Manuela del Caño, neurocientífica: “El reguetón activa más zonas del cerebro que la música de Bach”

¿Por qué el reguetón activa más zonas del cerebro que Bach y cómo la música influye en el movimiento, la memoria y las emociones?

Manuela del Caño - Sociedad
Una fotografía de archivo de la neurocientífica Manuela del Caño.
Fundación Querer

Durante años, el reguetón ha cargado con una fama incómoda. Para muchos, es una música simple, repetitiva, poco sofisticada y asociada más al ruido de una discoteca que a cualquier beneficio para el cerebro. Sin embargo, la neurociencia ha introducido un matiz inesperado en ese debate. Según explica en El Periódico Manuela del Caño, doctora en Neurociencias y directora del Grupo de Innovación Docente SINAPSICA de la Universidad de Burgos, el reguetón puede activar más zonas cerebrales relacionadas con la audición y el movimiento que una pieza clásica de Bach.

La afirmación no nace de una provocación cultural, sino de un estudio publicado en la revista Neuroscience. En esa investigación se analizó la actividad cerebral de 28 personas sin formación musical mientras escuchaban fragmentos instrumentales de cuatro estilos: música clásica, folclórica, electrónica y reguetón. El resultado fue llamativo. El reguetón generó una mayor activación en la red auditivo-motora que los otros géneros estudiados, especialmente frente a la música clásica.

El reguetón y el cerebro que quiere moverse

La clave no está en la letra ni en la calidad artística de cada género, sino en cómo responde el cerebro al ritmo. Manuela del Caño lo resume con una idea sencilla: la música activa muchas regiones cerebrales, pero cada estilo lo hace de una manera distinta. En este caso, los investigadores se centraron sobre todo en áreas relacionadas con la audición y con el movimiento.

Ahí apareció la sorpresa. El reguetón, por su ritmo constante, repetitivo y fácil de anticipar, estimulaba con especial intensidad regiones vinculadas a la preparación motora. Es decir, el cerebro reaccionaba como si el cuerpo estuviera a punto de moverse, aunque las personas estuvieran quietas dentro de una resonancia magnética.

Uno de los puntos más interesantes está en los ganglios basales, una zona relacionada con el control del movimiento y con enfermedades como el Parkinson. “Está muy relacionada con el control de los movimientos, temblores, todo esto está provocado por fallos en esa región”, explica la neurocientífica.

Por eso el hallazgo no se queda en la anécdota de que el reguetón “gana” a Bach. Lo relevante es que ciertos ritmos podrían tener utilidad en terapias de movimiento o en estrategias de estimulación cerebral.

Por qué Bach no pierde y el reguetón no gana

Que el reguetón active más áreas auditivo-motoras que Bach no significa que sea “mejor” música ni que la clásica sea menos beneficiosa. Significa que, en ese tipo concreto de medición y con esos participantes, el reguetón produjo una respuesta cerebral más intensa en regiones relacionadas con el sonido y el movimiento.

La música de Bach es más compleja, cambia de dirección, juega con la armonía y exige otro tipo de procesamiento. El reguetón, en cambio, funciona con una base rítmica más predecible. Y al cerebro le gusta predecir. Esa capacidad de anticipar lo que viene después permite preparar una respuesta, aunque sea tan básica como mover un pie, marcar el ritmo con la mano o sentir el impulso de bailar.

Por eso Manuela del Caño insiste en que la neurociencia a veces confirma intuiciones y otras veces obliga a revisar prejuicios. El reguetón puede ser discutible en sus letras, en sus códigos o en su valor cultural, pero su estructura rítmica tiene un impacto claro sobre determinadas redes cerebrales.

Música, emoción y memoria

La música no solo mueve el cuerpo. También toca regiones profundas del sistema emocional. Manuela del Caño recuerda que existe una conexión muy directa entre el oído y la amígdala, una estructura vinculada a emociones intensas como el miedo, la alegría, la pasión o el amor. Esa vía explica por qué una canción puede cambiar el estado de ánimo en cuestión de segundos.

La música puede reducir el estrés, favorecer el bienestar emocional y estimular procesos relacionados con la memoria. En enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, este vínculo resulta especialmente llamativo. Hay personas muy desconectadas de su entorno que, al escuchar una canción importante de su infancia o juventud, reaccionan, recuerdan e incluso cantan.

No es casualidad. La memoria musical parece resistir mejor que otras funciones cuando el deterioro cognitivo avanza. “A veces te preguntas, ¿cómo me puedo yo acordar de la letra de esta canción si soy incapaz de acordarme de lo que hice ayer?”, plantea Del Caño. Las melodías aprendidas de pequeños, como canciones escolares o tablas de multiplicar, suelen fijarse con una fuerza especial. La música, de algún modo, crea atajos de memoria que el cerebro conserva durante mucho tiempo.

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