La venta de entradas para los conciertos podría cambiar para siempre en las próximas semanas. El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha iniciado un juicio contra Live Nation Ent. y su filial, Ticketmaster. El motivo del litigio es un supuesto monopolio causado por estas empresas, en su control de la industria del entretenimiento.
Por su parte, la defensa de las compañías niega rotundamente estas acusaciones. En las próximas seis semanas, ambas partes tendrán que aportar los testigos y las pruebas que respalden sus postulaciones.
EE.UU. contra el supuesto monopolio de Ticketmaster

Este 3 de marzo, un tribunal federal de Manhattan (Nueva York, EE.UU.) ha comenzado el juicio contra Live Nation Entertainment y su filial, Ticketmaster.
En el banquillo de la acusación, el abogado del Departamento de Justicia de EE.UU., David Dahlquist, en representación del Distrito de Columbia y de 39 estados del país.
El letrado comenzó su relato de apertura afirmado que la industria de las entradas y de los conciertos “está rota”. Su premisa, el dominio absoluto de Live Nation en la venta de entradas a estos eventos.
Este supuesto monopolio perjudicaría, según el gobierno estadounidense, a artistas, recintos y, sobre todo, a los consumidores. En las pruebas presentadas ante el jurado, Dahlquist ha probado que Ticketmaster se queda con unos 7,58 dólares por cada entrada que vende de media.
De acuerdo con el abogado estadounidense, este margen de beneficio no se obtiene directamente por la labor de la empresa. Su declaración sugiere que su control del mercado es el que otorga esta ganancia, junto al impedimento para que otras plataformas ofrezcan mejores servicios y/o precios.
David Marriott, abogado defensor de las compañías, ha alegado que los números “deben hablar por sí solos”, y ha negado cualquier poder de monopolio.
El modelo de Live Nation y lo que asumen los compradores

El juicio a Ticketmaster y Live Nation gira en torno a su estrategia flywheel, o volante.
La empresa controla la promoción de los conciertos (organizan la gran mayoría de giras), la gestión de los recintos (controlan anfiteatros y estadios) y la venta de entradas (la mayoría de transacciones se hacen a través de Ticketmaster).
Según afirma Dahlquist, al poseer tanto control, Live Nation “empuja” a los artistas a aceptar su promoción. También les ha acusado de obligar a los recintos que no se encuentran bajo su posesión a firmar largos contratos de exclusividad. En caso de negarse, estos no llevan a sus artistas principales a estos espacios, según ha indicado la acusación en el proceso.
Uno de los puntos más sensibles del juicio es el impacto directo sobre el consumidor. Jonathan Hatch, abogado de la oficina del Fiscal General de Nueva York, indica que este supuesto monopolio de Ticketmaster suponen un incremento medio de 2,30 dólares por entrada.
De esa cantidad, entre un 60 y un 70% son sobrecostes sin justificar que la gente abona obligatoriamente, según indicó Hatch. Un sobreprecio que ganan íntegramente ante la falta de competencia y su amplia presencia en el mercado de la venta de tiques (cerca del 80%, según estima el DOJ).
La defensa que lleva Marriott se centra en negar las acusaciones de monopolio. Ha asegurado que el mercado sí tiene una fuerte competencia, y que Ticketmaster apenas retiene el 5% del valor total de la entrada. El letrado defensor insiste en que los artistas y sus equipos son quienes establecen los precios, y no la plataforma de venta.
Ahora, el juez del distrito de Manhattan, Arun Subramanian, debe valorar las pruebas y los recursos de ambas partes en las próximas semanas. Ya desestimó algunas reclamaciones secundarias recientemente, pero el caso sigue abierto.
El objetivo del Departamento de Justicia es claro: reducir los sobrecostes que afirma que existen, y obligar a Live Nation a acabar con su monopolio. Incluso si eso implica la venta forzada de Ticketmaster.
