Un año sin el Papa Francisco: su legado

La apertura a las mujeres, la cercanía a los más vulnerables y la defensa de los migrantes marcan una continuidad que el nuevo pontífice ha asumido como eje de su primer año

Se cumple un año de la muerte del Papa Francisco y su legado no solo permanece, sino que continúa desplegándose en la vida de la Iglesia. Lejos de cerrarse como una etapa concluida, su pontificado ha dejado abiertas líneas de renovación que el Papa León XIV ha asumido con naturalidad, integrándolas en su propio magisterio y en sus gestos pastorales. Entre ellas, destacan especialmente la creciente presencia de las mujeres en la Iglesia y la atención constante a los migrantes, dos ámbitos en los que Francisco introdujo cambios que hoy siguen dando fruto.

En relación con las mujeres, el pontificado de Francisco marcó un punto de inflexión. Sin alterar la doctrina, impulsó una mayor participación femenina en los espacios de decisión y en la vida institucional de la Iglesia. El acceso de mujeres a ministerios instituidos como el lectorado y el acolitado, así como su incorporación con derecho a voto en el Sínodo de los Obispos, supusieron pasos concretos hacia una mayor corresponsabilidad.

Una persona sostiene una fotografía del Papa Francisco antes del inicio de la misa funeral del Papa Francisco en la Plaza de San Pedro.
EFE/EPA/MASSIMO PERCOSSI

Un año después, bajo el liderazgo de León XIV, estos avances no solo se han mantenido, sino que se han consolidado como parte del funcionamiento ordinario de la Iglesia. La presencia de mujeres en organismos de la Curia y en espacios de reflexión teológica continúa creciendo, en un proceso que responde a una convicción compartida: la fe, cuando se encarna en la vida, genera una cultura nueva en la que todas las vocaciones tienen un lugar.

En este sentido, el legado de Francisco no se percibe como una ruptura, sino como una apertura que ha permitido visibilizar una realidad ya existente en muchas comunidades. La Iglesia, fiel a su tradición y atenta a los signos de los tiempos, avanza así en el reconocimiento del papel insustituible de las mujeres en su misión.

También en el ámbito de la acogida, el pontificado de Francisco dejó una huella profunda. Su insistencia en una Iglesia “en salida”, capaz de acercarse a las periferias existenciales, se tradujo en gestos concretos hacia quienes viven en los márgenes. Entre ellos, su relación con mujeres trans en situación de vulnerabilidad durante la pandemia se convirtió en un símbolo de esa cercanía pastoral basada en el encuentro personal.

Papa Francisco - Internacional
El Papa Francisco se dirige a la audiencia durante un encuentro con obispos, sacerdotes, diáconos, personas consagradas, seminaristas y agentes pastorales en la Basílica Nacional del Sagrado Corazón de Koekelberg en Bruselas
EFE/EPA/OLIVIER HOSLET

Ese espíritu de acogida sigue presente hoy, articulado a través de parroquias, asociaciones y redes de apoyo que continúan acompañando a quienes más lo necesitan. La Iglesia, en su dimensión concreta y cotidiana, mantiene viva esa atención a cada persona, sin reducirla a categorías ni a debates abstractos.

En el terreno migratorio, la continuidad es aún más visible. Francisco situó la defensa de los migrantes en el centro de la acción eclesial, recordando de forma constante la dignidad de cada persona y la responsabilidad compartida ante el sufrimiento humano. Sus viajes a lugares como Lampedusa o Lesbos marcaron una línea que ha definido la presencia pública de la Iglesia en los últimos años.

León XIV ha asumido esta herencia como uno de los ejes de su pontificado. Su actual viaje, que recorre países de origen de migrantes que llegan a Europa (Argelia, Camrerún, Angola y Guinea Ecuatorial) prolonga esa mirada, ampliando el foco hacia las causas que obligan a tantas personas a abandonar sus hogares. Con ello, la Iglesia no solo acoge, sino que también busca comprender y acompañar en origen, reforzando su dimensión universal.

El Papa Francisco (R) asiste a las Vísperas de la Fiesta de la Presentación del Señor, en la Basílica de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano, el 01 de febrero de 2025.
EFE/EPA/ANGELO CARCONI

Este desplazamiento amplía el enfoque iniciado durante el pontificado anterior, incorporando una atención creciente a los países de origen de los flujos migratorios. En este contexto, la Iglesia mantiene su red de asistencia a través de organizaciones como Cáritas, presente en más de 200 países y territorios, y de miles de parroquias que desarrollan programas de acogida, asesoramiento legal y acompañamiento social. Según los últimos datos disponibles, solo en España, las entidades eclesiales atendieron en el último año a más de dos millones de personas en situación de vulnerabilidad, una parte significativa de ellas migrantes.

Doce meses después del fallecimiento de Francisco, algunas de las medidas impulsadas durante su pontificado continúan vigentes. La participación de mujeres en el Sínodo se ha consolidado en las últimas convocatorias y su presencia en estructuras de gobierno de la Curia romana se mantiene en niveles superiores a los de etapas anteriores. En paralelo, el actual pontífice ha incorporado la cuestión migratoria como uno de los ejes de sus primeros viajes internacionales, con visitas a territorios clave en las rutas hacia Europa. En conjunto, estos elementos dibujan un escenario de continuidad institucional en dos de los ámbitos que marcaron el pontificado anterior.

TAGS DE ESTA NOTICIA