Cuando papá no parece un monstruo: ‘La buena hija’ y la violencia que los menores tardan en reconocer

Carmela quiere a su padre, lo admira y desea pasar más tiempo con él. Hasta que pequeñas señales empiezan a romper la imagen del padre perfecto y dejan al descubierto una violencia que también alcanza a los hijos.

La debutante actriz Kiara Arancibia encarna a Carmela
La debutante actriz Kiara Arancibia encarna a Carmela

Hay historias de violencia que empiezan con un golpe. Otras, con un insulto, una amenaza o una puerta que se cierra de golpe. Pero hay otras que empiezan de una manera mucho más difícil de detectar: con un padre que sonríe, que hace bromas, que promete planes, que abraza a su hija y que, aparentemente, no tiene nada que ver con la imagen del maltratador que todos tenemos en la cabeza.

Carmela espera a su padre en un punto de encuentro familiar. Está ilusionada. Se ha arreglado para verlo y quiere abrazarlo. Después, ambos se marchan a la casa de campo en la que él vive. Hay piscina, bromas, complicidad. Incluso se cortan el pelo juntos. Para ella, sigue siendo su padre. Y le quiere. Pero algo empieza a cambiar.

Esa es la puerta de entrada a ‘La buena hija’, el segundo largometraje de la directora catalana Júlia de Paz Solvas, protagonizado por la debutante Kiara Arancibia junto a Janet Novás, Petra Martínez y Julián Villagrán. La película llegó a los cines españoles el 10 de abril de 2026 después de pasar por festivales como Málaga y el D’A de Barcelona, y tras conquistar tres premios en el Black Nights de Tallin: Mejor Película, Mejor Actriz para Arancibia y Premio del Público.

Una historia que empezó mucho antes de llegar al cine

La película no nació de cero. Es la prolongación de Harta, el cortometraje dirigido por De Paz en 2021 que seguía a una niña de 12 años obligada a visitar a su padre en un centro de encuentro familiar después de una denuncia por violencia de género.

El corto abrió una pregunta que la directora y la guionista Núria Dunjó decidieron llevar mucho más lejos: ¿qué ocurre con los hijos cuando dentro de una familia existe violencia machista?

Durante cinco o seis años investigaron, hablaron con mujeres supervivientes, menores, profesionales de la justicia y hombres condenados por violencia machista. Y encontraron algo que terminó convirtiéndose en el corazón de la película: los niños y niñas quedaban muchas veces fuera del relato.

“Los niños y niñas no eran escuchados”, explicó De Paz durante la presentación de la película. Esa falta de escucha fue precisamente una de las razones que impulsaron el proyecto.

La propia directora ha señalado que desconocía la realidad de los menores que viven en contextos de violencia machista y que muchas madres con las que hablaron compartían un miedo enorme por sus hijos e hijas.

El maltrato que no siempre parece maltrato

Carmela no recibe una lección sencilla en la que descubre que su padre es “el malo”. Lo que vive es mucho más confuso.

Su padre puede ser cariñoso y, minutos después, ejercer presión. Puede mostrarse vulnerable, llorar delante de ella y conseguir que sea la propia hija quien sienta que tiene que cuidarlo. Puede prometerle un futuro maravilloso y, al mismo tiempo, utilizarla para acercarse a su madre o condicionar sus decisiones.

Ahí está una de las cuestiones más incómodas que plantea La buena hija: la violencia psicológica no siempre deja una marca visible.

La película busca precisamente que el espectador haga el mismo recorrido que Carmela: pasar de la admiración al desconcierto y del desconcierto a comprender que aquello que parecía una relación normal escondía dinámicas de poder y control. De Paz ha defendido que la violencia psicológica puede ser difícil de demostrar, pero que esa dificultad no significa que no exista.

En el propio material sobre la película se describe cómo Carmela empieza a percibir señales en su padre y también en su propio cuerpo: nerviosismo, ansiedad, bloqueo, malestar. El problema es que todavía no tiene las herramientas para ponerles nombre.

Cuando una hija se pregunta si acabará siendo como su padre

Hay otra herida que atraviesa la historia: el miedo a heredar la violencia. Carmela llega a preguntarle a su madre si algún día será como su padre. La pregunta no es menor. Revela cómo la violencia puede convertirse también en una amenaza sobre la propia identidad del menor.

Ser hijo o hija de un maltratador no significa estar condenado a reproducir sus comportamientos. Pero crecer rodeado de violencia puede generar miedo, confusión, culpa y dificultades para entender qué es una relación sana. Precisamente por eso la película no ofrece una respuesta cerrada: quiere que la pregunta permanezca y provoque conversación.

Y ahí aparece también la madre, interpretada por Janet Novás, y la abuela, interpretada por Petra Martínez. Tres generaciones de mujeres que, cada una desde su lugar, cargan con sus propios miedos y culpas. La película plantea así algo más que la relación entre una víctima y un agresor: muestra cómo la violencia atraviesa una familia entera.

¿Qué señales debería escuchar un menor?

No existe una lista mágica que permita identificar inmediatamente una situación de violencia. Pero hay comportamientos que no deberían normalizarse: el miedo constante ante los cambios de humor de un adulto, los reproches continuos, la manipulación, el chantaje emocional, la presión para hacer algo que no se quiere, utilizar al menor para controlar a otro familiar o hacerle responsable del bienestar emocional del adulto.

La Ley Orgánica 8/2021 reconoce precisamente que la violencia contra la infancia también puede ser psicológica o emocional y contempla expresamente la violencia de género y la presencia de comportamientos violentos en el ámbito familiar. Además, establece el derecho de los menores víctimas a ser escuchados y a recibir atención integral.

Por eso, ante una señal de alarma, lo primero no debería ser exigir al menor que explique perfectamente lo ocurrido. Hay que escucharle, creerle y buscar ayuda especializada.

La buena hija no habla de monstruos, sino de grietas

Quizá lo más incómodo de La buena hija sea precisamente que no presenta a un agresor sencillo de identificar. Presenta a un hombre capaz de ser encantador y violento, vulnerable y controlador, cariñoso y dañino.

Porque esa contradicción es la que puede hacer que una víctima tarde en comprender qué está viviendo. Carmela no sabe ponerle nombre al principio. Tampoco sabe qué hacer con aquello que siente. Y esa confusión no la convierte en una mala hija, ni en una niña que no entiende lo que ocurre. La convierte en una menor atrapada en una realidad demasiado grande para sus herramientas.

La película de Júlia de Paz parte de ahí para lanzar una pregunta que queda flotando cuando terminan los créditos: si una niña no sabe reconocer la violencia que vive, ¿quién está obligado a escucharla?

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

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