El Partido Republicano ensaya sin Trump

J. D. Vance, apareció como la figura con mayor visibilidad entre quienes aspiran a ocupar algún día el lugar del presidente

DALLAS (USA), 11/09/2026.- US President Donald Trump watches as balloons drop at the conclusion of the Midterm Republican National Convention (RNC) at the American Airlines Center in Dallas, Texas, USA, 10 September 2026. The two-day event, conceived by US President Donald Trump to spotlight key midterm congressional races, runs 09 to 10 September. EFE/EPA/JIM LO SCALZO
Donald Trump observa cómo caen globos al concluir la Convención Nacional Republicana de mitad de mandato.
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Vance ocupa el centro del escenario de la convención republicana mientras el partido se prepara para unas legislativas que pueden medir el verdadero alcance del trumpismo

En Dallas, el futuro del Partido Republicano se hizo presente en una convención convocada para hablar del presente. Donald Trump no estará en las papeletas de las elecciones legislativas de noviembre, pero en la primera convención de mitad de mandato de los republicanos el presidente ha convertido las elecciones en un referéndum sobre su gestión. Con su particular retórica ha pedido a los votantes que imaginen que su nombre aparece en las papeletas y ha prometido 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si su partido conserva el control de la Cámara de Representantes y el Senado.

La promesa, que Trump ha presentado como un “dividendo”, podría superar el billón de dólares a las arcas del estado y requeriría la aprobación del Congreso. También ha abierto un debate dentro del propio Partido Republicano sobre el coste fiscal de la medida y sus posibles efectos sobre la inflación. Trump ha defendido que los ingresos procedentes de los aranceles se utilizarán para financiar este cheque que muchos ven como la compra de votos.

El episodio resume la situación de un partido que sigue dependiendo de Trump mientras empieza, inevitablemente, a preguntarse qué vendrá después. En Dallas, la pregunta tenía nombres propios. El vicepresidente, J. D. Vance, apareció como la figura con mayor visibilidad entre quienes aspiran a ocupar algún día el lugar de Trump. El secretario de Estado, Marco Rubio, de visita oficial en Perú, se desmarca aunque se mantiene en una posición relevante. También aparecen en las conversaciones republicanas el gobernador de Florida, Ron DeSantis, y el senador de Texas Ted Cruz.

DALLAS (USA), 11/09/2026.- US President Donald Trump speaks on the second day of the Midterm Republican National Convention (RNC) at the American Airlines Center in Dallas, Texas, USA, 10 September 2026. The two-day event, conceived by US President Donald Trump to spotlight key midterm congressional races, runs 09 to 10 September. EFE/EPA/ALBERT PENA
Donald Trump interviene en el segundo día de la Convención Nacional Republicana de mitad de mandato.
EFE/EPA/ALBERT PENA

Vance es, por razones evidentes, el nombre que parte con ventaja en la carrera. Es el vicepresidente y fue elegido por Trump como compañero de camino en 2024. Su intervención en Dallas estuvo construida alrededor de los temas que han definido al nuevo Partido Republicano: inmigración, identidad nacional, familia, religión y una oposición frontal a los demócratas. También aprovechó el escenario para defender los primeros meses de la Administración y pedir a los votantes que no entreguen el Congreso a los demócratas.

Pero hubo un detalle que llamó especialmente la atención. Cuando una mujer del público gritó “¡JD 48!”, en referencia al próximo presidente, Vance no rechazó la posibilidad, aunque tampoco la convirtió en el centro de su discurso. “Primero tenemos que hacer el trabajo este noviembre y después nos preocupamos de lo que viene”, respondió.

Vance ocupa ahora mismo la vicepresidencia y cuenta con el apoyo de la base de Trump. Su carrera política ha estado ligada al movimiento MAGA y su evolución desde sus inicios como crítico del presidente hasta uno de sus principales aliados lo ha convertido en una figura representativa de la transformación republicana. Pero el vicepresidente tiene también un problema específico. Su futuro político está ligado al éxito de una Administración cuya política debe defender incluso cuando muchas de sus decisiones chocan con posiciones que él mismo ha sostenido en el pasado.

La política exterior es el ejemplo más evidente. Vance construyó parte de su identidad política sobre una visión más contenida del papel militar de Estados Unidos. Antes de llegar a la Casa Blanca se manifestó contrario a una guerra con Irán. Como vicepresidente, sin embargo, forma parte de una Administración que ha situado la política exterior y el conflicto con Irán en el centro de su agenda.

DALLAS (USA), 11/09/2026.- US Vice President JD Vance speaks on the second day of the Midterm Republican National Convention (RNC) at the American Airlines Center in Dallas, Texas, USA, 10 September 2026. The two-day event, conceived by US President Donald Trump to spotlight key midterm congressional races, runs 09 to 10 September. EFE/EPA/ALBERT PENA
JD Vance interviene en el segundo día de la Convención Nacional Republicana de mitad de mandato.
EFE/EPA/ALBERT PENA

Rubio se encuentra en el extremo opuesto de ese dilema. Como secretario de Estado, está directamente identificado con las decisiones de política exterior de la Administración. Si aspira a la Casa Blanca en 2028, tendrá que defender un historial del que forma parte de manera directa. Pero esa misma posición le permite presentarse como una figura de continuidad dentro del trumpismo y mantener vínculos con sectores tradicionales del Partido Republicano.

