Donald Trump se enfrenta a las elecciones de mitad de mandato del próximo 3 de noviembre con uno de los índices de aprobación más bajos de su carrera política. La economía, el encarecimiento del coste de la vida y la guerra con Irán han erosionado el respaldo al presidente estadounidense en un momento decisivo para el futuro de su segundo mandato. A pocos días de la votación, Trump ha respondido a las dificultades electorales de los republicanos con dos anuncios para comprar votos. Por un lado, el presidente ofrece un pago de 5.000 dólares a cada ciudadano adulto si su partido conserva el control del Congreso y una recompensa de un millón de dólares para quien denuncie un fraude electoral que termine en una condena.
El deterioro de su popularidad se refleja en la encuesta del Pew Research Center publicada el 8 de octubre. Según el sondeo, realizado entre el 28 de septiembre y el 4 de octubre a 5.062 adultos, solo el 30% aprobaba la gestión presidencial, frente al 68% que la desaprobaba. Se trataba del nivel más bajo de su segundo mandato, comparable al mínimo registrado al final de su primera presidencia, en enero de 2021. El investigador Peter Enns, profesor de la Universidad Cornell y cofundador de la empresa de encuestas Verasight, calificó el resultado de históricamente bajo.
La medición de Reuters e Ipsos publicada el 27 de octubre apuntó a una ligera recuperación con su aprobación subiendo dos puntos, hasta el 32%, respecto al mínimo de la semana anterior. La mejoría no alteraba, sin embargo, el panorama electoral. En la pregunta genérica sobre qué partido deberían respaldar los votantes para el Congreso, los demócratas aventajaban a los republicanos por 47% a 36%. Al incorporar las preferencias de los indecisos, la distancia se reducía a nueve puntos, con un 50% frente a un 41%.

Las encuestas nacionales ofrecen una fotografía de las preferencias de los votantes estadounidenses ante las elecciones de medio mandato. La distribución territorial del voto y las particularidades de cada distrito y estado resultaran decisivas, sobre todo en la disputa por el Senado, donde los demócratas afrontan mayores dificultades para alcanzar la mayoría. Aun así, los datos dibujan un escenario complicado para un presidente cuyo partido controla actualmente las dos cámaras del Congreso.
La economía constituye el principal foco de descontento. Según el sondeo de Pew, el 84% de los votantes registrados considera que la situación económica es muy importante a la hora de decidir su voto. Otra encuesta, realizada por el centro AP-NORC, señalaba que sólo el 26% de los adultos aprobaba la gestión económica de Trump y que apenas el 17% respalda su actuación frente al coste de la vida. En política exterior, el apoyo a su gestión de la guerra con Irán se situaba en el 28%.
El conflicto ha contribuido al encarecimiento de la gasolina, una de las cuestiones que más pesan en el ánimo de los electores. En la encuesta de Reuters e Ipsos, el 73% consideraba que el coste de la vida evoluciona en la dirección equivocada. Los demócratas habían recuperado, además, una ligera ventaja en la percepción de qué partido gestionaría mejor la economía: el 37% prefería su enfoque, frente al 33% que se inclinaba por el republicano. “Parte de la razón por la que los índices de aprobación de Trump son tan bajos es que está impulsando políticas y posiciones muy impopulares”, explicó Enns a la revista Time. El profesor señala la guerra con Irán como ejemplo porque los ciudadanos atribuyen al presidente la decisión de intervenir y relacionan el conflicto con el encarecimiento de los carburantes. “Es muy inusual que un presidente se sitúe del lado de tantas posiciones impopulares”, añade.

La historia tampoco favorece al partido gobernante. En las elecciones de mitad de mandato, celebradas dos años después de las presidenciales, la formación que ocupa la Casa Blanca suele perder escaños. Costas Panagopoulos, profesor de Ciencia Política en la Universidad Northeastern, atribuye parte de esa tendencia al deseo de los votantes de equilibrar el poder en Washington. Cuando una misma formación controla la presidencia y las dos cámaras, resulta más difícil trasladar a la oposición la responsabilidad por las decisiones del Gobierno.
Hay excepciones. En 2002, los republicanos de George W. Bush ganaron escaños en ambas cámaras, favorecidos por el elevado respaldo al presidente después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. En 2022, los demócratas de Joe Biden resistieron mejor de lo previsto, en un contexto marcado, entre otros factores, por la decisión del Tribunal Supremo de revocar el derecho constitucional al aborto establecido en Roe contra Wade. Como recuerda Michele Swers, profesora de Gobierno estadounidense en Georgetown, las circunstancias políticas pueden alterar las previsiones.

En este contexto, Trump ha prometido un incentivo económico directo para los ciudadanos. El 9 de septiembre, durante una convención republicana en Dallas, anunció que pagaría 5.000 dólares a cada ciudadano adulto si los republicanos conservan el control de la Cámara de Representantes y el Senado. Bautizó la iniciativa como el “dividendo Trump” y afirmó que el dinero tendría que gastarse dentro de Estados Unidos.
La propuesta plantea importantes interrogantes presupuestarios y legales. El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Johnson, señaló que la medida necesitaría la aprobación del Congreso. Las estimaciones difundidas tras el anuncio situaron su coste potencial por encima del billón de dólares, una cantidad que dependería del número de beneficiarios y de las condiciones finales del programa.

El segundo anuncio ha suscitado inquietud por sus implicaciones para la confianza en el sistema electoral. El 26 de octubre, Trump publicó en Truth Social que pagaría un millón de dólares a quien denuncie fraude electoral en comicios pasados o en las elecciones de noviembre, siempre que la información conduzca al arresto y la condena de los responsables. Esta iniciativa surge después de años afirmando de manera infundada sobre un fraude generalizado en las elecciones estadounidenses del 2020. La recompensa introduce un incentivo económico para denunciar presuntas irregularidades justo antes de una votación en la que los republicanos se juegan el control legislativo.
La incógnita es si la movilización de los votantes republicanos bastará para compensar el desgaste de Trump. La encuesta de Pew registraba una mayor implicación de los simpatizantes demócratas mucho más motivados para votar en estas elecciones. En el sondeo de Reuters e Ipsos, el 46% de los demócratas decía sentirse muy entusiasmado con los comicios, frente al 30% de los republicanos.
Los sondeos muestran que Trump llega a la recta final con dificultades para convencer, especialmente al votante independiente, de que su gestión ha sido positiva. El próximo 3 de noviembre, los electores decidirán si las dificultades económicas de los ciudadanos estadounidenses se traducen en una pérdida de poder para los republicanos. El resultado marcará la capacidad del presidente para impulsar su agenda durante los dos últimos años de mandato.

