La activista política que convirtió su experiencia personal con el aborto en un compromiso público aspira a conquistar el segundo distrito de Nebraska, un territorio decisivo para los demócratas en las elecciones legislativas del 3 de noviembre.
Las encuestas la sitúan por delante del republicano Brinker Harding, aunque la campaña llega a su recta final con un distrito acostumbrado a decidir por márgenes estrechos.
Denise Powell no tenía previsto presentarse al Congreso. Durante años se había sentido más cómoda trabajando entre bastidores, organizando las campañas de otras mujeres que daban el paso hacia la política. Sin embargo, a pocos días de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, esta activista de 48 años se ha convertido en una de las candidatas demócratas con más posibilidades de conquistar un escaño republicano. En Nebraska, estado considerado de Trump, Powell puede dar la sorpresa.
Su implicación en la defensa de los derechos reproductivos y un discurso centrado en el coste de la vida constituyen los pilares de una campaña que aspira a devolver a los demócratas la representación del segundo distrito del Estado. La encuesta de National Public Affairs realizada entre el 2 y el 5 de octubre entre 377 votantes probables situaba a Powell en el 50% de intención de voto, frente al 38% del republicano Brinker Harding. El libertario Eric Michael Foreman obtenía un 6%. Una encuesta anterior de SurveyUSA, realizada en septiembre, daba a Powell una ventaja mucho más estrecha: 46% frente al 42%. Los modelos electorales consultados el 30 de octubre también favorecen a la demócrata, aunque sus probabilidades de victoria varían según la metodología empleada.
Una experiencia que cambió su relación con la política
Su compromiso político comienza en 2012, mucho antes de que Donald Trump regresara a la Casa Blanca y de que Powell se convirtiera en candidata. Aquella semana recibió en el hospital la noticia de que estaba sufriendo un aborto espontáneo. Los médicos le recomendaron regresar a casa y esperar. Días después, mientras conducía por la autopista I-80, el dolor volvió con una intensidad que la obligó a parar y buscar atención médica de urgencia en mitad de la vía. Sufría un embarazo ectópico que le provocó la rotura de una trompa de Falopio. La pérdida de sangre puso su vida en peligro. “Cualquier vacilación por parte de aquellos médicos habría significado que hoy no estaría aquí”, recuerda. La experiencia la convenció para entrar en política y ocupar un lugar central en la vida pública. Las decisiones médicas deben corresponder a los profesionales sanitarios. “No creo que deba ser asunto de nadie más. Ningún político debe mandar sobre el cuerpo de una mujer. Tampoco deberíamos crear políticas que provoquen vacilaciones o trabas, se pierden vidas cuando limitamos el derecho de las personas a tomar esas decisiones”.
La sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos que en junio de 2022 revocó Roe contra Wade, la resolución que desde 1973 había protegido el derecho constitucional al aborto, reforzó su determinación de intervenir en política. Powell considera que la experiencia de las mujeres que necesitan atención reproductiva no puede quedar subordinada a las decisiones de los legisladores.
Su programa propone recuperar la protección federal de Roe contra Wade, aprobar una ley que garantice el derecho a la anticoncepción y ampliar la cobertura de los tratamientos de fertilidad mediante la Right to IVF Act. En Nebraska, donde el aborto se ha convertido en uno de los asuntos más divisivos de la política estatal, su historia personal le permite explicar una posición que va más allá de las consignas electorales.
Hija de inmigrantes de Cuba y Chile
Powell nació hace 48 años en Florida, hija de inmigrantes de Cuba y Chile. Creció en el sur del Estado, en una familia de cinco hermanas. Su padre, Joaquín Blaya, participó en la fundación y expansión de Telemundo, la cadena de televisión en español. Cuando algunos críticos cuestionaron que utilizara su ascendencia latina como parte de su identidad política, Powell defendió la trayectoria de su familia. “Mi padre salió de Chile cuando tenía veintitantos años y llegó aquí sin dinero. Trabajó muchísimo y construyó algo increíble. Es el sueño americano personificado”.
Estudió Comunicación y Ciencias Políticas en la Universidad de Miami y desarrolló su carrera profesional en comunicación y marketing. Trabajó en PepsiCo y Hilton Hotels, además de pasar por Miami, Nueva York y Los Ángeles. En 2009 se trasladó a Omaha con su marido, Hobson Powell, que entonces trabajaba en Yahoo y que actualmente es vicepresidente de soporte global de LinkedIn.
En Nebraska se incorporó a una organización dedicada a promover la educación pública y colaboró con Girls Inc. Más tarde trabajó en desarrollo y marketing para el estudio de arquitectura Alley Poyner Macchietto. Su entrada en la política llegó después de las elecciones presidenciales de 2016. “Estaba realmente frustrada. Había defendido el acceso a la sanidad y la educación. Soy hija de inmigrantes y sentía que muchas de las cosas que me importaban estaban siendo atacadas por la Administración”, explicó.
