León XIV aterriza el 6 de junio en Madrid con una agenda cargada de simbolismo y, como cualquier viajero, con necesidades cotidianas que alguien tiene que resolver: qué comerá, dónde dormirá, cómo se moverá por la ciudad, qué recibirá como regalo. Las visitas papales generan una logística silenciosa y meticulosa que raramente llega a los titulares pero que dice tanto del hombre como los grandes discursos. En el caso de Robert Prevost, el primer Papa agustino de la historia, esos detalles cotidianos revelan algo coherente con su trayectoria: un hombre formado en la austeridad, curtido en dieciocho años de vida misionera en el Perú profundo y poco dado a los formalismos del poder.
La mesa del Papa: jamón español e influencia peruana
El menú diseñado para la estancia de León XIV en España parte de un principio claro: sencillez. Fuentes próximas a la organización confirman que el Santo Padre seguirá una dieta austera, alejada de los alimentos considerados de lujo, con ingredientes frescos y de calidad y una orientación mediterránea. No habrá banquetes de aparato ni menús de gala: la propuesta culinaria busca reflejar los lazos entre España e Italia sin renunciar a la moderación que caracteriza sus hábitos.
El producto estrella será el jamón y los embutidos de Guijuelo, procedentes del Museo del Jamón de Madrid, uno de los establecimientos más emblemáticos del sector cárnico español y una empresa familiar que acaba de abrir local en Nueva York. El jamón ibérico de Guijuelo, con Denominación de Origen Protegida y criado en las dehesas de la sierra salmantina, será uno de los primeros sabores españoles que deguste el Pontífice.

El menú completo combinará recetas tradicionales españolas con influencias italianas, en una fusión que recorre el Mediterráneo de costa a costa. No es un detalle menor: León XIV, nacido en Chicago pero formado y ordenado en Roma, pasó más de dieciocho años en Perú, donde desarrolló buena parte de su vida como religioso agustino. Esa triple identidad —estadounidense, italiana por adopción eclesiástica, peruana por vocación— se refleja también en su mesa.
Además de las monjas que preparan la comida diaria en la Nunciatura, se contrata a un equipo externo para los días en los que llega el entorno del Papa. Una fórmula que se repetirá en esta ocasión para León XIV, según confirma Fernando Moreno, del Grupo Lezama. La experiencia de Benedicto XVI sirve como referencia directa para anticipar el menú en Madrid. En aquella visita, como relató Moreno allá por 2011, el postre lo acompañaba siempre con un Pedro Ximénez y el pontífice bebía “mucha agua mineral sin gas y zumo”.
El menú que se sirvió entonces incluía aceitunas, tostas de foie, una tabla de ibéricos, una tabla de quesos, panes Bretzel, pan negro, pan de nueces, pan de chapata y cucharitas de corazón de alcachofa con salsa holandesa. Muy importante evitar huesos y espinas, una prevención orientada a evitar cualquier accidente no deseado.
Aquella propuesta incorporó además guiños alemanes por la nacionalidad de Benedicto XVI. El mismo criterio se siguió en el viaje de Juan Pablo II, cuando la oferta gastronómica se combinó con platos polacos, por lo que cabe esperar indicaciones similares con León XIV, de origen estadounidense y peruano. Entre la tortilla de patatas y el jamón, se podría colar también algún ceviche o la famosa causa limeña.

La visita del Papa León XIV a Canarias incluirá su propio capítulo gastronómico. El menú que degustará el pontífice ha sido diseñado con productos locales y será elaborado por alumnos de los Hoteles Escuela de Canarias. Esta decisión busca tanto dar visibilidad al talento de la hostelería isleña como mostrar la calidad de los productos insulares.
El obispo de Canarias, José Mazuelos, principal impulsor del viaje, ha presentado los aspectos clave del menú: destacó que al Papa le gusta el chocolate, por lo que el menú incluirá un postre especial. Los productos confirmados representan varias islas: vinos de Lanzarote, especialmente la malvasía; quesos de Fuerteventura y Guía; papas con mojo; y dulces de Moya y Tejeda.
Los platos principales serán: carne para el almuerzo y pescado para la cena, aunque los detalles específicos aún no se han confirmado. Mazuelos ha señalado que el Papa no ha hecho ninguna petición especial sobre la comida, ya que está acostumbrado a viajar internacionalmente por lo que está familiarizado con la cocina de diversas raíces.
Un hombre de costumbres sencillas
Quienes le conocen describen a Robert Prevost —su nombre de pila— como una persona de sentido del humor, accesible y con gustos poco ostentosos. En Roma, después del cónclave, descubrimos que era amante del deporte, especialmente del tenis, y la vida sana, y que tiene sentido del humor y le gusta mucho conducir. Un detalle que contrasta con la imagen solemne asociada al papado y que cuadra con su perfil de religioso que durante décadas vivió en comunidades modestas del interior de Perú.
León XIV es el primer Papa de la Orden de San Agustín, una congregación que hace de la vida común, la sencillez y el estudio sus señas de identidad. Esos principios se trasladan a sus rutinas de viaje: nada de suites presidenciales ni protocolos faraónicos. Durante sus desplazamientos apostólicos, el Papa suele mantener horarios regulares, tiempo de oración y la vida comunitaria con quienes le acompañan.

Los regalos: tradición y simbolismo
La entrega de regalos institucionales es uno de los rituales más arraigados de las visitas papales. En España, la tradición marca que tanto la Casa Real como las instituciones anfitrionas preparan obsequios de valor simbólico y artesanal, que quedan registrados en los archivos vaticanos.
Para esta visita, la Iglesia española y las instituciones implicadas han preparado obsequios que buscan representar la identidad cultural y espiritual de cada sede. En Madrid, el protagonismo recaerá en piezas artesanales vinculadas al patrimonio religioso y artístico de la capital. En Barcelona, la visita a la Sagrada Familia tiene su propio valor como regalo en sí mismo: León XIV será el primer papa en visitar el templo de Gaudí con las torres principales ya concluidas, después de que la basílica alcanzara su altura definitiva en 2026. En Canarias, donde el encuentro con migrantes en el muelle de Arguineguín marca el acento más simbólico del viaje, los obsequios previstos tienen un carácter más intimista y vinculado a la realidad social de las islas.
Tan revelador como lo que hará es lo que no hará. León XIV no tiene prevista ninguna cena de gala, ningún acto puramente institucional sin contenido pastoral y ninguna aparición que no esté directamente vinculada a su misión como obispo de Roma. En eso sigue fielmente la estela de Francisco: el Papa no va a España a ser recibido, sino a encontrarse.

