El asesinato machista de Hortensia a los 88 años: el fracaso de la detección de la violencia en mujeres mayores

No constaban denuncias previas contra su marido. Casi nueve de cada diez mujeres de más de 75 años que han sufrido violencia de pareja nunca la han denunciado

Las mujeres mayores tienen serias dificultades para deunciar violencia de género
KiloyCuarto

Hortensia tenía 88 años. El jueves 10 de septiembre estaba en su casa de San Sebastián de los Reyes cuando su cuidadora entró en la vivienda y la encontró agonizando. Presentaba múltiples traumatismos. Su marido estaba muerto, ahorcado. Ella aún respiraba.

Los sanitarios consiguieron trasladarla con vida al hospital. Murió al día siguiente a consecuencia de las lesiones. Su marido la había matado y después se había suicidado. Este lunes, el Ministerio de Igualdad ha confirmado su asesinato como violencia de género. Es la víctima número 37 de este año.

No constaban denuncias previas contra su agresor. Y es precisamente ahí, en esos 88 años de vida y en la ausencia de antecedentes conocidos por el sistema, donde el asesinato de Hortensia deja una pregunta que va mucho más allá de este crimen: ¿quién está viendo la violencia machista que sufren las mujeres mayores?

las mujeres mayores y con discapacidad tienen mayor riesgo de sufrir violencia
El sistema no detecta la violencia que ha durado décadas
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Una violencia que puede permanecer oculta durante décadas

No sabemos cómo fueron los años anteriores de Hortensia junto al hombre que finalmente la mató, cuándo comenzó la violencia ni qué formas adoptó. Pero los expertos llevan años advirtiendo de algo esencial: un asesinato machista no aparece de la nada. Antes existe una violencia que puede expresarse mediante control, humillaciones, aislamiento, amenazas, violencia económica, física o sexual.

Cuando la víctima tiene 88 años, esa realidad adquiere una dimensión particular. Los estudios sobre violencia de género entre mujeres mayores muestran historias de maltrato extraordinariamente prolongadas, víctimas que tardan décadas en pedir ayuda y una violencia que, en muchos casos, permanece fuera del alcance de las instituciones.

En el caso de Hortensia, no constaban denuncias previas. Pero la ausencia de denuncia no significa ausencia de violencia. Ahí reside uno de los grandes problemas de la protección de las mujeres mayores: cómo llegar hasta quienes no acudirán a una comisaría, no llamarán al 016 y quizá ni siquiera identifiquen como violencia comportamientos con los que han convivido durante años.

Veinte, treinta años de violencia

Los datos permiten dimensionar el problema. El 67% de las mujeres mayores víctimas de violencia de género estudiadas había soportado el maltrato durante más de veinte años. El tiempo medio de permanencia en una relación violenta alcanzaba los 26 años.

Son décadas. Mujeres pertenecientes a generaciones en las que la desigualdad dentro del matrimonio estaba mucho más normalizada, la independencia económica era menor y abandonar a un marido podía significar romper con toda una vida construida.

La dificultad para pedir ayuda sigue apareciendo en los datos más recientes. Entre las mujeres de 75 años o más que han sufrido violencia de pareja, solo el 10,3% la ha denunciado alguna vez. Es decir, casi nueve de cada diez nunca han acudido a denunciarla.

Envejecer junto al maltratador

A las barreras para denunciar se suman otras que pueden aumentar con la edad: dependencia económica, problemas de salud, aislamiento, miedo a quedarse solas o necesidad de recibir cuidados. Envejecer puede hacer todavía más difícil escapar de un maltratador.

También puede reducir las posibilidades de que alguien vea lo que sucede. Una mujer más joven puede mantener contacto cotidiano con compañeros de trabajo, centros educativos, amistades y distintos espacios sociales. Con la edad, esas redes pueden ir desapareciendo. El domicilio adquiere cada vez más peso y el aislamiento puede convertirse en un aliado del agresor.

En casa de Hortensia entraba, al menos, una cuidadora. Fue ella quien finalmente la encontró. No consta públicamente, sin embargo, que antes del asesinato ninguna institución hubiera detectado la violencia que sufría.

A menudo se confunde la violencia de género a mujeres mayores con la violencia familiar

El problema de esperar a que denuncien

Durante décadas, buena parte de la respuesta institucional frente a la violencia de género se ha activado cuando la mujer cuenta lo que sucede. Pero las mujeres mayores muestran con especial crudeza los límites de un modelo que depende de que sea la propia víctima quien dé el primer paso.

Si casi nueve de cada diez mujeres de 75 años o más que han sufrido violencia de pareja nunca la han denunciado, esperar a que lleguen a una comisaría significa asumir que una parte enorme de ellas permanecerá fuera del sistema.

La detección tiene entonces que producirse en otros lugares. Atención Primaria, servicios sociales, ayuda a domicilio y profesionales de la dependencia pueden convertirse en espacios fundamentales porque, en muchos casos, son de los pocos puntos de contacto habitual que mantienen las mujeres de edades avanzadas fuera de su hogar.

Llegar antes de la denuncia

El asesinato de Hortensia obliga así a mirar más allá de la denuncia. Un sistema que espera a que la víctima cuente lo que está viviendo corre el riesgo de no llegar nunca a algunas de las mujeres más vulnerables.

La pregunta no es únicamente qué ocurre después de denunciar. Es qué sucede antes. Cómo conseguir que profesionales sanitarios y sociales, servicios de ayuda a domicilio, familiares y entorno sean capaces de identificar las señales de violencia en mujeres que probablemente nunca acudirán por sí mismas a pedir protección.

Porque el asesinato es el último episodio, no el primero.

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.