Un año después fundó junto a Leanne Prewitt Women Who Run Nebraska, una organización destinada a reclutar a mujeres que quisieran presentarse a cargos públicos. La primera reunión tuvo lugar en su salón. Invitaron a diez mujeres que ya estaban pensando en competir por un puesto político. “Invitamos a un par de amigas y aparecieron 200 personas”, recuerda. La iniciativa terminó convirtiéndose en un comité de acción política que recauda fondos y proporciona recursos a candidatas progresistas. Powell insiste en que utiliza el término progresista “con p minúscula”. La organización también ha contribuido a impulsar medidas de seguridad con las armas de fuego y a reducir los obstáculos que encuentran las mujeres cuando intentan entrar en la política.
Prewitt, que dirige la agencia de marketing Ervin & Smith en Omaha, describe a su antigua socia como alguien que transforma rápidamente la preocupación por los demás en acciones concretas. “Es una mujer reflexiva. Si estás enfermo, puede que tengas un paquete de cuidados en tu mesa o delante de la puerta de casa antes incluso de terminar la llamada telefónica. Sorprende lo rápido que actúa cuando alguien necesita ayuda”.
El coste de la vida como argumento electoral
Powell ha trasladado esa sensibilidad a una campaña que busca conectar con votantes preocupados por el precio de la compra, la energía, la vivienda y la asistencia sanitaria. Su discurso económico cuestiona las consecuencias de los aranceles impulsados por Trump y presenta el encarecimiento de los bienes cotidianos como una de las principales responsabilidades de Washington. La seguridad es otro de los capítulos de su agenda. Powell propone reautorizar la Violence Against Women Act, destinada a proteger a las víctimas de violencia doméstica, y respaldar controles universales de antecedentes para las compras de armas, las llamadas leyes de alerta o red flag laws y programas comunitarios de prevención de la violencia. Su argumento es que la seguridad de las familias requiere tanto proteger a las víctimas como evitar que las armas lleguen a manos de personas que representan un peligro.
La candidata también ha utilizado su condición de madre para acercarse a los votantes. En algunos anuncios se presenta como “una madre cabreada” ante las decisiones de la Administración republicana. En otro revela que lleva siempre consigo el pasaporte estadounidense por temor a que los agentes federales puedan detenerla durante las operaciones contra la inmigración irregular.
Durante las primarias demócratas, algunos partidarios de su rival John Cavanaugh cuestionaron las donaciones de grupos que algunos votantes vinculan con AIPAC, el principal grupo de presión estadounidense favorable a Israel. Powell sostiene que ningún grupo que haya donado a su campaña está alineado con esa organización y ha prometido no aceptar dinero directamente de AIPAC. La candidatura de Powell aspira a representar un distrito que votó por Kamala Harris en las presidenciales de 2024, pero eligió al republicano Don Bacon para el Congreso. Bacon, que ocupaba el escaño desde 2016, decidió no presentarse a un sexto mandato. Su retirada abrió una oportunidad que los demócratas llevan años intentando aprovechar. Tony Vargas, antiguo senador estatal y candidato demócrata en 2022 y 2024, perdió frente a Bacon por tres puntos en su primer intento y por menos de dos en el segundo. Esta vez decidió no repetir. Fue él quien llamó a Powell para convencerla de que se presentará.
“Fue la primera persona que me vino a la cabeza”, explicó sobre su decisión de apoyarla. “Presentarse al Congreso es una tarea extraordinariamente difícil y no es para los pusilánimes. Necesitas a alguien que se preocupe sinceramente por la gente, alguien con buen corazón. Y ella es esa persona”.
La demócrata tuvo que superar primero unas primarias complicadas frente a John Cavanaugh, un candidato con mayor reconocimiento público y una larga tradición familiar en la política de Nebraska. Powell terminó imponiéndose. La victoria confirmó que podía competir, aunque también dejó algunas heridas entre los votantes demócratas que ahora necesita recuperar. Su adversario republicano, Brinker Harding, lleva más de tres décadas vinculado a la política local y forma parte del Ayuntamiento de Omaha desde 2017. La contienda enfrenta, por tanto, a una organizadora política que nunca había ocupado un cargo electivo con un candidato de larga trayectoria institucional.
Las proyecciones publicadas el 29 y el 30 de octubre colocan a Powell como favorita. Decision Desk HQ calcula en un 94% sus posibilidades de victoria, mientras que otros modelos sitúan su ventaja prevista en torno a los diez o doce puntos. La capacidad económica de su campaña constituye otra ventaja. Según los datos presentados ante la Comisión Federal Electoral hasta el 14 de octubre, Powell había recaudado algo más de cinco millones de dólares, frente a los 2,7 millones de Harding.
Powell busca ampliar su base más allá del electorado demócrata. Los independientes y los votantes de terceros partidos representan el 28% de los registrados en el distrito, según los datos de su campaña. También busca atraer a republicanos descontentos con la dirección del partido y con las decisiones económicas de Trump. “La gente está agotada. Ya no confía en el Gobierno”, afirma. “Cuando hablo con la gente, muchos no se preocupan por el partido. Solo quieren saber si vas a resolver sus problemas, si realmente te importan”.
La frase explica su estrategia. Si gana, será la primera demócrata elegida para representar el segundo distrito de Nebraska en una década y, según su campaña, la primera latina y la primera persona de color del Estado en llegar al Congreso. El 3 de noviembre se sabrá si su apuesta puede cambiar el equilibrio político de Omaha.

