Opinión

Todo lo que tuvo que pasar para que el PSOE perdiera dos puntos

GIJÓN, 26/10/2026.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, participa en un acto de precampaña electoral celebrado este lunes en Gijón. EFE/ Eloy Alonso
Pedro Sánchez, participa en un acto de precampaña electoral celebrado este lunes en Gijón.
EFE/ Eloy Alonso
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Dice el asterisco que corona las encuestas de este inicio de semana que lo que ha ocurrido entre ellas y las inmediatamente anteriores, publicadas escasos días antes, es un accidente ferroviario en Urda. Evidentemente, ese asterisco quiere decir mucho más. Quiere decir que lo que ha ocurrido es la segunda catástrofe mortal en las líneas de alta velocidad españolas en menos de un año, bajo el liderazgo del mismo ministro de Transportes que se niega a asumir la menor responsabilidad, todavía gobernados por el mismo Ejecutivo que nos ha citado a las urnas para que decidamos, en sus propias palabras, entre el progreso que representa él y el retroceso aterrador que representa la oposición.

La réplica es tan sencilla que hasta duele. Y así como estos días somos muchísimos los que suspiramos por retroceder a aquellos años en los que los trenes llegaban a su hora y con los pasajeros vivos, las encuestas dicen que también han retrocedido las opciones del PSOE de volver a gobernar.

Es una cuestión curiosa, pues de lo que se hablaba justo antes de Urda era de la tendencia contraria. La campaña del amor estaba consiguiendo reanimar ligeramente al electorado de izquierdas, nos decían, y ya se barruntaba hasta la posibilidad no tan remota de que las listas socialistas terminasen siendo las más votadas, aunque sin opciones de repetir gobierno. Antes de Urda había ocurrido Adamuz, el caso Ábalos, el intento de las cloacas de eliminar a la juez que terminaría condenando al hermano del presidente, la inhabilitación del Fiscal General. Pedro Sánchez convocó elecciones subido a la ola de la indignación por la vivienda y a los pocos días la portavoz nacional de su partido dimitió por su relación sentimental con uno de esos empresarios a los que ella misma llamaba buitres desde la tribuna del Congreso.

Quiero decir que todo esto había ocurrido antes de las encuestas del amor, es decir, todavía antes de Urda. Y que, aun así, la tendencia colocaba al PSOE cerca del 30% del apoyo electoral. Antes incluso había ocurrido que nuestro presidente se fue de vacaciones en mitad de la invasión de Ceuta; que la Guardia Civil entró en la sede socialista de Ferraz para investigar indicios de financiación irregular; que cientos de personas perecieron por una Dana mientras el Estado tardaba tres días en movilizarse en serio; que la legislatura comenzó gracias a siete votos comprados con una Amnistía perversa, diseñada para extinguir los delitos de aquellos que habían utilizado los recursos de todos para protagonizar una sedición.

El Gobierno nos decía que teníamos que escoger entre el progreso o la reacción, entre ellos o el desmantelamiento de lo público, entre la igualdad o el machismo filofascista; y bajo su mandato se sucedían acusaciones de acoso sexual a jerifaltes del partido, bajo su legislación salían violadores de las cárceles, bajo sus medidas la vida se nos iba haciendo un poco más cara y bajo su gestión las infraestructuras iban funcionando cada vez peor. El Gobierno nos decía: “Elegid: Motosierra, o Sanidad y Educación”, y a la vez se convocaban huelgas de sanitarios o sacábamos los peores resultados en el informe PISA, que mide el grado de preparación del alumnado del país.

Justo después de Urda, es decir, después de que haya ocurrido todo lo mencionado en este artículo, las encuestas prevén que los partidos que conforman el actual Gobierno superarán la suma de los cien escaños. Es algo que da que pensar. Yo pienso que un político tiene muchas responsabilidades. Una no menor consiste en evitar que quienes le van a votar haga lo que haga legitimen con su voto a un criminal.

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