El Partido Republicano que existía antes de Trump defendía tradicionalmente una política exterior basada en la proyección del poder estadounidense, una posición que todavía conserva influencia entre muchos republicanos. El movimiento MAGA ha incorporado una corriente más escéptica respecto a las intervenciones militares y más concentrada en los problemas internos. Vance se ha identificado con esa corriente. Rubio, desde el Departamento de Estado, está mucho más cerca de la primera.

Trump ha insinuado que ambos podrían presentarse juntos. “No sé cómo se les puede ganar si están juntos”, dijo recientemente al referirse a una posible fórmula Vance-Rubio. Pero esa combinación pertenece todavía al terreno de las especulaciones. Ninguno ha anunciado una candidatura y el presidente no ha elegido públicamente a su sucesor.

DALLAS (USA), 11/09/2026.- US President Donald Trump speaks on the second day of the Midterm Republican National Convention (RNC) at the American Airlines Center in Dallas, Texas, USA, 10 September 2026. The two-day event, conceived by US President Donald Trump to spotlight key midterm congressional races, runs 09 to 10 September. EFE/EPA/ALBERT PENA
Donald Trump interviene en el segundo día de la Convención Nacional Republicana de mitad de mandato.
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Lo que sí parece claro es que el Partido Republicano ha empezado a mirar hacia ese escenario. La convención de Dallas lo ha hecho visible. En conversaciones con asistentes, Vance y Rubio aparecen con frecuencia. Durante la última década, Trump ha transformado las primarias republicanas en una prueba de lealtad a su liderazgo. Su respaldo ha sido decisivo para muchos candidatos y su capacidad para movilizar a la base continúa siendo uno de los principales activos del partido. El resultado es una paradoja porque los republicanos necesitan construir una identidad posterior a Trump, pero siguen dependiendo de Trump para ganar elecciones.

Los republicanos controlan actualmente las dos cámaras del Congreso, pero por márgenes estrechos. En la Cámara, la mayoría es de 218 frente a 213 escaños. En el Senado, los republicanos cuentan con 53 senadores frente a 47 demócratas. Las elecciones pondrán en juego esas mayorías en un momento en que la popularidad de Trump afronta dificultades y el coste de vida sigue siendo una preocupación central para los votantes.

La economía puede convertirse en uno de los principales campos de batalla. Trump habla de crecimiento y de fortaleza económica, pero la Administración se enfrenta a preocupaciones por los precios, los tipos de interés y el coste de la energía. El conflicto con Irán añade otra variable a una campaña que los republicanos preferirían centrar en inmigración atacando con ese argumento a la izquierda demócrata.

En Dallas, Trump describió una economía en plena recuperación mientras los mercados financieros ofrecían una imagen menos tranquilizadora. El petróleo ha superado los 100 dólares por barril en medio de las preocupaciones por la guerra y el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años ha escalado, encareciendo el crédito para consumidores y empresas.

DALLAS (USA), 11/09/2026.- Former White House Press Secretary Karoline Leavitt speaks on the second day of the Midterm Republican National Convention (RNC) at the American Airlines Center in Dallas, Texas, USA, 10 September 2026. The two-day event, conceived by US President Donald Trump to spotlight key midterm congressional races, runs 09 to 10 September. EFE/EPA/ALBERT PENA
Karoline Leavitt interviene en el segundo día de la Convención Nacional Republicana de mitad de mandato.
EFE/EPA/ALBERT PENA

Vance ha intentado mantener el foco en los asuntos que movilizan a la base. En su discurso acusó a los demócratas de haberse convertido en un partido hostil a Estados Unidos y defendió las políticas migratorias de la Administración. Su intervención estuvo diseñada para consolidar el electorado que llevó a Trump de nuevo a la Casa Blanca. La cuestión que queda abierta es si ese mensaje será suficiente para los votantes que decidirán las carreras más ajustadas.

Porque el problema de los republicanos no es todavía escoger entre Vance y Rubio. Es decidir qué quieren conservar del trumpismo cuando Trump ya no pueda ser candidato. El partido puede mantener el movimiento prácticamente intacto y buscar una figura capaz de heredarlo. Puede intentar recuperar algunos elementos del republicanismo anterior a Trump. O puede acabar haciendo algo intermedio, como ya ocurre con Vance y Rubio, dos políticos que comparten Gobierno y partido pero que representan matices diferentes sobre el futuro.

Trump todavía tiene tiempo para influir en esa decisión. También tiene una razón para hacerlo porque quien controle su movimiento después de 2028 tendrá una influencia considerable sobre la maquinaria política que él ha construido desde 2016.

La verdadera prueba llegará en noviembre. Si los republicanos conservan el Congreso, Trump podrá presentar el resultado como una confirmación de su liderazgo. Si pierden alguna de las cámaras, se generará la conversación sobre hasta qué punto el partido puede ganar sin él.