El Gobierno da un nuevo paso con la Ley del Tabaco aunque la norma aún está lejos de ser definitiva ya que todavía debe superar el debate en el Congreso y el Senado. Pese a ello, la iniciativa ya ha despertado la oposición de sectores clave de la economía. Uno de los puntos más polémicos es la prohibición de fumar en terrazas. Organizaciones de hostelería sostienen que la medida puede generar problemas operativos para bares y restaurantes y que el consumo podría desplazarse simplemente a las inmediaciones de los establecimientos. El sector recuerda además que miles de pequeñas y medianas empresas tendrían que asumir las consecuencias prácticas de la nueva regulación.
Las críticas no proceden únicamente de asociaciones de hostelería. Diversas organizaciones del sector empresarial han calificado la medida de desproporcionada y han advertido de sus posibles efectos.
Las dudas también alcanzan al turismo, uno de los grandes motores económicos del país. Organizaciones empresariales alertan de que las nuevas restricciones pueden deteriorar la imagen de España ante algunos visitantes internacionales justo cuando el turismo sigue siendo una de las principales fuentes de riqueza y empleo.
Pero la principal crítica se centra en la estrategia sanitaria. Mientras España apuesta por endurecer las prohibiciones, países como Suecia, Reino Unido, Japón o Estados Unidos han combinado la prevención con políticas que facilitan a los fumadores adultos abandonar el cigarrillo mediante alternativas consideradas de menor riesgo. Los defensores de este enfoque recuerdan que Suecia registra algunas de las tasas de tabaquismo más bajas del mundo y que estos países están logrando reducciones más rápidas que España.
La tramitación de la ley llega además en un momento políticamente complejo para el Ministerio de Sanidad. Mónica García afronta conflictos abiertos con profesionales sanitarios y movilizaciones que han puesto el foco en problemas estructurales del sistema, desde las condiciones laborales hasta la falta de personal. En ese contexto, los críticos se preguntan si una reforma antitabaco de carácter prohibicionista debe ser una de las grandes prioridades legislativas de Sanidad en este momento.
En definitiva, la nueva ley abre un triple debate: su impacto sobre hostelería y turismo, la solidez científica de algunas de sus medidas y la oportunidad de apostar por más prohibiciones mientras los países que más están reduciendo el tabaquismo siguen caminos muy distintos.
UPEV critica la equiparación de los productos sin humo al tabaco
Minutos después de conocerse el avance de la Ley del Tabaco, UPEV ha lamentado la oportunidad perdida por parte de Sanidad de luchar contra el cigarrillo ya que lo consideran un riesgo por tratar igual al cigarrillo y a los productos sin combustión, pese a sus diferencias. La asociación defiende que una regulación eficaz debería distinguir entre categorías de productos y tener en cuenta las experiencias internacionales de reducción del tabaquismo. A su juicio, equiparar todas las alternativas al tabaco tradicional puede dificultar la transición de los fumadores adultos que buscan abandonar el cigarrillo y que muchos exfumadores que han pasado a una alternativa menos nociva como el cigarrillo electrónico vuelvan al cigarro de toda la vida, la manera más nociva de consumir nicotina.

