La tercera ola de calor del verano comienza a perder fuerza después de varios días con temperaturas superiores a los 40 grados en numerosas zonas de España. José Antonio Maldonado anticipa que la entrada de una masa de aire de origen polar provocará un descenso térmico progresivo durante el fin de semana y permitirá recuperar valores más próximos a los habituales para finales de julio.
«El aire polar traerá una tregua a casi toda España», explica el meteorólogo. El cambio comenzará a notarse este viernes por el noroeste y avanzará después hacia el interior y el este peninsular. El sábado será la jornada en la que el alivio se extienda con mayor claridad.
La expresión aire polar no debe interpretarse como la llegada de un frío excepcional. La masa habrá atravesado el Atlántico antes de alcanzar la Península y llegará muy modificada. Su principal efecto será terminar con los registros extremos y normalizar las temperaturas, no provocar un ambiente invernal en plena canícula.
Una semana marcada por temperaturas extremas
El descenso llegará después de una sucesión de jornadas especialmente duras. La ola de calor ha dejado máximas superiores a los 40 grados en amplias zonas del interior, Andalucía, el valle del Ebro y la mitad oriental.
En Valencia se alcanzaron los 43 grados durante el lunes. Murcia y Almería llegaron a valores similares el martes, mientras Granada registró el miércoles una máxima de 44,5 grados. Esta última cifra quedó todavía por debajo del récord del observatorio, situado en 45,7 grados desde julio de 2017.
Durante el jueves, diferentes estaciones y redes meteorológicas de Alicante, Valencia y Murcia se aproximaron nuevamente a los 45 grados. A las máximas diurnas se sumaron noches tropicales o tórridas, con mínimas superiores a 20 grados y, en zonas costeras, por encima de los 25.
La ausencia de descanso nocturno ha multiplicado el impacto del episodio. Cuando las temperaturas permanecen elevadas durante la madrugada, los edificios no consiguen refrescarse y aumenta el riesgo para mayores, enfermos crónicos y personas sin acceso a climatización.
El viernes comenzará el descenso desde el noroeste
La masa de aire más fresca entrará este viernes por Galicia y el Cantábrico. Desde allí se desplazará hacia otras áreas de la Península, aunque el retroceso de la ola de calor no será inmediato ni uniforme.
Andalucía, el valle del Ebro, Cataluña y buena parte del tercio oriental todavía soportarán temperaturas muy altas. El valle del Almanzora y Los Vélez, en Almería, permanecerá bajo aviso rojo por calor extremo.
La llegada del aire más fresco coincidirá además con un aumento de la inestabilidad. Se esperan chubascos y tormentas en el norte, con posibilidad de que sean localmente fuertes en Galicia, Asturias, Cantabria, Tarragona y los Pirineos.
El viento de poniente contribuirá a empujar la masa atlántica hacia el interior. En el Estrecho puede alcanzar intensidad moderada, mientras Canarias continuará bajo un régimen de alisios moderados o fuertes.
El sábado llegará la tregua más generalizada
El cambio será más evidente durante el sábado. Las temperaturas descenderán en buena parte de la Península y el ambiente resultará mucho menos caluroso en el norte, el centro y numerosas áreas del interior.
La mitad norte tendrá más nubosidad y se mantendrá la posibilidad de precipitaciones en las regiones cantábricas. En el sur predominarán los cielos despejados, aunque las máximas quedarán generalmente por debajo de los valores extremos de los últimos días.
El litoral mediterráneo será una de las excepciones. Allí las temperaturas pueden subir ligeramente y las mínimas seguirán siendo tropicales. El mar muy cálido y la humedad dificultarán que el alivio nocturno llegue con la misma intensidad que al interior.
El descenso tampoco eliminará completamente el calor en el sur y el sureste. Algunas zonas podrán seguir acercándose a los 35 o 38 grados, pero quedarán lejos de los 43, 44 o 45 grados alcanzados durante el pico del episodio.
El aire polar no traerá frío, sino temperaturas normales

José Antonio Maldonado insiste en que la denominación polar se refiere al origen de la masa de aire, no a las temperaturas que dejará en España. Durante su recorrido sobre el océano, el aire se templa y pierde buena parte de sus características iniciales.
En invierno, una entrada similar podría provocar heladas, nieve o un desplome mucho más acusado de los termómetros. En julio, su efecto será principalmente reducir las anomalías cálidas y devolver los registros a valores más propios de la época.
La diferencia puede ser considerable. Después de varios días con máximas superiores a 40 grados, muchas ciudades pasarán a situarse alrededor de los 30 o 35. En el Cantábrico, los termómetros podrían quedarse incluso por debajo de los 25 grados.
La tregua será perceptible, pero no significará que el verano haya terminado. La canícula continúa y las masas cálidas pueden regresar con rapidez si vuelven a reforzarse las altas presiones.
El domingo comenzará un nuevo ascenso en el oeste
El domingo mantendrá cielos nubosos y algunas lluvias débiles en la Cornisa Cantábrica y los Pirineos. En el resto de la Península se impondrá el tiempo estable gracias a la entrada de una cuña anticiclónica desde el oeste.
Las temperaturas volverán a subir en varias zonas occidentales, mientras el Mediterráneo continuará con noches cálidas. El cierzo soplará en el valle del Ebro y la tramontana se dejará notar en el Ampurdán y Menorca.
Este repunte demuestra que el descenso no debe interpretarse como el comienzo de una etapa prolongada de temperaturas suaves. Los modelos contemplan que el calor vuelva a ganar terreno durante los primeros días de la próxima semana.
El final de la ola de calor ofrecerá así un descanso necesario, pero posiblemente breve. El aire polar reducirá las temperaturas durante el fin de semana, mientras la atmósfera comienza a preparar un nuevo cambio que todavía debe concretarse.

