En el estío la agenda de José Luis Rodríguez Zapatero se vacía. El expresidente suele pasar las vacaciones estivales en su refugio de Famara, una propiedad que figura a nombre de su mujer, Sonsoles Espinosa. Un inmueble de 90 metros cuadrados con más de mil metros de parcela en la urbanización Bungalows Playa Famara.
Días de relax, cerca del pequeño pueblo pesquero de La Caleta. En agosto de 2025, la agenda de Gertrudis Alcázar registró su llegada al archipiélago directamente desde Santo Domingo, la escala habitual en sus vuelos a Venezuela. Salvo un par de clases de inglés, un viaje relámpago a Madrid apenas hay actividad. El día 19 de agosto, figura una cena en Arenas Lounge, una cita que no llama la atención en pleno periodo vacacional.
Cena con Sánchez
Sin embargo, las conversaciones de WhatsApp con su secretaria, Gertrudis Alcázar, revelan que no es una cena cualquiera: el convocante es el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Así, el 12 de agosto, Gertru le reenvía un mensaje: “El pg quiere hacer una cena con ZP, Illa y Ángel Víctor”. Es decir, una cena promovida por el presidente del Gobierno (PG), Pedro Sánchez, a la que también asistirían Salvador Illa, presidente de la Generalitat de Cataluña, y Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial y Memoria Democrática.

Y le recuerda que le ha dado los días disponibles en agosto. Al día siguiente, el expresidente pregunta si ya está la fecha de la cena con Pedro Sánchez, que en su caso figura con las abreviaturas ‘Schz’. Su secretaria le responde que la fecha más probable será el 19 o el 20, aunque aún no está confirmada. Tras unas averiguaciones a última hora de la tarde, Gertru confirma que la cena será el 19 de agosto: “Pendiente de hora y lugar”.
Sin Begoña ni Sonsoles
Al día siguiente, en un mensaje al que adjunta lo que podría ser una invitación, Gertrudis le muestra su extrañeza a Zapatero porque parece que no han incluido a su mujer. “No entiendo, yo di por hecho que eran las parejas, ¿le digo que por favor si me puede confirmar si va Begoña o confirmo a Sonsoles en cualquier caso?”, pregunta al expresidente, que se muestra de acuerdo en consultar.
Tras unos intercambios de mensajes en los que, esa misma tarde, Zapatero se preocupa por los ingresos de las consultoras Kreab y Gate Center, su secretaria informa de que ha confirmado a Sonsoles para la cena.
Cuando se aproxima la cita del evento, el 17 de agosto, Gertrudis avisa de que los otros tres comensales irán solos: “Hola, a la cena los otros tres van sin pareja“, a lo que el expresidente responde su habitual “Okok”. “No va ese caso”, zanja su interlocutor.
Agenda tras la cena
A tenor de la agenda de Zapatero de finales de agosto, la cita con el presidente del Gobierno, lejos de tener de tener un carácter meramente lúdico, como podría parecer en un primer momento -de ahí que se pensara en la asistencia de Begoña Gómez y Sonsoles Espinosa-, habría tenido un marcado carácter político.
El 28 de agosto, el expresidente viajó a Zúrich en un viaje relámpago que, según reflejan los mensajes, habría preparado un par de días antes con el ministro de Justicia, Félix Bolaños. Un día después valoró el viaje: “Razonable por aquí”.

Los viajes a Suiza del expresidente se enmarcan en su papel como mediador en la interlocución con la cúpula de Junts per Catalunya en nombre del Gobierno.
Mediador con Puigdemont

Lejos de tratarse de un viaje aislado, la cita se produjo en un momento en el que el expresidente desempeñaba un papel central en la interlocución. Cabe recordar que tras el encarcelamiento del exsecretario de Organización Santos Cerdán, Ferraz mantuvo al expresidente como uno de sus principales activos para tratar de recomponer la relación con los independentistas, consciente de que seguía siendo el dirigente socialista con mayor capacidad para mantener abiertas las vías de diálogo con el entorno de Carles Puigdemont.
Esa labor, que comenzó durante la negociación de la investidura, se prolongó después con la aplicación de la Ley de Amnistía y los sucesivos intentos por garantizar la estabilidad parlamentaria del Ejecutivo. Las agendas intervenidas y los mensajes de WhatsApp de su secretaria dibujan un patrón recurrente durante meses: desplazamientos relámpago a Zúrich para reunirse con representantes de Junts, seguidos de reuniones en Moncloa y encuentros con Félix Bolaños, para trasladar el estado de las conversaciones.
La documentación refleja que esos contactos se mantuvieron a lo largo de 2025, cuando la aplicación de la amnistía seguía bloqueada para Carles Puigdemont y las negociaciones con el partido independentista atravesaban momentos de máxima tensión.
Una situación distinta un año después
Un año después, el escenario es distinto. La Ley de Amnistía sigue sin cumplir uno de sus objetivos políticos más relevantes: permitir el regreso a España de Carles Puigdemont. Pese al aval del Tribunal de Justicia de la Unión Europea a la norma, el expresidente catalán continúa en Bélgica. La orden de detención dictada por el Tribunal Supremo sigue vigente, a la espera de que el Tribunal Constitucional resuelva los recursos pendientes.

También ha cambiado la situación de José Luis Rodríguez Zapatero, investigado por la Audiencia Nacional por presunto tráfico de influencias en el rescate de Plus Ultra. Aunque el Ejecutivo mantiene públicamente su respaldo al expresidente —que continúa afiliado al PSOE—, una imagen como la de aquella cena con Pedro Sánchez tendría hoy un significado político muy distinto y proyectaría un apoyo mucho más explícito del mostrado hasta la fecha.
En su balance del curso del pasado 28 de julio, Pedro Sánchez apeló a la presunción de inocencia del expresidente, pero evitó asumir su defensa personal: “Yo no soy el portavoz de José Luis Rodríguez Zapatero”, respondió al ser preguntado por la investigación que le afecta.
Una cena que este verano, al menos, ya no tendrá a José Luis Rodríguez Zapatero entre sus posibles invitados.

