La reproducción asistida en el deporte de élite, a debate en un nuevo Examen14, celebrado en colaboración con HLA Grupo Hospitalario.

¿Renuncio a ser mamá para ser deportista profesional o aparco mi carrera deportiva para formar una familia? Esta pregunta ha marcado durante décadas la trayectoria de miles de mujeres en la alta competición, cuyas etapas de máximo rendimiento físico coinciden con su edad biológica más fértil. Esa coincidencia temporal pone a muchas atletas en un dilema: elegir entre formar una familia o mantener viva una carrera competitiva que, por definición, es corta y exigente.
¿Qué papel juega hoy la medicina para evitar que ambas aspiraciones choquen?
Para responder a estas preguntas, Artículo14 ha celebrado un nuevo Examen14 en colaboración con HLA Grupo Hospitalario. El encuentro, moderado por la jefa de deportes del periódico, Belén Zurita, reunió a tres voces complementarias y expertas: Salomé López Garrido, directora de Operaciones y Desarrollo de la Unidad de Reproducción de HLA Vistahermosa; María Segura, ex capitana de la selección española de voleibol retirada hace apenas un año; y Beatriz Mañas, doctora en Sociología e investigadora de deporte de la UNED.
Las cifras ponen dimensión al problema. Según el estudio MADER de la UNED, en el que se analizó a 202 deportistas de alto nivel junto a mujeres militares (dos colectivos sometidos a una altísima exigencia física y con carreras muy breves) las atletas retrasan la maternidad casi cuatro años respecto al conjunto de la población española, situando la edad media en los 33 años. “Queríamos investigar cómo se concilian los proyectos profesionales y familiares en sectores con dificultades extremas” , explicó Beatriz Mañas durante su intervención. El estudio revela un dato abrumador que derriba los prejuicios habituales: las deportistas de élite tienen exactamente el mismo deseo maternal que cualquier otra mujer.
“No desean ser madres ni más ni menos que el resto, pero sufren un desfase claro entre el número de hijos que querrían tener y los que finalmente tienen debido a ese retraso forzado”, apuntó la socióloga. María Segura aportó su visión basada en su experiencia. Después de toda una vida dedicada al deporte y debutar en la élite con 17 años, la exjugadora recordó: “Somos deportistas, pero también mujeres con proyectos de vida”.

En su caso, contó con una ventaja que no suele ser lo habitual: su padre es ginecólogo experto en reproducción asistida. “En casa era un tema del que se hablaba con total naturalidad. Yo tenía claro que no quería ser madre mientras estuviera en activo porque quería exprimir mi etapa en el voleibol, así que planificamos juntos en qué hueco del calendario deportivo podía congelar mis óvulos. Lo hice hace tres años, aprovechando un parón de la selección”, relató María Segura.
La desinformación
El caso de María Segura encaja con el cambio de mentalidad que Salomé López Garrido observa a diario en las clínicas del Grupo HLA tras 18 años en el sector.“Antes recibíamos sobre todo a parejas con problemas de fertilidad tras años intentándolo; hoy acuden cada vez más mujeres jóvenes que deciden vitrificar sus óvulos para decidir libremente cuándo es su momento”, señaló.
En cambio, López Garrido alertó de que la popularización de estos tratamientos en redes sociales ha traído consigo un exceso de ruido: “se le ha dado altavoz a perfiles que no son expertos y falta información de calidad; muchas pacientes llegan sin saber a qué atenerse”. Por eso insistió en la importancia de acudir a profesionales antes de los 35 años, cuando la reserva ovárica garantiza un porcentaje más alto de éxito en el embarazo.

Mañas advirtió de que este parón no es de libre elección, sino que es fruto de un sistema donde las deportistas interiorizan el “es lo que hay”. Las profesionales desde jóvenes son conscientes del dilema que produce la maternidad si van a dedicar su vida y su cuerpo al deporte. Las cifras de su estudio reflejan una precariedad incompatible con la maternidad: el 29% de las deportistas encuestadas ingresa menos de 1.000 euros al mes y un 47% necesita compaginar el deporte con otros trabajos remunerados. “Para ser madre no solo vale con quererlo, tienes que tener respaldo económico. Si paro de ganar medallas para ser madre, dejo de tener ingresos”, denunció la investigadora.
Sin embargo, el acceso a este proceso choca frontalmente con dos barreras: la desinformación y el dinero. La congelación de óvulos no está cubierta por la Seguridad Social (aunque la mujer sí puede acudir después a la Seguridad Social con sus óvulos congelados en la privada para someterse al tratamiento). El coste oscila entre los 1.000 y los 3.000 euros, una cifra difícil de asumir para atletas con sueldos por debajo del salario mínimo o jóvenes universitarias, lo que lleva a clínicas como HLA a ofrecer sistemas de financiación.
Para derribar estas barreras y dejar atrás la era de las cláusulas antiembarazo, López destacó la importancia de acuerdos como la alianza entre HLA Vistahermosa y el Lucentum de baloncesto, que proporciona la información necesaria y los medios tanto a jugadoras como sus familiares o entorno: “El feedback ha sido de enorme agradecimiento; se trata de concienciar, informar de los tiempos y dar apoyo médico real a un problema de su día a día”.
¿Libertad de elección o control sobre el cuerpo de la deportista?
Durante la mesa se analizó cómo las futbolistas, a través del sindicato AFE, ya han logrado ayudas para la congelación de óvulos para todas las jugadoras. Beatriz Mañas se desmarcó de esta iniciativa, advirtiendo sobre el riesgo de que las instituciones deportivas financien la vitrificación como única salida: “Corre el peligro de convertirse en el caso clásico en el que las instituciones controlan la reproducción de las mujeres: en lugar de que el sistema deportivo se adapte a la maternidad, es el proceso reproductivo el que se adapta al sistema deportivo”.

María Segura recogió el guante señalando el verdadero quid de la cuestión: las condiciones laborales. “El punto de partida es profesionalizar realmente el deporte desde el Estado y los Consejos. Que una mujer que da su vida al deporte tenga sustento económico, cotización y derecho a baja laboral. Hay que dar las dos opciones: poder parar mi carrera para ser madre o congelar óvulos y serlo más tarde, pero que la decisión sea mía”, reivindicó la exjugadora.
Los innegociables para el futuro
Belén Zurita preguntó sobre cuáles deben ser los puntos de mejora imprescindibles para los próximos diez años. Para María Segura, es necesario un ecosistema de acompañamiento al embarazo y también del postparto, pero recalca que sin el sustento económico desde la profesionalización de las deportistas, lo convierte en algo utópico. “En mi federación no se ha escuchado hablar nada sobre esto; hoy todo funciona por el boca a boca entre las deportistas sobre dónde y cómo lo has hecho”, afirmó María Segura.
Beatriz Mañas, recogiendo el discurso de la jugadora, exige estabilizar los ingresos de las atletas, lo que tiene una relación directa con la profesionalización tanto laboral como contractual que exige la misma. Luchar contra la cláusulas anti-embarazo, la condiciones laborales y el aumento del salario, son los tres condicionantes que suponen un impedimento para la maternidad en el deporte de alto rendimiento. Además, medidas como la recogida de datos por parte de las instituciones también serían útiles, el INE debería recoger estadísticas sociodemográficas que permitan estudiar la situación de una manera más profunda. Además, Beatriz Mañas ha propuesto una comunicación más humana, no “endiosar” a las deportistas, sino humanizarlas, que una deportista madre deje de ser una excepción para normalizarlo. Y por último, un clamor a la atención científica, que las instituciones escuchen a la ciencia y se dejen aconsejar por los mismos estudios.
