La crisis migratoria de Ceuta se ha comprendido entre dos fechas clave. El pasado 30 de julio, día en que 80.000 inmigrantes llegaron a nuestras fronteras, y este sábado, día 15, en que está prevista un nueva entrada masiva a tenor de la convocatoria en la redes sociales marroquíes.
Con toda probabilidad, esta nueva llegada a España será mucho más controlada, según las declaraciones de los ministros de Interior, Fernando Grande Marlaska, y de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, con la advertencia permanente de que no se permitirá una nueva avalancha. Una actuación que se prevé coordinada, y de la que el Ejecutivo sacará pecho de la gestión en esta nueva fecha y pretenderá que permanezcan en el olvido los últimos días de julio, ya que, según palabras del propio titular de Interior, “son cosas que ocurren”.

Mientras, el presidente Sánchez y sus dos ministros, Albares y Marlaska, han mantenido una línea argumentativa común, en cuanto al desvío de la responsabilidad hacia las mafias y el levantamiento de manos respecto a exigencias políticas, tanto del Reino Alauí como de España. De esta línea estratégica se ha desmarcado la ministra de Defensa, Margarita Robles, desde el comienzo de la crisis hasta hoy.
Las diferencias argumentativas dentro del propio Gobierno
La ministra Robles ha mantenido una postura clara: exigencia a Marruecos de que se abran investigaciones para esclarecer los hechos, defensa del trabajo de los Cuerpos y Fuerzas y Seguridad del Estado y no ha perdido de vista las reivindicaciones marroquíes sobre las ciudades de Ceuta y Melilla, a las que Marruecos trata de “territorios ocupados”, pese a que ambas ciudades existieron antes de la fundación del actual Estado marroquí.

A este respecto, Marlaska ha afirmado, pese a que el país norteafricano en ningún momento ha renunciado a su postura: “Para mí, no tienen ningún alcance. Para mí, el alcance que tienen es que la cooperación con nuestros vecinos es absolutamente extraordinaria y excepcional en términos absolutamente positivos”, ha afirmado.
Respecto a las investigaciones exigidas por Robles, y que la juez de la Audiencia Nacional, María Tardón, ya ha iniciado, para saber por qué las autoridades marroquíes no hicieron nada para evitar la avalancha de africanos llegados a nuestras costas -tras la “convocatoria” que llevaba meses fraguándose en las redes sociales-, la postura oficial del Gobierno ha sido la de no dar ningún paso al frente.
La parte humana de la ministra
Otra lectura que se desprende de la acción del Gobierno durante estos días es la falta de contacto con los damnificados ceutíes. La ciudad se desborda, con los servicios médicos colapsados, los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado al límite de sus fuerzas, unas pérdidas económicas de 18 millones de euros, y los ciudadanos atemorizados con gente joven atrincherándose en la periferia. Fuentes militares informaron a este medio de que en los barrios de La Pantera, El Príncipe o los Rosales jóvenes con cuentas pendientes con la Justicia se atrincheran. Esta situación de desamparo, unida al más de un centenar de muertes de las personas que trataron de cruzar a nado parece que no es real para el Ejecutivo de Sánchez.

La ministra Robles ha marcado la diferencia también en este punto. El 31 de julio, el presidente Pedro Sánchez y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, viajaron a Ceuta, visitaron el paso fronterizo de El Tarajal y participaron en una reunión de coordinación con las autoridades locales. Desde esa fecha y el día de hoy, el Gobierno ha pasado de enviar dos ministros en 10 días a cuatro ministros en cuatro días consecutivos. Con las posteriores ruedas de prensa, Sánchez ha evitado que su Gobierno comparezca en las Cortes para dar explicaciones. La propia ministra Robles, que estaba citada para el día 18, envió una misiva al Senado, solicitando “más tiempo” para comparecer, para prepararse con “rigor y detalle”.
El acercamiento de la ministra a la gente
Robles ha sido la única ministra que ha pasado por alto los abucheos de recibimiento y se ha acercado a hablar con los vecinos. Una mujer viuda se desplomó, agarrada a la mano de la ministra. “¡He tenido que coger un cuchillo!”. Y le pidió: “No se puede abandonar Ceuta, por favor se lo pido. Estoy muy nerviosa porque tengo miedo”.
Tras reunirse con el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, la ministra hizo unas declaraciones a la prensa. “Tiene que quedar muy claro que lo que pasó el día 30 de julio no puede volver a ocurrir”, aseveró. “Tiene que quedar claro que Ceuta y Melilla no son españolas, son españolísimas”, habló con contundencia. “No se las toca. Así que cualquier agresión a Ceuta y Melilla lo es al resto de España, y así se lo he trasladado al presidente Vivas”.

El papel que tuvo el CNI ante la avalancha del 30 de julio
Además de no ir en consonancia con la pauta marcada por el Ejecutivo en estos puntos, el Ejecutivo ha escenificado una crisis de coordinación de la que, a día de hoy, no ha informado absolutamente de nada. La explicación ofrecida por España ante Europa, para justificar la masiva entrada de inmigrantes, es que el CNI -dependiente del ministerio de Defensa- no informó a Interior, pese a que desde los Servicios de Inteligencia se defiende que sí se hizo.

