Según UNESCO, las mujeres representan apenas el 12% de quienes investigan en inteligencia artificial, el 6% de los desarrolladores profesionales de software y alrededor del 20% de los perfiles técnicos en grandes empresas de machine learning. Naciones Unidas alerta, además, de que un análisis de 133 sistemas de IA detectó sesgos de género en el 44% de ellos.
La revolución tecnológica más importante de este principio de siglo también arrastra una antigua desigualdad. Sin embargo, podría ser un momento clave para invertir la máquina. La inteligencia artificial puedeconvertirse en una herramienta de empoderamiento femenino, si las mujeres no quedan rezagadas en la carrera tecnológica mientras otros programan y regulan un futuro “sinellas”.
Una nueva tecnología con viejos fantasmas
La IA aparece ya en casi todas las conversaciones diarias. En las aulas, en la oficina, en el mundo del entretenimiento, de la salud, de la cultura y hasta en nuestras relaciones emocionales más íntimas. Le pedimos que escuche, rastree, traduzca, ordene y, a veces, elija. Cada vez más, le estamos entregando pequeñas parcelas de nuestra capacidad de decisión. La IA no nos cayó desde el cielo como un inesperado rayo o una tormenta digital. Se diseñó, se entrenó y ahora intentamos regularla y gobernarla. Las leyes llegan casi siempre tarde frente a unos avances que convulsan nuestra sociedad. Por eso, importa tanto saber quién participa en su construcción, control y legislación.
En Artículo14 ya se ha abordado esta cuestión en varias ocasiones: los algoritmos que aprenden en un mundo aparentemente “sin mujeres”, la brecha de género que la IApuede reforzar o, más recientemente, la jornada organizada por nuestro medio, “Ellas programan el futuro”, donde directivas de Aena, Moeve, Unesid y Telefónica defendieron la necesidad de una inteligencia artificial con perspectiva de género. Cuestiones y debates hoy muy necesarios. El reto no es solo cuántas mujeres tienen acceso a la IA, sino cuántasparticipan en las decisiones que determinan cómo funciona.
De usuarias a decisoras
La jurista, investigadora y divulgadora Cecilia Danesi lleva años trabajando precisamente en ese cruce entre inteligencia artificial, derechos, género y gobernanza. Muy joven ingresó en el poder judicial argentino y fue profesora antes de dejar su país para mudarse a España. Hoy es miembro de la plataforma Women4EthicalAI de UNESCO, codirectora del Máster en Gobernanza Ética de la Inteligencia Artificial de la Universidad Pontificia de Salamanca, asesora de organismos internacionales y autora de El imperio de los algoritmos, un libro precursor que analiza cómo la IA impacta en los derechos humanos.
“Si no actuamos ahora para cerrar estas brechas, la inteligencia artificial corre el riesgo de amplificar desigualdades históricas en lugar de convertirse en una herramienta para superarlas”, advierte Cecilia Danesi.

La jurista plantea también una idea tan interesante comooportuna. “La inteligencia artificial puede convertirse en una de las herramientas para devolver parte del poder a las mujeres, pero solo si no quedan relegadas al papel de usuarias”. No basta con que las mujeres tengan ChatGPT en sus móviles o Claude y Copilot en el ordenador de la oficina.La oportunidad está en que participen en la investigación, la auditoría, el diseño de nuevas herramientas, la regulación y la toma de decisión en torno a esta tecnología.
El futuro de la IA no se juega únicamente en campos de código y programación informática. Será determinante definir antes qué problemas queremos resolver, qué datos podemos usar, qué riesgos aceptamos correr, qué derechos personales debemos proteger y, sobre todo, quién responde cuando el sistema falla.
Esa visión también marca el trabajo académico que Danesi impulsa en el Máster que dirige en la Universidad Pontificia de Salamanca. En la Summer School de este año han incorporado referentes internacionales de organismos como UNESCO, Naciones Unidas, CAF, además derepresentantes del sector público y privado, junto a una reflexión específica sobre liderazgo, diversidad e inclusión. El motivo es claro: “El futuro de la IA necesita más mujeres participando en la conversación y, sobre todo, en la toma de decisiones”.
El propio título del seminario online que se celebró el 7 de julio, “Taylor Swift, elecciones, algoritmos y derechos humanos: ¿quién gobierna la IA?”, resumió bien el momento: la IA ya no pertenece solo a los laboratorios; atraviesa transversalmente la cultura, la democracia y los derechos.
Gobernar el poder oculto de los datos
Durante décadas se ha hablado de atraer más mujeres a la tecnología como si el reto consistiera en invitarlas a una partida cuyas reglas ya habían escrito otros. Tal vez hayallegado el momento para no solo ocupar una silla, recibircinco cartas y observar las jugadas, sino de participar también en el diseño del tablero. Ahí aparece un concepto clave: la gobernanza de datos.
Gobernar la IA significa, llanamente, decidir qué datos se recogen, con qué consentimiento, durante cuánto tiempo, con qué finalidad, bajo qué controles y con qué mecanismos de intervención si algo se nos va de las manos. También requiere auditar modelos de lenguaje, medir sesgos, exigir transparencia y recordar que la eficiencia no puede convertirse en coartada para la injusticia.
Puede ser una gran oportunidad, quizá la última, para que las mujeres reclamen una plaza con verdaderarelevancia. No porque las mujeres sean, por naturaleza, “más éticas” o “más cuidadoras”, sino porque ninguna tecnología que aspire a ordenar la vida de todos debería construirse desde una mirada casi exclusivamentemasculina. También porque la IA necesita perfiles híbridos, personas capaces de entender la tecnología y sus implicaciones sociales, jurídicas, culturales y políticas, además de una representación más paritaria.
De usuarias a arquitectas de nuestro futuro
La inteligencia artificial tiene un sinfín de aplicaciones. Puede facilitar el acceso al conocimiento, acelerar procesos, impulsar proyectos y carreras o reducir barreras sociales y geográficas. Hoy, una mujer que vive lejos de los grandes centros tecnológicos puede aprender, crear, vender, traducir, investigar o lanzar un negocio con herramientas que hace apenas unos años parecían de ciencia ficción.
Algunas voces recogidas recientemente por Artículo14apuntan precisamente en esa dirección. La IA puede ser una herramienta especialmente potente para mujeres creativas, profesionales y emprendedoras que antes necesitaban más recursos económicos o técnicos para convertir una idea en un negocio. Pero ese potencial no se activará solo, claro. La tecnología facilita abrir puertas, sí, pero alguien deberá vigilar que no tengan cerradura por dentro ni gato encerrado. Por eso la conversación sobre mujeres e inteligencia artificial no debería limitarse a contar cuántas participan, sino también qué puesto ocupan. Si están en universidades o en consejos asesores. Si hablan de éticao mandan sobre los presupuestos. Si se las invita a mesas redondas sobre sesgos o en comités donde se define el producto. La brecha no se medirá solo por presencia, sino también por el poder de incidir en cada etapa.
La próxima brecha no estará en saber pedirle cosas a una IA, sino en decidir qué cosas puede permitirse hacer.Y ahí se verá si las mujeres están dentro de la revolución o solo invitadas a usarla.

