Durante años, Juan Carlos Aragón fue una de las voces más admiradas de Cádiz. Sus letras, sus comparsas y su figura trascendieron el Carnaval hasta convertirse en patrimonio sentimental de la ciudad. Sin embargo, mientras crecía el mito, otra historia permanecía fuera del relato público. La de Paqui Pino, la mujer que sufría el maltrato y la violencia del comparsista.
Esta semana la “reina” de las mañanas andaluzas, Toñi Moreno, hizo algo poco habitual en estos tiempos, pidió perdón a Paqui, la víctima que durante años quedó fuera de una historia que Cádiz creía conocer.
“¿Qué te digo, Paqui? Yo pedirte disculpas. Porque yo le he hecho homenajes. Mis entrevistas eran entrevistas homenaje. Yo le he hecho un programa especial en esta casa (…) Yo no sabía esto. Yo no sabía esta sentencia”.

“Prácticamente era un dios”
Pero Pino no quería disculpas. “A mí nadie me tiene que pedir perdón ni tratarme de valiente ni mucho menos”, respondió. “Yo sinceramente estaba harta de escuchar esa glorificación, ese mito, que prácticamente era un dios”.
Durante la conversación, Pino fue reconstruyendo una relación que se prolongó durante casi trece años. Habló de los episodios de violencia que acabaron llegando a los tribunales y de otros que, según explicó, nunca denunció.
En un momento de la entrevista, Moreno recordó que Paqui había dicho en conversaciones anteriores que lo que más la había marcado no fueron las agresiones físicas. “Es que eso duele más”. Hablaba del maltrato psicológico. De los insultos constantes. De las humillaciones. “Él insultaba a todo el mundo. A mí, a mis hijos, a mis hermanos, a mis padres”.
Según relató, aquella violencia fue minándola poco a poco. “Yo ya he accedido a un montón de cosas porque tú has querido. Yo me he vestido como tú has querido. Te he apoyado en todos los actos que tú has tenido”.
“Un puñetazo en la nariz. Una paliza de un montón de horas”
Después llegaron los recuerdos más duros. “Un puñetazo en la nariz. Una paliza de un montón de horas”. También explicó cuándo comprendió que tenía que marcharse definitivamente. Fue, dijo, por sus hijos. “Mi hija me dijo: tú te puedes quedar en casa si quieres con este hombre, pero mi niña no tiene por qué presenciar lo que está presenciando”.
La pregunta que sobrevolaba toda la entrevista era por qué hablar ahora. Paqui respondió sin rodeos. Lo hizo porque Cádiz estaba a punto de rendir un nuevo homenaje a Juan Carlos Aragón. “Estamos hartas de escuchar tanta felicitación, tanto homenaje, la comparsa, la mesa redonda, la fundación… Ya está bien”.
Ahí empieza la otra parte de esta historia: la pública. La que afecta a Cádiz, al Carnaval y a la memoria construida alrededor de uno de sus autores más influyentes.
El Ayuntamiento preparaba un reconocimiento a Aragón cuando reapareció la sentencia por violencia de género. Según explicó Paqui en Canal Sur, la primera mujer del comparsista, Lola, había acudido antes al Consistorio para pedir que se frenaran los homenajes. Allí, según ese relato, le pidieron documentación. “Pues la que tiene papeles está aquí, tiene una sentencia firme”, contó Paqui que respondió Lola antes de llamarla.
A partir de ese momento, la historia privada dejó de serlo. La condena contra Aragón, que muchos decían desconocer, pasó al centro del debate público. El homenaje quedó suspendido y Cádiz empezó a revisar los reconocimientos concedidos al comparsista.

Un colegio lleva su nombre
En la entrevista también se habló de la sentencia. Moreno explicó que recogía vejaciones y agresiones en presencia de un menor. Paqui contó que la condena final quedó por debajo de los dos años y que él no entró en prisión. “Habló conmigo el abogado, que era amigo de los dos, y me decía: hombre, que tú no quieres que entre en la cárcel”, recordó.
El caso ha abierto una grieta en el relato oficial del Carnaval gaditano. No se discute el talento de Aragón ni la importancia de su obra. Lo que se cuestiona es otra cosa: si una ciudad puede seguir homenajeando como referente público a un hombre condenado por violencia de género.
Paqui lo explicó desde su propia experiencia. Para ella, uno de los puntos más dolorosos era que un centro educativo llevara su nombre. “Nosotros, como docentes, estamos siempre hablando de igualdad, de maltrato… y ahora resulta que el centro educativo lleva el nombre de un maltratador. Eso es lo que más me duele a mí”.
La primera esposa de Aragón también mostró su apoyo a Paqui en una carta dirigida al Ayuntamiento. En ella expresó su solidaridad y respaldo a la mujer que decidió dar el paso para que cesaran los homenajes y reconocimientos públicos a una figura que, según escribió, no debía seguir siendo objeto de veneración institucional.
Paqui insistió hasta el final en que no quería ser presentada como una heroína. “No quiero que me llamen valiente, solamente estaba harta”. Harta de que una parte de la historia permaneciera oculta mientras otra ocupaba todo el espacio público.
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