Entrevista

Elisabeth Duval: “Igual que no ha acabado el machismo, tampoco la homofobia y transfobia”

La escritora, analista de Artículo14, reflexiona sobre la necesidad de reivindicar el orgullo LGTBI: "Hay una violencia mucho más grande asociada a ser visiblemente trans en la calle"

Elizabeth Duval
Elizabeth Duval posa en una de las calles de Chueca de Madrid.

Elizabeth Duval (Alcalá de Henares, 2.000) celebra que la mayor parte de la ciudadanía española lleva grabado a fuego “en su ADN” el respeto a las población LGTBIQA+. Y, aunque asume que hay personas que se abonan a la crueldad y al odio en las redes, donde los algoritmos “premian la violencia”, sostiene que en la calle sus vivencias son mucho más positivas. Salvo para las personas “visiblemente trans”, que son las sufren una mayor violencia.

En el día mundial del orgullo LGTB, la escritora, filósofa y analista de Artículo14 repasa el camino recorrido, así como algunos de los logros alcanzados y los retos a los que se enfrenta hoy este colectivo. También advierte del riesgo que supondría un gobierno con Vox para estas personas, y recuerda los virulentos ataques que sufrió la ley trans (2023). “Igual que hay que reivindicar el orgullo LGTBI frente a la vergüenza, quizá también estaría bien que busquemos socialmente que ciertas cosas vuelvan a dar vergüenza”.

Pregunta: Con los derechos LGTBIQA+, pasa a veces como con el feminismo. Hay quienes destacan que ya se han conseguido avances, que no hay una obligación general de seguir escondidos en los armarios. No siempre se entiende que queda mucho por normalizar. ¿Por qué?

Respuesta: Estos días reflexionaba, ya no tanto a raíz del feminismo, sino sobre la ola de calor que en junio ha batido récords en España o Francia. Han sido las temperaturas más altas jamás registradas. Y, sin embargo, estamos en un momento social y político en el que el ecologismo no existe. Los efectos de la crisis climática están más presentes que nunca, pero no existe discursivamente.

Las causas que han tenido mucho protagonismo entre finales de la década de 2010 y principios de 2020 lo van perdiendo un poco después de la pandemia de COVID-19. Socialmente, después de todas las crisis que se han sucedido, se ha dado una mayor pulsión de seguridad, de orden. Estamos en un momento en el que la sociedad es ligeramente más conservadora. Y eso lleva muy rápidamente a ese tipo de reacción frente a los derechos LGTBI. La consecuencia de ese tipo de reacción es la pérdida de visibilidad, la pérdida de presencia en las calles.

Pregunta: El asesinato de Samuel Luiz, por poner un ejemplo, es posterior al COVID (julio de 2021), y de hecho en la postpandemia se ha hablado mucho del deterioro generalizado de la salud mental. Para tener una mejor salud mental es fundamental que cualquiera pueda ser quien es, que no se le agreda por ello.

Respuesta: España es de los países donde hay mayor libertad para ser diversas, para ser LGTBI. No es que la población simplemente lo acepte, sino que además está a favor, lo integra como uno de los valores de lo que es la ciudadanía. Está muy en el ADN. Pero hay otro componente muy importante, que tiene que ver con la vergüenza, que es precisamente lo opuesto del orgullo.

No es tanto que exista o no esa libertad para ser quien uno es, sino que además sientas la libertad de poder concederte ser quien eres sin vergüenza. Sin miedo. Que puedas hacer cosas muy básicas, como alquilar un piso o trabajar, sin que tu identidad u orientación sexual se convierta en un problema o factor de discriminación. Son componentes muy importantes que en España se garantizan mucho más que en otros países, sin que por ello España sea un país libre de homofobia o de transfobia. Igual que no se ha acabado con el machismo, igual que no se ha acabado con el racismo, no se ha acabado con ninguna de esas lacras.

Pregunta: Mas de la mitad de las personas LGTBI han sufrido algún incidente de odio durante el último año. Cuatro de cada diez afirman haber sido víctimas de acoso en redes, según el Estudio del Odio 2026 de la FELGTBI+ y el Instituto de Políticas y Bienes Públicos. ¿Cómo se explica esta cifra?

Respuesta: Cuando escuchaba los primeros datos me he preguntado si yo misma podía incluirme entre quienes han sufrido algún tipo de acoso o agresión. Mi respuesta iba a ser que no, antes que mencionaras el acoso en las redes. Si entras en muchas publicaciones mías te encontrarás una retahíla de comentarios que recorren toda la escala de lo que es posible en la humanidad. Desde lo mejor hasta lo peor. Con el paso del tiempo, la propia gente LGTBI tendemos a naturalizar o normalizar eso. La tendencia es curtirse, lograr una piel más dura para que eso resbale o no nos afecte. Asumiendo que así es como son las cosas.

