Las imágenes de la llegada masiva de migrantes en la costa de Ceuta del jueves 30 de julio quedarán grabadas en la memoria colectiva. Con una pasmosa facilidad, miles de personas llegadas desde Marruecos cruzaron por mar hacia la ciudad autónoma española, ante la ausencia total de miembros de las fuerzas de seguridad. Para JUPOL, el sindicato mayoritario de la Policía Nacional de España, el fenómeno responde a una causa clara: “Es una presión propia de una guerra híbrida”.
Este concepto ha vuelto a ocupar titulares en medios de comunicación y declaraciones de políticos. “Marruecos ha levantado de facto el veto a las salidas hacia Ceuta, permitiendo y favoreciendo una situación absolutamente inasumible para la ciudad”, denunció el sindicato policial tras la difusión de las imágenes, en que se vieron a cientos de personas campando a sus anchas por las calles de Ceuta tras cruzar la verja fronteriza sin oposición.
De nuevo, todos los focos se centraron en la estrategia que aplica Marruecos respecto a la inmigración. No es el primer episodio en que el reino marroquí abre las puertas a la llegada descontrolada de migrantes como medida de presión a España para obtener victorias diplomáticas. Lo impactante es la facilidad con que emplea estas tácticas.
En mayo de 2021 Ceuta vivió la mayor crisis fronteriza de su historia reciente: entre 8.000 y 10.000 personas procedentes de Marruecos, incluidos entre 1.500 y 2.000 menores, entraron en menos de 48 horas en territorio español tras una relajación absoluta del control fronterizo marroquí. El incidente desencadenó una crisis humanitaria y diplomática entre España, Marruecos y la Unión Europea (UE).
Qué es la guerra híbrida
La “guerra híbrida” aplicada a la inmigración se refiere al uso político de flujos migratorios como herramienta de presión o desestabilización, evitando el uso de métodos tradicionales de guerra. Marruecos, junto a Bielorrusia, son los dos países que mayores retos han generado a la UE para el control de sus fronteras.
Esta estrategia para generar conflicto combina actividades coordinadas en varios frentes -económicos, políticos, informativos, cibernéticos- para debilitar a un adversario, sin necesidad de entrar en un escenario de guerra convencional. De este modo, migrantes o refugiados pasan a convertirse en armas arrojadizas, que generan crisis políticas internas y tensión en el país que recibe los flujos migratorios.
En el caso español, la reacción beligerante de la oposición al gobierno de Pedro Sánchez escenifica este escenario. Ya el año pasado, el líder del PP Alberto Núñez Feijóo demandó revisar los acuerdos migratorios con Marruecos, al denunciar que “utilizan la inmigración como guerra híbrida contra las naciones occidentales”. Desde Vox, su líder Santiago Abascal denunció tras lo ocurrido el jueves en Ceuta una “invasión”, y que “Pedro Sánchez es su principal promotor y culpable por todas sus consecuencias”.
Analistas señalan que la crisis migratoria puede ser deliberadamente activada como parte de una estrategia híbrida. El país emisor (Marruecos) explota la vulnerabilidad de la UE en materia de migración y asilo para desestabilizar al gobierno español, polarizar su sociedad y tensar relaciones con otros estados europeos.
“Las autoridades marroquíes no están haciendo absolutamente nada para impedir este acceso ilegal. Lejos de intervenir ni siquiera estaría auxiliando a las personas cuando requieren ayuda en el mar, permitiendo que continúen su avance hacia España o, incluso, dejándolas abandonadas”, denunció JUPOL. Otros sindicatos de guardias civiles y policías exigen más efectivos, medios y una “respuesta urgente” para contener la posible llegada de nuevas oleadas de migrantes en la frontera marroquí.
Cómo actúa Bielorrusia
Desde Bielorrusia, el dictador Aleksandr Lukashenko ha utilizado estrategias similares para presionar a la UE. No obstante, ante la ausencia de un mar de por medio, el régimen bielorruso -aliado de la Rusia de Vladimir Putin- organizó vuelos desde países de Oriente Medio y África, facilitó visados y trasladó a miles de personas hacia las fronteras con Polonia y Lituania para forzar su entrada en territorio de la UE.
Bielorrusia habría guiado a grupos de refugiados hacia pasos fronterizos, donde quedaron estancados en las fronteras blindadas por soldados en Polonia y Lituania. La crisis migratoria fue acompañada de campañas mediáticas y narrativas que buscaban polarizar a la opinión pública europea y presentar a la UE como inhumana o dividida -especialmente por el abandono de migrantes durante el frío invierno europeo-, un factor que se identifica como parte central de la guerra híbrida.
Tanto Marruecos como Bielorrusia son conscientes de que la gestión migratoria es uno de los puntos débiles de la UE, donde las políticas divergentes de sus estados miembros generan continuas fricciones. Ambos países suelen negar su responsabilidad en los flujos migratorios. Por parte marroquí, la guerra híbrida se emplea para presionar sobre las fronteras y soberanía de Ceuta y Melilla, la cuestión del Sáhara o, más recientemente, como posible represalia por la reciente visita de Pedro Sánchez a Argelia.

