El mazazo de los casos de presunta corrupción que salpican al PSOE no bastó para quebrar los puentes, pero la gestión de la crisis en Ceuta está llevando a los aliados del Gobierno a marcar cada vez más distancias con Pedro Sánchez. Se vio en la comparecencia del presidente ante el Congreso de los Diputados para abordar la situación, al arranque de septiembre.
Y se intuye en los mensajes de un socio clave como el PNV, que este fin de semana especuló con un posible “chantaje” de Marruecos al jefe del Ejecutivo. A última hora del lunes, en una entrevista en El Intermedio (La Sexta), el propio Sánchez negó que la información obtenida de su teléfono con el software Pegasus haya condicionado sus decisiones políticas: “En absoluto”. En la misma entrevista, el presidente calculó que Ceuta volverá a la normalidad de aquí “al final del año”.
No genera sorpresa que recorra esta senda Podemos, aliado imprescindible con el que el ambiente ya está enrarecido a cuenta del decreto de vivienda pendiente. Que lo haga el Partido Nacionalista Vasco, y en boca de su presidente, Aitor Esteban, es harina de otro costal. Por más que la coalición intente restar importancia a sus palabras. Fuentes del Gobierno afirmaron el lunes que estas declaraciones buscan acaparar titulares, “que le hagan caso”.
El domingo, en una entrevista en El Correo, el líder del PNV y exportavoz parlamentario afirmó que el Gobierno está “desbordado” tras la entrada masiva de migrantes de los días 30 y 31 de julio. Y dio pábulo a la posibilidad de que Rabat “esté chantajeando” al presidente. Se trata de una teoría con la que el PP y Vox han especulado desde que se conoció el espionaje al teléfono móvil de Sánchez y de algunos ministros, a través del software Pegasus, que desvelaron en 2022, pero tuvo lugar en 2021. Esto es, antes del bandazo con la posición histórica sobre el Sáhara Occidental, todavía por explicar.
“Ocurre el tema del espionaje de Pegasus y a los pocos meses tenemos el giro en la posición española sobre el Sáhara. Fue un terremoto sobre el que nunca se dio explicación. Pero la situación es muy compleja, políticamente difícil de llevar para este Gobierno y para cualquier otro”. “Que Marruecos pueda tener algo que no conocemos que hace que la presión sobre el Gobierno español sea todavía mayor pues, hombre, yo no lo descartaría“, respondió Esteban.
En público, el ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, consideró “intolerable” que “una persona proporcionada y equilibrada” asuma esta “teoría de la conspiración”. El Gobierno, aseguró en La Hora de la 1 (TVE), “actuará en consecuencia”, de probar que Marruecos “tuviera alguna responsabilidad” en la entrada masiva en la ciudad autónoma. “Lo que no podemos es, en base a teorías de la conspiración, tomar decisiones que no serían en beneficio de nadie”, apostilló.
Fuentes socialistas aseguran que esta cuestión no se abordó en la Ejecutiva de este lunes, presidida por Sánchez. En la dirección del partido tampoco asombra que partidos como Podemos se hayan abonado a esta teoría. Pero sí intentan restar hierro al hecho de que lo haga el PNV, uno de los socios más estables de la coalición.
El PNV, termómetro de la legislatura
Precisamente, fue el partido de Esteban el que arrancó a Sánchez el compromiso de que convocará elecciones generales si no logra sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado para 2027. El Gobierno acabó abriéndose a la posibilidad de un adelanto técnico, y hoy la fecha en la que todos los partidos -también el PSOE- ven más probable la convocatoria de los comicios es el mes de marzo. Hasta ahora, los avisos del PNV eran considerados una suerte de termómetro de las relaciones en el bloque que apoyó la investidura de Sánchez, y no únicamente una fotografía fija de sus relaciones con la coalición PSOE-Sumar.
De hecho, para desinflar las palabras de Esteban, fuentes de la dirección naturalizaron que desde los partidos de la “derecha” se utilicen estas fórmulas que ponen a Rabat en el punto de mira. Y, en lo que respecta a Podemos, que formaba parte del Ejecutivo cuando Sánchez decretó el giro con el Sáhara, sostienen que “atacar a Marruecos” entra “dentro del ADN” de parte de la izquierda.
Fue la eurodiputada y candidata morada a las generales, Irene Montero, quien avaló la teoría del chantaje de Rabat al presidente del Gobierno. En una entrevista en la Cadena Ser, preguntada específicamente por esta materia, Montero asumió que “parece bastante evidente que algo hay”. “Porque todo el mundo lo dice y es lo que se cuenta en los mentideros”.
El pleno del Congreso de esta semana servirá para comprobar el estado de los puentes entre el Ejecutivo y sus aliados. Entre otras cuestiones, la Cámara Baja votará este jueves la convalidación de un real decreto ley con ayudas a Ceuta y otro sobre la regulación de los lobbies, aprobado a finales de agosto en el Consejo de Ministros para salvar el bloqueo a la ley de grupos de interés en el Congreso. Fuentes socialistas reconocieron que este lunes no podían garantizar la viabilidad de esta norma.
Sin planes de llamar al PP para resolver la crisis en Ceuta
Una semana más, las dificultades para resolver la situación en la ciudad autónoma desesperan a los socialistas. No se ponen plazos, más allá del que estableció el lunes el presidente. “La normalidad llegará cuando vaciemos Ceuta”, admiten fuentes de la dirección. No se hacen ilusiones de lograrlo en el medio plazo.
Tampoco hay planes de levantar el teléfono y requerir formalmente la ayuda del PP. Sánchez y Alberto Núñez Feijóo no han hablado personalmente durante esta crisis, y en el PSOE creen que intentarlo sólo se traduciría en un nuevo portazo. “¿Tú crees que se puede hablar?”. La pregunta es retórica.
No ven margen para que el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, o las comunidades autónomas gestionadas por el PP, acepten el traslado de parte de cerca de 2.500 menores migrantes fuera de la ciudad autónoma. “Feijóo tiene un problema que se llama Vox, y que ha firmado lo que ha firmado”. Además, dentro del partido cada vez se escuchan más discursos de advertencia sobre cómo se está “moviendo el odio” por parte determinados partidos, al calor de esta crisis. “La ultraderecha se ha hecho un gigante”, lamentan. No desvelan recetas para remediarlo.