No significa que la gente necesariamente sea peor, o que haya unos impulsos más oscuros, sino que hoy hay canales por los que es más fácil canalizar la crueldad. Las redes sociales han desarrollado algoritmos que premian el contenido que provoca más reacciones de rechazo, de asco, de repugnancia. Es el que más compartidos consigue. Son mecanismos que premian la violencia. Y conectan a toda la gente que puede odiar a lo largo y ancho del mundo.

Sin embargo, mis experiencias con personas en la calle son de una amabilidad inmensa. Esa misma gente que es tan cruel y tan violenta en redes, en persona sería mucho menos cruel o violenta, porque le daría vergüenza. Igual que hay que reivindicar el orgullo LGTBI frente a la vergüenza, quizá también estaría bien que busquemos socialmente que ciertas cosas vuelvan a dar vergüenza”.

Pregunta: ¿Existe hoy una comunidad LGTBI como tal? Hace dos décadas, cuando se logró el matrimonio igualitario, sí existía.

Respuesta: Existen identidades que tienen visiones compartidas, historias y vivencias compartidas, y dentro de eso se dan muchas divisiones. A nivel de alcances legislativos, lo LGTBI ha conquistado mucho en los últimos años de democracia. Precisamente por eso creo que ahora el foco está menos en lo legislativo o institucional. En parte esa presencia es algo que ya se ha conseguido. Es algo que probablemente no va a estar tan conseguido todo el tiempo y que puede cambiar. Pero creo que ahora muchas preocupaciones de la lucha tienen más que ver con lo social. Por ejemplo, con cómo construir y reclamar espacios que van más allá de lo que llega a la ley. La presencia de historias LGTBI en la cultura no se regula, sino que tiene que ver con la propia creación, y con las dinámicas dentro de las cuales se da esa creación.

Elizabeth DuvalPregunta: Ha dicho que algunas de estas conquistas legislativas pueden cambiar. ¿Hay derechos de las personas LGTBI en riesgo?

Respuesta: Hay muchas comunidades autónomas donde ya ha habido formaciones políticas que han puesto en riesgo algunos derechos LGTBI. Que han accedido al poder exigiendo cambios en la legislación LGTBI. O que han conseguido que una derecha aparentemente más moderada, más centrada, como el PP, asuma su discurso. En la Comunidad de Madrid, Ayuso ya asume el discurso de lo trans como ingeniería social. O el de la ideología de género, sin necesidad de Vox.

Si Vox o el PP accedieran al gobierno de la nación tras las próximas generales, el límite que se le pudiera colocar al impacto de esa ideología de Vox, fervientemente homófoba y tránsfoba, va a depender del PP. Va a depender de lo que el Partido Popular esté dispuesto a tragar . No creo que entre los votantes del PP recortar derechos LGTBI sea hoy una posición mayoritaria. Pero, en la competición con Vox, parece que hay ciertos derechos civiles que pueden tirarse a la basura para pelear por caladeros de votos que se van radicalizando o volviendo más extremos.

Nadie reclama derogar el matrimonio igualitario. Socialmente, además, es una cuestión imposible. Pero, por ejemplo, discursivamente, desde hace muchos años ha habido una gran campaña en torno a todo lo que tiene que ver con lo trans. He escrito y teorizado sobre cómo muchas veces incluso la ley trans no se ha defendido tan bien como podría haberse defendido. Y esto hace que parezca como el eslabón más débil, lo que más se puede atacar.

Pregunta: Dividió al propio Gobierno. La exvicepresidenta primera y exresponsable de Igualdad, Carmen Calvo, se abstuvo en la votación en el Congreso. PSOE y Unidas Podemos se partieron entre las posiciones de Calvo y las de Irene Montero, entonces ministra del ramo. ¿Se han acercado posiciones en el feminismo tras el choque de hace tres años con la ley trans?

Respuesta: Cuando corrió ese argumentario en contra de la teoría o ideología queer dentro del PSOE, el partido no sólo lo conformaba Carmen Calvo. También estaba conformado por José Luis Ábalos. Y para, explicar su oposición a la ley, tenían que atribuirle capacidades que iban mucho más allá de lo que una ley estatal podía hacer.

En algunos momentos de ese debate parecía como si el día que entrase en vigor la ley trans fuera a provocar que en todos los hospitales de España empezasen a administrarse hormonas a todos los niños que las solicitaran, inmediatamente y sin ningún paso previo. Para contar eso, de primeras ya necesitas una grandísima distorsión, que tiene que ver con ignorar cuál es el régimen de competencias que rige en España. Que le dedicásemos tanta importancia, tanto odio, a combatir la inscripción en el Registro Civil, es algo que a día de hoy todavía me vuela la cabeza.

