Julia Martín-Fuertes es ingeniera aeroespacial en PERSEI Space, una startup madrileña nacida como spin-off de la Universidad Carlos III que trabaja en uno de los grandes desafíos del siglo XXI: la basura espacial. Madrileña, hija y hermana de ingenieros, asegura que nunca sintió que estudiar una carrera técnica fuese algo extraño para una mujer. “En mi entorno siempre se vio como algo completamente natural”, dice. Mientras el sector espacial entra en una nueva etapa de expansión y competencia, empresas como PERSEI Space intentan evitar que las órbitas terrestres se conviertan en un vertedero incontrolable, un problema cada vez más urgente.

¿Qué fue lo que despertó su interés por la ingeniería aeroespacial?
La ingeniería siempre estuvo presente en mi biografía. Crecí en una familia muy técnica. Mis padres son ingenieros y mi hermano también, así que desde pequeña conviví con la ciencia, la tecnología y con la curiosidad de saber cómo funcionan las cosas. Nunca sentí que estudiar ingeniería fuese algo raro o especialmente difícil “por ser mujer”. Para mí era algo totalmente natural. Siempre me gustaron mucho las matemáticas y la física, y poco a poco fui interesándome por el espacio y todo lo relacionado con los satélites y la exploración espacial. Supongo que más que un momento concreto fue algo que fue evolucionando con los años.
¿Cómo se sumó a PERSEI Space?
Me atrajo muchísimo el enfoque que tenía la empresa. PERSEI nace como una spin-off de la Universidad Carlos III de Madrid y desde el principio tenía el objetivo claro de trabajar en la mitigación de basura espacial, que es un problema cada vez más serio. Me interesó mucho la idea de aplicar ingeniería avanzada a algo que no solo es técnicamente complejo, sino también útil y necesario. Además, trabajar en una empresa emergente te permite participar en muchas partes del proceso y aprender constantemente.

