Entrevista

Rosa Visiedo, rectora de la Universidad San Pablo CEU: “El talento puede liderar sin etiquetas”

Con tono reflexivo y alejado de los discursos simplistas, nos invita a pensar qué tipo de universidad y de sociedad queremos construir en los próximos años

Además de formar buenos profesionales, a la Universidad se le exige preparar personas capaces de pensar con criterio en medio de la aceleración tecnológica, la incertidumbre laboral y un debate público cada vez más polarizado. Desde esa mirada, Rosa Visiedo, rectora de la Universidad San Pablo CEU, defiende un modelo universitario donde la innovación convive con las Humanidades, la empleabilidad con la ética y la excelencia académica con el compromiso social.

En nuestra conversación, aborda cuestiones como el impacto de la inteligencia artificial en las aulas, el liderazgo femenino, la brecha de género en las carreras STEM, la relación entre universidad y empresa o la percepción de la universidad privada en España. Reivindica una universidad conectada con la realidad, pero sin renunciar a algo esencial tan esencial como formar personas capaces de pensar por sí mismas.

Con más de tres décadas en la enseñanza universitaria, Visiedo fue nombrada rectora en 2019

¿Cómo definiría su estilo de liderazgo en la Universidad San Pablo CEU?

Un liderazgo de servicio y de equipo. No entiendo el rectorado como un proyecto personal, sino como una responsabilidad compartida, donde mi papel es escuchar, sumar talento, fijar un rumbo claro y sostener una cultura que ponga a las personas en el centro: estudiantes, profesores y personal no docente. Me interesa especialmente impulsar una Universidad exigente académicamente, conectada con la sociedad y que ofrezca una formación integral: conocimiento, competencias, criterio y valores.

¿Siente que su camino hacia el rectorado ha sido diferente al de sus homólogos masculinos?

He vivido mi trayectoria como un proceso de asumir responsabilidades y de construir equipos, paso a paso, con una gran conciencia de servicio. He tenido la oportunidad de dirigir dos Universidades en momentos de cambios profundos y eso, más que la comparación con otros perfiles, es lo que marca el camino: la capacidad de tomar decisiones, rendir cuentas y mantener un proyecto institucional coherente en el tiempo.

¿Qué obstáculos siguen enfrentando las mujeres en la alta dirección universitaria?

Más que hablar de obstáculos “de mujeres”, creo que la Universidad -como otras instituciones complejas- necesita seguir avanzando en dos direcciones: normalizar que el talento puede liderar sin etiquetas y facilitar entornos donde sea posible conciliar responsabilidad profesional y vida personal. Cuando los procesos de selección y promoción son transparentes, exigentes y centrados en resultados, lo natural es que el liderazgo refleje mejor la diversidad del talento disponible.

“Cuando los procesos de selección son transparentes, lo natural es que el liderazgo refleje la diversidad del talento”

¿El liderazgo femenino aporta características diferenciales en la gestión educativa?

Creo que no es justo simplificar el liderazgo en función del género. En educación superior lo que marca la diferencia es la combinación de visión, capacidad de gestión y sensibilidad por el impacto humano de las decisiones. Dicho esto, sí creo que necesitamos estilos de liderazgo más completos que fomenten la empatía y la escucha, impulsen la cooperación y pongan más foco en las personas que integran la comunidad académica.

¿Cómo se trabaja desde la institución para reducir la brecha de género en determinadas áreas de estudio, especialmente en STEM?

La clave está en actuar antes de que la elección esté “cerrada”: orientación vocacional, información y experiencias tempranas en la época preuniversitaria que permitan a las alumnas verse en esos ámbitos y entender su impacto. Más que forzar itinerarios, se trata de derribar estereotipos y ampliar horizontes: acercar referentes, mostrar salidas reales y conectar ciencia y tecnología con problemas concretos que mejoran la vida de las personas. Y, a la vez, buscar el equilibrio en todas las disciplinas: si buscamos más mujeres en ámbitos STEM, también deberíamos normalizar que haya más hombres en áreas feminizadas como Educación o Enfermería.

“También deberíamos normalizar que haya más hombres en áreas feminizadas”

¿Qué papel juega la educación superior en la construcción de una sociedad más igualitaria?

