España afronta una semana de fuertes contrastes meteorológicos. Las tormentas y los chubascos marcarán inicialmente el tiempo en varias zonas del este y del sur peninsular, pero la situación cambiará conforme avance la semana. A partir del miércoles, la estabilidad irá ganando terreno y una configuración de altas presiones favorecerá un nuevo ascenso de las temperaturas.
Este escenario suele describirse popularmente como un domo de calor: una extensa zona anticiclónica que dificulta la renovación del aire y contribuye a que las altas temperaturas persistan durante varios días. La comparación más habitual es la de una olla con tapa, aunque el proceso atmosférico resulta algo más complejo.
El aire no queda encerrado literalmente bajo una cúpula. Lo que sucede es que las altas presiones favorecen movimientos descendentes del aire, cielos despejados y una mayor insolación, tres factores que permiten que el suelo y las capas bajas de la atmósfera se recalienten.
Cómo se forma un domo de calor
Un domo de calor aparece cuando una dorsal anticiclónica permanece durante varios días sobre una región. En las capas altas de la atmósfera, la presión elevada impulsa el aire hacia abajo. Al descender, este se comprime y aumenta su temperatura.
La estabilidad también frena la formación de nubes extensas. Con menos nubosidad, la radiación solar alcanza directamente la superficie durante muchas horas y el terreno acumula calor. Si el suelo está seco, una proporción mayor de esa energía se destina a elevar la temperatura en lugar de evaporar agua.
La circulación atmosférica puede impedir además la llegada de masas de aire más frescas. Por eso estos episodios no se caracterizan únicamente por un día muy cálido, sino por la dificultad para que el calor desaparezca.
Las noches adquieren entonces una importancia especial. Cuando las mínimas permanecen por encima de los 20 grados —o incluso de los 25 en algunas ciudades—, los edificios y el organismo apenas tienen tiempo para perder el calor acumulado durante el día.
No es exactamente lo mismo que una ola de calor

Los conceptos de domo de calor y ola de calor suelen aparecer juntos, pero no significan lo mismo. El primero describe el patrón atmosférico que favorece la acumulación y persistencia de aire cálido. El segundo se refiere a un episodio de temperaturas extraordinariamente elevadas que debe cumplir determinados criterios estadísticos.
AEMET considera ola de calor un periodo de al menos tres días consecutivos en el que un mínimo del 10% de las estaciones analizadas supera el percentil 95 de sus temperaturas máximas de referencia.
Puede existir un domo sin que llegue a declararse oficialmente una ola de calor, por ejemplo si el episodio dura poco o afecta a una extensión reducida. Del mismo modo, una ola de calor puede verse favorecida por otros patrones atmosféricos, como la llegada de una masa de aire muy cálida desde el norte de África.
Tormentas antes del ascenso de las temperaturas
La semana comenzará con cierta inestabilidad. Durante el lunes podrán aparecer chubascos y tormentas en los Pirineos, el interior de Cataluña, el sur de Aragón, la Comunidad Valenciana, Murcia, el este de Castilla-La Mancha y las sierras orientales de Andalucía.
Algunas células tormentosas podrán dejar abundante aparato eléctrico, rachas fuertes de viento y granizo. En el entorno del sistema Ibérico, los acumulados podrían alcanzar localmente entre 20 y 30 litros por metro cuadrado.
El martes disminuirá la inestabilidad, aunque todavía podrían registrarse lluvias débiles en el Cantábrico y tormentas aisladas en áreas montañosas del este. Durante el miércoles y el jueves quedarán algunos chubascos en Cataluña, Baleares y la vertiente cantábrica, antes de que la estabilidad se imponga en buena parte del país.
Esta combinación de tormentas y calor no resulta contradictoria. El calentamiento intenso del suelo puede alimentar nubes de gran desarrollo vertical, especialmente cuando existe aire frío o cierta inestabilidad en las capas altas.
Las zonas donde más subirán los termómetros

El calor será especialmente intenso en el centro, el sur y el oeste peninsular. Las máximas superarán los 36 grados en amplias zonas de Extremadura, el valle del Guadalquivir, la meseta sur y el sur de la Comunidad de Madrid.
Los modelos consultados por Meteored apuntan a valores superiores a los 40 grados en los valles del Guadiana y del Guadalquivir durante la segunda mitad de la semana. Las previsiones más exigentes sitúan las máximas alrededor de los 42 grados en Sevilla, 41 en Badajoz y 40 en Córdoba, aunque estas cifras deberán actualizarse conforme se acerquen las jornadas señaladas.
El calor también alcanzará el interior de Cataluña, el bajo Ebro y, hacia el viernes, zonas de Galicia y de la meseta. La fachada cantábrica quedará relativamente al margen gracias a la influencia marítima y a la entrada de vientos más frescos.
Por qué estos episodios son especialmente peligrosos
El principal riesgo no depende únicamente de la máxima registrada a primera hora de la tarde. La duración del episodio, la humedad, la temperatura nocturna y la ausencia de ventilación pueden convertir varios días consecutivos de calor en un problema sanitario.
Las personas mayores, los niños pequeños, quienes padecen enfermedades crónicas y quienes trabajan al aire libre presentan una mayor vulnerabilidad. También están expuestas las viviendas que acumulan calor y no disponen de aislamiento o refrigeración adecuados.
Durante los días más cálidos conviene beber agua con frecuencia, evitar el ejercicio intenso en las horas centrales, utilizar ropa ligera y comprobar el estado de familiares o vecinos vulnerables. Bajar persianas durante el día y ventilar de madrugada puede ayudar a reducir la temperatura interior.
Un domo de calor no es una pared visible sobre el cielo, sino una situación atmosférica capaz de prolongar el calentamiento día tras día. Esta semana, tras las tormentas iniciales, España volverá a comprobar cómo una atmósfera estable puede transformar varios días soleados en un episodio de calor intenso y persistente.

