¿Beneficia la crisis migratoria a alguna formación política? ¿Perjudica electoralmente al Gobierno? Cristina Monge, Pablo Simón, Allende Martín, Lluis Orriols y Manuel Mostaza analizan para Artículo14 la vertiente política de lo ocurrido en Ceuta y llegan a la conclusión de el partido de Santiago Abascal puede verse beneficiado.
Pablo Simón distingue dos dimensiones que explican por qué la situación de Ceuta puede perjudicar al Gobierno: el propio debate migratorio y la gestión de la crisis. Sobre la primera, sostiene que inmigración y seguridad son asuntos que se vinculan “más a la derecha que a la izquierda”. Mientras el bloque conservador tiende a mantener posiciones más claras, la izquierda suele mostrarse “más dividida” o encontrar mayores dificultades para fijar una posición común.

Lluis Orriols llega a una conclusión similar y señala que la inmigración permite cohesionar al PP y a Vox mientras genera mayores tensiones en el espacio de la izquierda. “Son los temas perfectos para poner en la agenda pública y para hacer oposición porque tienen ese doble efecto de contentar a los tuyos y poner en aprietos al adversario”, explica.
A ese terreno político favorable para la derecha se suma la respuesta dada y la gestión. Aunque Cristina Monge considera que todavía es imposible medir cuál será su efecto electoral porque se desconoce cuándo se celebrarán las próximas elecciones, sí cree que la crisis “bien no le va a hacer” al Ejecutivo. “Se ha tardado mucho en dar unas primeras respuestas”, sostiene.
Simón coincide en que la percepción sobre la eficacia del Ejecutivo será determinante. A su juicio, importa si los ciudadanos consideran que el Gobierno ha actuado “con diligencia” y “con contundencia”. El politólogo plantea incluso que, si desde el comienzo Moncloa hubiera situado la responsabilidad directamente sobre Marruecos y presentado la crisis como un enfrentamiento con un tercer país, podría haberse producido un efecto de “reagrupamiento detrás de la bandera” que habría permitido desplazar la discusión migratoria hacia la defensa de los intereses de España.
Manuel Mostaza apunta en la misma dirección y considera que las imágenes de una frontera desbordada favorecen el discurso de la oposición por una “doble vía”. Por un lado, la percepción de una inmigración descontrolada y, por otro, la imagen de “debilidad” de un Gobierno que no habría conseguido garantizar el control fronterizo.

El desgaste de Sánchez es el beneficio de Vox
La consultora Allende Martín pone el foco sobre Pedro Sánchez. Después de tres semanas, sostiene, existe una distancia entre el mensaje de normalidad trasladado desde el Ejecutivo y la percepción de parte de la ciudadanía ceutí. Además, considera que la responsabilidad de la Presidencia del Gobierno habría requerido una presencia política “más visible” y un liderazgo directo por parte de Sánchez.
En ese sentido, Orriols considera que, en un primer momento, el PP puede obtener mayor rendimiento por su condición de principal partido de la oposición. Sin embargo, a más largo plazo, la situación puede favorecer especialmente a la derecha radical populista y, en este caso, a Vox.

Simón también subraya su capacidad para presentarse como fuerza de protesta. “Vox no es un partido de gobierno, Vox es un partido de protesta”, resume el experto.
Monge subraya la propia confrontación entre los dos grandes partidos como un asunto clave, destacando lo ocurrido en otras emergencias, como la DANA de Valencia o los incendios. La politóloga advierte de que cuando el ciudadano percibe que PP y PSOE están centrados en “sus broncas” en lugar de solucionar los problemas aumenta el descrédito hacia las instituciones y el sistema. Esa desafección, sostiene, puede terminar siendo capitalizada por Vox. “La manera deficiente de la gestión acaba dando alas a la ultraderecha”, resume.

