reproches entre la crisis política, un nuevo espectáculo mientras un nuevo ‘alud’ de inmigrantes amenaza con volver a cruzar la frontera.
Este medio se ha puesto en contacto con el ministerio de Defensa para conocer si, en esta ocasión, existe entre ambos ministerios la coordinación informativa que el Gobierno de Sánchez negara. “El CNI sigue trabajando como hasta ahora, tal y como señaló la ministra”, afirman fuentes del ministerio. “Y nosotros estamos, como desde el primer momento, a disposición del Ministerio del Interior para seguir colaborando y realizando las tareas que no encomiendan”. Y concluyen: “Ellos han de determinar cuál es la estrategia a seguir”.
Una semana después de la llegada masiva de africanos a las ciudades españolas que Marruecos reivindica como suyas, el Ejecutivo de Sánchez sigue sin dar explicaciones de la estrategia qué ha seguido, ni la que seguirá, en su relaciones diplomáticas con Marruecos respecto a la crisis migratoria, más allá de culpar a las mafias y repetir el mensaje de las excelente coordinación que sí ha habido con Marruecos a la hora de devolver a los inmigrantes.

La imagen proporcionada de un país por el Gobierno, en cuanto a que sus servicios de inteligencia no funcionan, parece secundario para el Ejecutivo. Por su parte, la ministra de Defensa, Margarita Robles, no entró directamente a responder a la pregunta de los periodistas el pasado lunes, respecto a si el CNI había informado o no a Interior, como sí afirman que hicieron los servicios de Inteligencia. “No voy a entrar en ninguna discusión que no favorece a nadie y sólo favorece a unos pocos”, afirmó la ministra.

No obstante, Robles sí defendió el trabajo de los suyos. “Mi reconocimiento y mi agradecimiento a los hombres y mujeres del CNI, del CIFAS, de los servicios de información, de la policía y de la Guardia Civil, que en todo momento, en condiciones muy difíciles y que además no se pueden contar, realizan su trabajo”, afirmó.
Y aseveró: “Los servicios de información que trabajan en el Interior, como los servicios de información que trabajan en Defensa, en colaboración con los servicios de información de otros países, estamos todos trabajando e insisto, le pido a Marruecos que llegue hasta el final, es saber lo que ha ocurrido”, concluyó en un mensaje desde el que se desmarcó de la línea del Gobierno. Y fue más allá en su advertencia a Marruecos: “La soberanía española sobre Ceuta y Melilla no se toca”.
A día de hoy, alrededor de 3.000 efectivos se han desplazado a Ceuta. En conversación con este medio, los militares han denunciado jornadas maratonianas de casi 16 horas, y unos servicios de comida insuficientes, que tras sus denuncias se han solventado. Lo que más les preocupa es la indefensión jurídica a la que afirman estar sometidos, en caso de enfrentamientos con los inmigrantes.