La Universidad es una palanca de movilidad social y de cohesión: forma profesionales, sí, pero también ciudadanos con criterio. La educación superior debe garantizar exigencia, apoyo al mérito, inclusión y oportunidades. Y además tiene un papel directo en la reducción de desigualdades a través de la investigación, la transferencia y proyectos de aprendizaje-servicio que conectan aula y realidad. En cuando al acceso a la Universidad privada me gustaría indicar que el CEU es la institución educativa privada en España que más invierte en becas y ayudas al estudio. El pasado curso, la inversión fue de más de 30 millones de euros en becas y ayudas al estudio.

Visiedo reclama estilos de liderazgo más completos que fomenten la empatía y la escucha

¿Qué peso deberían tener las Humanidades en un contexto dominado por la tecnología y la IA?

Deben tener un peso decisivo y, sobre todo, transversal. En un contexto de digitalización acelerada, la tecnología no puede ser un fin: debe ser siempre una herramienta al servicio de las personas. Las humanidades aportan precisamente ese “núcleo” de lo esencial, lo permanente -criterio, ética, sentido, mirada histórica y antropológica- que permite humanizar la innovación y reflexionar sobre sus implicaciones morales y sociales. Por eso las Humanidades están presentes en todas nuestras titulaciones, para que cualquier graduado, sea de la especialidad que sea, sepa interpretar el mundo, argumentar y decidir con responsabilidad. Creo que la relación entre humanidades y tecnología debe ser directamente proporcional: a más tecnología, más humanidades.

La empleabilidad en la universidad privada es mayor que en la pública. ¿A qué atribuye esa diferencia?

Hay muchos factores y conviene evitar generalizaciones, porque el sistema universitario español tiene fortalezas en todos sus ámbitos. En nuestro caso, la empleabilidad se sostiene sobre una relación muy estrecha con el tejido empresarial y profesional, prácticas bien estructuradas, actualización constante de competencias y un acompañamiento real al estudiante hacia su primer empleo.
En concreto, la Universidad CEU San Pablo mantiene un 94% de inserción laboral, resultado de una estrategia consolidada de vinculación con el entorno profesional, articulada principalmente a través de las Aulas CEU-Empresa, espacios de colaboración en los que se desarrollan proyectos conjuntos entre estudiantes, profesorado y empresas.

“La Universidad CEU San Pablo mantiene un 94% de inserción laboral”

¿El debate político actual está dañando la imagen del sistema universitario?

Puede dañarla si el foco se desplaza de lo esencial. La Universidad debería ser noticia por la calidad de su docencia, su investigación y su aportación al país. Cuando el debate se convierte en una confrontación permanente, se pierde una oportunidad: hablar de competitividad, de talento, de internacionalización y de cómo reforzar el prestigio social de nuestras universidades. A España le interesa un debate público exigente, sí, pero constructivo y centrado en mejorar el sistema.

¿Existe una visión injusta o simplificada sobre la universidad privada en España?

A veces el debate se plantea en términos demasiado binarios. Más que “pública o privada”, la pregunta relevante debería ser “qué calidad ofrece” y “qué servicio presta a la sociedad”. Hay universidades excelentes con independencia de su titularidad. La clave está en la exigencia académica, la transparencia, la rendición de cuentas y la contribución real en docencia, investigación y transferencia al tejido empresarial y social. En el caso de la Universidad CEU San Pablo, nuestra excelencia institucional está avalada por sellos internacionales como CeQuInt (Certificate for Quality in Internationalisation, 2023-2028) y más recientemente, la acreditación estadounidense WSCUC (WASC Senior College and University Commission, 2025-2031.

¿Qué opinión le merece el endurecimiento de los requisitos para crear nuevas universidades?

Que el debate debe centrarse en estándares y garantías de calidad. En educación superior no basta con abrir puertas: hay que asegurar proyecto académico, profesorado cualificado, gobernanza responsable, recursos, investigación y resultados verificables. Si los requisitos contribuyen a proteger al estudiante y a fortalecer el prestigio del sistema, bienvenidos sean. Lo importante es que se apliquen con criterios claros, comparables y estables, para favorecer un ecosistema universitario competitivo y de confianza.

¿Estamos formando a estudiantes críticos o simplemente a buenos usuarios de herramientas tecnológicas?

Debemos formar ambas cosas, pero en el orden correcto: primero, personas con pensamiento crítico; después, profesionales capaces de usar la tecnología con eficacia y responsabilidad. Formar estudiantes críticos hoy implica enseñarles a relacionarse con la IA de manera responsable: entender sus límites, sus sesgos, qué puede hacer y qué no debe hacer, y cómo documentar su uso con transparencia cuando corresponda.