Está sentado en un sofá, vestido de futbolista, comiendo de un recipiente con el móvil apoyado en latas de refresco sobre una mesa. Hay peluches y más camisetas en los asientos. La imagen de El Xocas hablando de mujeres, Ester Expósito y su pareja parece un sketch de Pantomima Full, una exageración, una caricatura.
Pero no es divertido, o no solo. A El Xokas le escucha mucha gente. Supera los 4,4 millones de seguidores en Twitch, ronda los 2,7 millones de suscriptores en YouTube, tiene cerca de 1,5 millones de seguidores en X y un millón en Instagram. La mayoría jóvenes, aunque él tiene 35 años, no es ningún chaval.
Estupefacto me hallo pic.twitter.com/60G63zf586
— Rodrigo Quesada (@Quesadacid) July 8, 2026
Pero volvamos al sofá y a ese treintañero aconsejando a sus seguidores sobre relaciones de pareja. Aunque de sus palabras se pueda inferir que está hablando de reses o de coches. Mientras mastica, el youtuber asegura no tener ningún interés en la actriz Ester Expósito.
“No compensa”
Expósito le parece muy atractiva, deja claro. Pero no “compensa” por lo que él llama su “doctrina”, su manera de pensar. Por eso, dice, preferiría estar con una mujer “que sea un seis”. Después menciona a su pareja para insistir en que, para él, esa comparación no tiene que ver solo con el físico porque además “está buenísima”.
No está hablando de una discrepancia política. Está haciendo una cuenta. En un lado de la balanza coloca el físico; en el otro, las ideas. Y concluye que el pensamiento de una mujer puede restarle tanto valor que ni siquiera ser una de las actrices consideradas más bellas del país resulta suficiente.

El Xokas no discute con Expósito: calcula si sale rentable elegirla. Las mujeres no aparecen como personas completas, con cuerpo, pensamiento, deseo y autonomía. Aparecen como opciones de pareja sometidas a una relación entre coste y beneficio. Como un electrodoméstico con buenas prestaciones pero demasiados extras.
La mujer que no incomoda
De sus palabras se infiere una idea muy concreta de mujer. No basta con que sea guapa: debe ser simpática, no cuestionar demasiado, no traer unas ideas que él considere incómodas y no reivindicar una autonomía que altere el reparto de poder en la pareja.
El Xokas no dice de forma literal que quiera una mujer sumisa. Pero cuando presenta el pensamiento feminista de Expósito como algo que hace que deje de “compensar”, sí dibuja una mujer ideal que no discute el marco desde el que él la mira.
Ahí la comparación deja de ser una simple preferencia. Una mujer con pensamiento político, que defiende su derecho a bailar, a disfrutar y a nombrar la desigualdad, aparece como una opción menos conveniente. No porque haya dejado de ser atractiva, sino porque su autonomía aparece, en ese razonamiento, como algo que resta.
Primero el cuerpo, después las ideas
La conversación no empezó en ese sofá. El Xokas ya había criticado a Expósito por bailar en La Casita de Bad Bunny. La acusó de incoherencia por denunciar la cosificación de las mujeres y participar después en ese espacio. El reproche no se dirigía solo al formato del espectáculo: apuntaba a ella, a cómo bailaba y a lo que hacía con su cuerpo.
Expósito respondió que se puede ser feminista y perrear. Que una mujer puede bailar, disfrutar y gestionar su placer sin que eso borre una mirada crítica sobre la representación de los cuerpos o sobre las desigualdades. Para explicarlo citó a la jurista y politóloga Alejandra Martínez Velasco: «Lo que molesta es que las mujeres habitemos espacios de contradicción y que seamos feministas combativas y críticas, pero que también tengamos derecho a perrear, a gozar y a gestionar nuestro placer como nos dé la gana y amén».
La frase señala una trampa habitual: convertir cada decisión de una mujer en una prueba de coherencia feminista. Se puede cuestionar quién ocupa determinados espacios, qué cuerpos se seleccionan o qué modelo de espectáculo se reproduce sin colocar sobre cada mujer que baila la responsabilidad de sostenerlo o derribarlo.

En el caso de El Xokas, la secuencia es significativa. Primero juzga qué hace Expósito con su cuerpo. Después, cuando ella defiende que puede hacerlo sin renunciar a sus ideas, utiliza ese pensamiento como un motivo para rebajarla en su escala de pareja. Primero el cuerpo; después las ideas. Ambos pasan por su balanza.
Una conversación que no se queda en el sofá
El formato importa. El Xokas no está conversando en privado con un amigo. Habla ante una comunidad enorme, con millones de personas que siguen sus directos, sus vídeos y sus redes. Una parte importante de esa audiencia es joven y aprende también en esos espacios qué lenguaje se considera gracioso, provocador o aceptable para hablar de mujeres.
No se trata de afirmar que una frase vaya a producir automáticamente una conducta. Pero sí de mirar qué normaliza: que una mujer puede ser puntuada; que sus ideas pueden funcionar como un defecto dentro de una relación; que su autonomía puede entrar en una cuenta de conveniencia; que un hombre puede presentarse como quien elige y decide qué mujer merece más la pena.
Ese tipo de discurso se protege a menudo con la idea de que es “solo una preferencia”. Pero una preferencia no necesita convertir a otra persona en una escala. Se puede no compartir una posición política, no querer una relación o criticar un espectáculo sin hablar de mujeres como si fueran una suma de atributos que se pueden comparar, descontar y ordenar.
El Xokas no tiene que querer estar con Ester Expósito. Tampoco ella necesita su aprobación. Pero cuando explica por qué no la elegiría comparándola con una mujer “que sea un seis”, no está hablando solo de una pareja imposible. Está mostrando una forma de mirar: mujeres convertidas en opciones, cuerpos convertidos en notas e ideas convertidas en un coste que puede hacer que una mujer deje de merecer la pena.
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