Y, respecto a si hay más unión o menos división, voy un poco a contracorriente. En aquel momento los debates feministas tenían amplitud, estaban vivos. Podía haber divisiones y gente discutiendo. Que ahora no se den tanto no creo que sea necesariamente porque se ha forjado un consenso más fuerte, sino porque los temas feministas copan menos la agenda. Hay menos fuerza social en el momento feminista. Lo cual no es necesariamente algo bueno.

Elizabeth Duval
Pregunta: ¿Cómo cambia la vida de un niño, niña o niñe que puede identificarse legalmente con el nombre que va con quien es, sin tener que pasar necesariamente por operaciones o por consultas de distintos médicos?

Respuesta: Estar en un hospital o en un trámite administrativo y que se llame a alguien por un nombre que no es el que quiere escuchar puede resultar humillante. En algunos centros escolares, antes de que existiera esa facilidad de modificación en el Registro Civil, se podía cambiar el nombre en las listas. Pero dependías de lo que dijera cada centro. Tener el acceso a ese cambio de nombre a nivel del Estado [con la ley trans] evita muchos momentos incómodos, momentos que pueden generar vergüenza.

Pregunta: Algunas personas aún ponen en duda que las mujeres trans puedan estar sometidas a las mismas violencias que las mujeres cis. En una entrevista con la BBC, en 2022, usted dijo que había recibido muchos más comentarios “asquerosos” por ser lesbiana que por ser mujer trans. ¿Qué lectura hay que hacer de esto?

Respuesta: Hay un componente de sexualización muy claro. Pasa muchísimas veces cuando algunos hombres ven a dos mujeres que se besan en la calle. La mirada de esos hombres está contaminada por el machismo, pero también por la pornografía. Asocian a dos mujeres que se besan a un objeto pornográfico. Un objeto pornográfico directamente para su consumo. Y eso permite que aparezcan toda una serie de comentarios asquerosos, también de sexualización.

Y, que haya recibido muchos más comentarios por ser lesbiana que por ser mujer trans… Tienen que ver con la percepción externa. La gente que me ve por la calle y no me conoce, que no tiene ni idea de quién soy o qué hago, no va necesariamente a pensar inmediatamente “es una mujer trans”.

Pregunta: ¿Algo parecido al passing de los hombres homosexuales, que se asocia a la pluma?.

Respuesta: Claro. En el caso de las mujeres trans hay una violencia mucho más grande asociada a ser visiblemente trans en la calle, a tener menos passing.

Pregunta: El Congreso de los Diputados aprobó el jueves una proposición de ley para endurecer el castigo a las falsas terapias de conversión, que en algunos casos directamente son torturas. ¿Cómo explicaría a una persona alejada de esta realidad qué son estas pseudo terapias?

Respuesta: El director de la revista Anfibia, Juan Alarcón, tiene un espectáculo entre el periodismo performático y el teatro que se llama Testosterona. Cuenta que, de niño, le sometieron a una terapia de conversión que entonces se practicaba en algunas zonas de Chile. Hacían cosas tan bestias como coger a un niño de 10 años afeminado, con pluma, y someterlo a inyecciones de testosterona. Para masculinizarlo. Se ha hecho en Chile, pero también en otros sitios. También están las de electroshocks, o las de estímulos negativos para asociarlos a determinadas imágenes. Parece una historia lejana, pero no lo es.

Pregunta: Las nuevas generaciones, ¿entienden de dónde vienen los derechos de las personas LGBI? ¿Saben por qué el Orgullo se celebra el 28 de junio y qué ocurrió en el pub Stonewall de Nueva York? ¿Hace falta más memoria LGTBI?

Respuesta: Por una parte, hay un acceso a la documentación, a documentos históricos, a contenidos audiovisuales, más amplio que nunca antes. Cada año que pasa probablemente sea el año en el que más informada está la gente sobre la memoria histórica LGTBI, simplemente por la cantidad de producciones culturales que se han hecho sobre ello. Series como ‘Veneno’ o ‘Te estoy amando locamente’ hoy son consumidas como objetos mainstream. Hace décadas ya había esa representación en las películas de Almodóvar. Pero no había todavía esta vocación pedagógica en relación con esa cosa histórica.

Hoy hay lugares dedicados a la memoria LGTBI, o a desarrollar esa memoria. Estaría bien que la Comunidad de Madrid o el Ayuntamiento pudieran desarrollar un museo de la memoria LGTBI. Para hablar de lo que ha supuesto para la ciudad y para la comunidad autónoma la historia LGTBI de España, que forma parte también de la historia de España. Pero eso no se da.

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