Ocho años y medio en Moncloa dan para varios aciertos, también para algunos escándalos. Sólo una semana después de acceder al poder (junio de 2018) Pedro Sánchez cesó al ministro Màxim Huerta; en septiembre, apenas tres meses después, llegó su turno a Carmen Montón. En ambos casos el presidente del Gobierno movió ficha tras sus respectivos escándalos.
Desde entonces, el jefe del Ejecutivo ha optado por fulminar a integrantes del Consejo de Ministros en una única ocasión. Fue en la crisis de Gobierno de 2021, en la que cesó a Carmen Calvo, José Luis Ábalos y otros cinco ministros -también a su director de Gabinete, Iván Redondo-, para ascender a perfiles como Félix Bolaños o Raquel Sánchez. Por más que, tras sucesivas polémicas, hubiera otros ministros en la diana, ha preferido que se mantuvieran hasta cambios de legislatura, para aprovechar la conformación de nuevos equipos gubernamentales. O que partieran para desempeñar otras responsabilidades.
El titular de Transportes, Óscar Puente, se ha convertido en el último integrante del Ejecutivo cuya continuidad se ha visto cuestionada incluso por sus propios compañeros de filas. Tras el accidente ferroviario de Urda (Toledo), que ha causado al menos 69 fallecimientos, en el Gobierno y en el PSOE han sido varias las voces que han expresado dudas sobre su permanencia en el cargo. Especialmente, porque falta menos de un mes para las elecciones generales del 29-N. Por el momento el ministro, con el aval del presidente, ha optado por aguantar.
“Lo fácil para mí es salir, pero no va con mi carácter ni es lo que me ha pedido el presidente”, aseguró Puente el viernes, en rueda de prensa. En el modus operandi de Moncloa en los últimos años es difícil encajar otro escenario. El manual de crisis empleado en ésta y en la anterior legislatura no ha dejado espacio para relevos extemporáneos en el Consejo de Ministros.

Un cese, sostiene un veterano dirigente socialista, “es reconocer que existe una mala gestión política”. Al nivel ministerial, no hay precedentes de una crisis que se saldase con una dimisión por responsabilidad política desde la crisis de Gobierno de 2021. Ni en esta legislatura ni en la anterior, independientemente de la gravedad de la situación.
En un contexto en el que en La Moncloa se consideran bajo asedio, asumir la caída de una figura política de la talla de un ministro no entra en los planes. No se ha hecho con otros representantes institucionales de peso, ni siquiera cuando se veían inmersos en una causa judicial. De hecho, el presidente decidió que el exfiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz -cuya condena considera injusta-, se mantuviera en el cargo cuando fue citado como investigado. Y hasta cuando el Tribunal Supremo le envió al banquillo. García Ortiz sólo dimitió tras la sentencia.
Entre los cargos públicos considerados críticos lamentan a menudo esta forma de actuar, pero no esperan un giro de guion a estas alturas. Entienden que es poco probable que Sánchez entregue una pieza de caza mayor a la oposición, y más en contexto preelectoral. Salvo que la situación se torne insostenible.

34 ministros relevados, sólo 9 cesados u obligados a dimitir
Nadia Calviño; Teresa Ribera; José Luis Escrivá; Pilar Alegría y María Jesús Montero han dejado el Gabinete en esta legislatura, pero todos ellos lo hicieron para ocupar otros cargos. En total son al menos 34 los ministros que han salido del Ejecutivo desde que Sánchez aterrizó en Moncloa, en junio de 2018. Sólo Huerta y Montón fueron relegados oficialmente después de verse afectados por sus propios escándalos. De hecho, de la crisis de Gobierno de 2021 trascendieron muy pocas explicaciones.
Fernando Grande-Marlaska, titular de Interior, ha sido el ministro que más polémicas ha protagonizado, pero es uno de los tres únicos supervivientes del primer mandato de Sánchez. Ha sido reprobado en seis ocasiones -tres en el Congreso, tres en el Senado-, sólo seguido de cerca por Puente, que suma cinco.
La gestión de la crisis en Ceuta, la muerte de dos guardias civiles en Barbate arrollados por una narcolancha (2024); el salto a la frontera del Tarajal que se saldó con 24 muertos; (2022) o la crisis de los contratos para suministrar balas a Israel (2025) generaron seísmos políticos. Marlaska siempre ha logrado mantenerse aferrado al timón. Siempre ha contado con el respaldo del presidente.
De hecho, más allá de la concreta exigencia de la dimisión de Puente, formalizada el viernes por Ada Colau, a lo largo de esta última legislatura Sánchez se ha resistido a las presiones de Sumar y ha rechazado realizar cambios en el Consejo de Ministros. Formalmente, siempre ha defendido que estaba satisfecho con el trabajo de sus 22 integrantes. Por más que en su partido o en las filas del socio minoritario de la coalición reclamasen un relevo.

La directora de la Guardia Civil o la presidenta de la SEPI
Bajando en la escala de mando hay algunos ejemplos de altos cargos que acabaron renunciando tras sufrir serios reveses, como el delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez Triano. También hay muchos casos en los que han decidido permanecer en el poder.
Entre ellos hay varios cargos públicos investigados en causas vinculadas a la supuesta corrupción. No se cesó a la directora general de la Guardia Civil (Mercedes González) tras su imputación (julio); tampoco al director adjunto operativo del cuerpo, Manuel Llamas, ni a la presidenta de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), María Belén Gualda González.
En el ámbito del PSOE, Sánchez tampoco apostó por el relevo de Ana María Fuentes como gerente del partido cuando fue citada como investigada (mayo). Un año antes, tras el estallido del caso Santos Cerdán, el secretario general socialista tuvo que fulminar a su secretario de Organización. Pero siete meses atrás, en el 41 Congreso Federal del PSOE, la sombra de la corrupción ya se cernía sobre el partido, y empezaba a dejarse ver sobre Cerdán. El líder socialista optó por apuntalarlo en el cargo. A él y a todo su núcleo duro.
“La clave orgánica pesa mucho para él”, apunta un cargo público. Con motivo de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, con varios frentes judiciales abiertos, en las filas socialistas ya ha habido dudas sobre la conveniencia de seguir respaldando al expresidente. Sánchez, recuerdan, ha optado por no retirarle el apoyo: “Si empiezas a dejar caer a la gente, te acabas quedando solo”.

