Cada verano se repite la misma escena en miles de oficinas. Mientras unas personas trabajan con un jersey sobre los hombros en pleno mes de julio, otras agradecen que el aire acondicionado siga funcionando a pleno rendimiento. Alguien se levanta para subir un par de grados el termostato; unos minutos después, otro compañero vuelve a bajarlo. Lo que durante años se ha interpretado como una simple diferencia de gustos se ha convertido en objeto de estudio para la ciencia, que comienza a cuestionar si esa batalla diaria por la temperatura es, en realidad, algo más que una cuestión de comodidad. La conocida como “guerra del termostato” lleva décadas formando parte de la rutina laboral. Sin embargo, las investigaciones más recientes apuntan a que hombres y mujeres no experimentan el frío de la misma manera y que los criterios utilizados para climatizar los espacios de trabajo podrían haber quedado anclados en un modelo que ya no representa la realidad de quienes ocupan las oficinas.

Un termostato diseñado en los sesenta
Gran parte de los sistemas de climatización actuales siguen basándose en estándares establecidos en los años sesenta. Aquellos cálculos tomaban como referencia el metabolismo de un hombre de mediana edad, de unos 40 años y 70 kilos, un perfil que durante décadas se utilizó como modelo universal para determinar la temperatura de confort en edificios y oficinas. Desde entonces, la investigación ha demostrado que esa referencia resulta insuficiente. El organismo masculino suele generar más calor interno debido, entre otros factores, a una mayor masa muscular, mientras que el femenino produce menos calor en reposo. Esa diferencia fisiológica hace que, en términos generales, los hombres prefieran ambientes más fríos y las mujeres se sientan cómodas con temperaturas algo más elevadas, normalmente entre dos y tres grados de diferencia. Aunque pueda parecer una distancia mínima, permanecer durante ocho horas diarias en un espacio más frío del deseado puede traducirse en incomodidad constante y afectar al bienestar durante la jornada laboral.
Cuando la temperatura también influye en el rendimiento
El debate va más allá de la sensación térmica. Un estudio publicado en la revista científica PLOS One analizó el comportamiento de más de quinientos estudiantes sometidos durante una hora a diferentes temperaturas, entre los 16 y los 32 grados centígrados. Los participantes realizaron pruebas matemáticas, verbales y de lógica para comprobar si el ambiente influía en su rendimiento. Los resultados llamaron la atención de los investigadores. Mientras que las pruebas de lógica apenas variaban, las mujeres mejoraban de forma significativa sus resultados en las tareas verbales y matemáticas a medida que aumentaba la temperatura de la sala. En concreto, sus puntuaciones en aritmética crecieron un 27 % al comparar las pruebas realizadas por debajo de los 21 grados con aquellas desarrolladas por encima de los 27. En los hombres ocurría el efecto contrario, aunque de forma mucho menos pronunciada. Los propios autores del estudio advierten de que estos resultados necesitan seguir investigándose en situaciones de trabajo reales y durante periodos más largos. Sin embargo, los datos abren una pregunta que hasta hace poco apenas se planteaba: ¿puede un entorno laboral diseñado para un determinado perfil físico condicionar el rendimiento de parte de la plantilla?
La llamada “brecha térmica”
Para la politóloga especializada en violencia de género Jimena Manteca Pérez, la respuesta pasa por entender un concepto que cada vez gana más peso en el ámbito de la igualdad: la brecha térmica. “Se trata de la brecha térmica. Actualmente los estándares de climatización se siguen basando en un modelo metabólico anticuado, que toma como referencia la temperatura de confort de un hombre de 40 años y 70 kilos. Este estándar no representa el gasto energético en reposo del cuerpo femenino, que suele ser inferior debido a una menor masa muscular. A pesar de que las mujeres representan el 68,9 % de las personas trabajadoras de oficina, el diseño de los sistemas reguladores de temperatura sigue tomando al varón como medida de referencia.” Lejos de tratarse únicamente de una percepción subjetiva, diferentes investigaciones coinciden en que el confort térmico también depende de factores como la edad, la composición corporal o el metabolismo. Mantener un único criterio para todos los trabajadores puede provocar que parte de ellos desarrollen su actividad en condiciones menos favorables.
Más allá de la fisiología
Las diferencias biológicas no explican por sí solas este fenómeno. Según Manteca, el componente cultural también desempeña un papel importante. “Los códigos de vestimenta en el ámbito laboral continúan asumiendo que los hombres visten con traje y corbata, mientras que la ropa de verano femenina suele ser más ligera y fresca. Para compensar el calor que generan esas prendas masculinas, el aire acondicionado acostumbra a programarse a temperaturas muy bajas. Incluso cuando algunas instituciones promovieron eliminar la corbata para favorecer el ahorro energético, el objetivo no fue mejorar las condiciones laborales de las mujeres, sino reducir el consumo.” En los últimos años, numerosas empresas han flexibilizado sus normas de vestimenta durante los meses de verano, pero todavía existen sectores donde los códigos tradicionales siguen marcando la temperatura de toda una oficina.
¿Puede convertirse en una forma de desigualdad?
La especialista considera que el problema no termina en el confort. A su juicio, también debería abordarse desde la prevención de riesgos laborales. “Las empresas aún no han implantado una adecuada evaluación de riesgos laborales con perspectiva de género. Estas situaciones pueden tener su origen en las diferencias fisiológicas, pero el diseño androcéntrico de los espacios, lejos de corregirlas, las amplifica. Esto repercute en la salud de las mujeres, más propensas a desarrollar determinadas afecciones cuando están expuestas de manera continuada a cambios bruscos de temperatura.”
Además, recuerda que algunas investigaciones ya han vinculado el exceso de frío con una disminución del rendimiento femenino en determinadas tareas cognitivas. “El frío excesivo no solo causa incomodidad, sino que puede reducir significativamente el rendimiento cognitivo de las mujeres en tareas matemáticas y verbales. A medida que aumenta la temperatura de la sala, esa brecha de rendimiento entre géneros se reduce. Cuando este tipo de obstáculos se suma a otras desigualdades presentes en el mercado laboral, acaba alimentando diferencias que después se reflejan en el acceso a puestos de responsabilidad.”
Un reto para las oficinas del futuro
Los expertos coinciden en que la solución no pasa por establecer una temperatura distinta para hombres y mujeres, sino por abandonar la idea de que existe un único nivel de confort válido para todo el mundo. La evolución tecnológica permite hoy adaptar la climatización a diferentes zonas de un edificio y ajustar mejor las condiciones a quienes trabajan en él, mejorando tanto el bienestar como la eficiencia energética. Para Manteca, el cambio también debe ser cultural. “Es necesario desprenderse de unos estereotipos de género profundamente vinculados a la forma de vestir en el trabajo. Las normas sociales que asocian el traje y la corbata al hombre o determinados códigos de vestimenta a las mujeres resultan cada vez más obsoletas. Al mismo tiempo, las empresas deberían tomarse en serio la prevención de riesgos laborales con perspectiva de género, no solo para mejorar la productividad y el bienestar de sus plantillas, sino también por una cuestión de justicia social.” El aire acondicionado seguirá siendo motivo de discusión en muchas oficinas, pero la pregunta ya no es solo a cuántos grados debe estar el termostato. El verdadero debate es si los espacios de trabajo pueden seguir diseñándose con criterios que no tienen en cuenta las diferencias de quienes los ocupan.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