La industria espacial suele asociarse a grandes agencias o grandes nombres. ¿Qué tiene de especial trabajar en una empresa emergente?
Tiene una parte muy dinámica y muy estimulante. En una startup todo ocurre rápido y cada persona tiene muchísimo impacto. No eres solo una pieza pequeña dentro de una estructura enorme, sino que realmente ves cómo tu trabajo afecta directamente al proyecto. También exige mucha capacidad de adaptación. Hay días en los que estás trabajando en algo puramente técnico y otros en los que tienes que pensar soluciones nuevas, coordinar equipos o resolver problemas completamente distintos. Se aprende cada día.
¿Ha descubierto en usted alguna habilidad que desconocía?
Sobre todo la capacidad de adaptación y de trabajar con incertidumbre. En el sector espacial muchas veces estás desarrollando tecnologías nuevas, así que no existe siempre una solución previa o un manual claro. Eso te obliga a ser creativa y flexible. También he descubierto la importancia de comunicar bien ideas complejas. Muchas veces trabajamos con conceptos muy técnicos y es fundamental poder explicarlos de forma sencilla.
¿Qué es exactamente la basura espacial y por qué debería preocuparnos?
La basura espacial es todos esos objetos que están orbitando alrededor de la Tierra y que ya no tienen utilidad. Por ejemplo, los satélites fuera de servicio, fragmentos de colisiones o restos de lanzamientos. Durante décadas hemos ido acumulándolos sin una estrategia clara para retirarlos. Y el problema es que cada objeto viaja a velocidades enormes, así que incluso fragmentos pequeños pueden causar daños gravísimos. Existe además un riesgo muy preocupante, que es el llamado síndrome de Kessler. Básicamente describe una reacción en cadena. Una colisión genera más fragmentos, esos fragmentos provocan nuevas colisiones y así sucesivamente. Si no actuamos, podríamos perder el acceso seguro a determinadas órbitas.
¿Hasta qué punto puede afectar la acumulación de residuos espaciales a nuestra vida cotidiana en la Tierra?
Más de lo que solemos pensar. Dependemos constantemente de infraestructuras espaciales: GPS, telecomunicaciones, internet, meteorología, observación terrestre, prevención de incendios o gestión de emergencias. Todo eso funciona gracias a satélites. Si el entorno orbital se degrada o ciertas órbitas dejan de ser seguras, nuestra vida cotidiana también se vería afectada.
PERSEI Space apuesta por una solución sostenible. ¿Qué significa sostenibilidad aplicada al espacio?
Significa entender que el espacio cercano a la Tierra no es un recurso infinito. Durante muchos años lanzábamos satélites sin pensar demasiado en qué ocurría cuando terminaban su vida útil. Ahora sabemos que necesitamos gestionar ese entorno de manera responsable. Si queremos seguir utilizando el espacio en el futuro, tenemos que empezar a cuidarlo hoy.
“Si queremos seguir utilizando el espacio en el futuro, tenemos que empezar a cuidarlo hoy”
¿La gestión de residuos espaciales acabará equiparándose al reciclaje en las ciudades?
Sí, completamente. Creo que vamos hacia un escenario en el que la mitigación y retirada de basura espacial será algo obligatorio y normalizado. Igual que hoy nadie concibe una ciudad sin sistemas de gestión de residuos, en el futuro tampoco podremos imaginar una economía espacial sin infraestructuras dedicadas a mantener limpias y seguras las órbitas.
¿Qué diferencia su tecnología de otras propuestas para eliminar desechos orbitales?
Trabajamos con amarras electrodinámicas. Explicado de forma sencilla, son cintas conductoras muy finas, parecidas a una cinta métrica, que se despliegan desde el satélite cuando termina su misión. Estas amarras interactúan con el plasma que rodea la Tierra y con el campo magnético terrestre. La interacción genera una fuerza física que utilizamos para frenar progresivamente el satélite y hacer que pierda altura hasta entrar en la atmósfera y desintegrarse completamente. La gran ventaja es que no necesitamos combustible adicional ni sistemas muy complejos. Aprovechamos elementos que ya existen de forma natural alrededor de la Tierra.
“Nuestra ventaja es que no necesitamos combustible adicional”
¿Cuál es el principal reto al que se enfrentan?
Hay varios, pero uno muy importante es garantizar que el sistema sea fiable y escalable. Trabajamos en un entorno extremadamente complejo, con velocidades altísimas y márgenes de error mínimos. Además, todo tiene que ser ligero, eficiente y económicamente viable. El reto no es solo que funcione una vez, sino que pueda aplicarse de forma masiva en el futuro.
¿Diría que estamos entrando en una nueva etapa de responsabilidad espacial?
Durante mucho tiempo el discurso espacial estuvo muy centrado en conquistar, explorar o expandirse. Ahora empieza a aparecer la responsabilidad. Estamos entendiendo que el espacio también necesita normas, mantenimiento y sostenibilidad. Creo que es un cambio cultural muy necesario.

¿Qué avances en este sentido le parecen más prometedores en los próximos diez años?
Creo que veremos avances enormes en automatización, robótica orbital y servicios en órbita. Satélites capaces de repararse, repostar o desorbitarse de manera autónoma.
¿Ha tenido referentes femeninos en ciencia o ingeniería?
Claro que he admirado a muchas científicas e ingenieras, pero sinceramente nunca viví la ingeniería como algo extraño para una mujer. En mi entorno siempre se dio por hecho que podía dedicarme a esto si quería. Quizá por eso nunca sentí esa barrera psicológica de pensar que era un mundo masculino. Si tuviese que mencionar un referente, sin duda, mi madre.
“Nunca vi la ingeniería aeroespacial como algo extraño para una mujer”
¿Ha encontrado alguna vez prejuicios o expectativas distintas por ser mujer?
Personalmente, no. Evidentemente el sector todavía tiene mucho margen de mejora en representación femenina, pero en mi experiencia profesional lo que más importa es la capacidad técnica y el trabajo que haces. En empresas jóvenes y tecnológicas como PERSEI Space el ambiente es muy natural en ese sentido.
¿Exploración y responsabilidad deben avanzar juntas?
Es muy importante que sea así. Programas como Artemis despiertan muchísimo interés y ayudan a que la gente vuelva a mirar hacia el espacio. Pero precisamente por eso también es buen momento para hablar de sostenibilidad orbital. Explorar y cuidar no pueden separarse. Si queremos una presencia estable y segura en el espacio, la responsabilidad tiene que formar parte del desarrollo desde el principio.

