“No es una pelea por una perra. Es una forma de seguir controlándome”

Rita creyó durante meses que solo intentaba recuperar Tina. Hoy es consciente de que su expareja utilizó el vínculo que mantenía con la perra para impedir la ruptura y seguir ejerciendo control sobre ella

Rita lleva meses luchando por recuperar a su perra Tina
Rita lleva meses luchando por recuperar a su perra Tina
KiloyCuarto

“Si hace dos años alguien me hubiera dicho que iba a acabar así, no me lo habría creído.” Rita (nombre ficticio) tiene 23 años y todavía le cuesta poner palabras a todo lo que ha vivido. Habla despacio. A veces se detiene unos segundos antes de seguir, como si todavía necesitara ordenar los recuerdos. Durante la conversación repite varias veces la misma idea, que nunca imaginó que acabaría sentada frente a un abogado repasando conversaciones antiguas para intentar entender cuándo empezó realmente todo. Porque durante mucho tiempo creyó que estaba viviendo una historia completamente distinta.

Conoció al hombre al que hoy ha denunciado en 2022, cuando estudiaba en Valencia. Dos años después él decidió trasladarse al pueblo donde ella vivía. Rita y su familia le ayudaron entonces a encontrar trabajo y una vivienda. “Me daba pena”, reconoce ahora al recordar aquellos primeros meses.

Mirando hacia atrás, dice que entonces veía a una persona que necesitaba una oportunidad. Nunca pensó que acabaría siendo ella quien necesitaría ayuda para salir de aquella relación.

Rita lleva meses sin ver a su perra
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“Es una hija para mí”

Con el paso del tiempo se fueron a vivir juntos. Él ya tenía una perra. Meses después, cuando Rita consiguió trabajo, decidió adoptar a Tina. Fue ella quien pagó el cachorro, quien la registró a su nombre, quien asumió los gastos del veterinario y quien se ocupó de todos los trámites. Solo el contrato de compraventa quedó firmado por él porque aquel día estaba trabajando y no pudo desplazarse a recogerla. Cuando habla de Tina el tono cambia. “Siempre digo que es como una hija para mí.”

Durante bastante tiempo creyó que aquella era la vida que quería. Compartían casa, cuidaban de los dos perros y hacían planes de futuro. Las discusiones aparecieron poco a poco. Al principio eran cambios de humor que ella siempre encontraba una manera de justificar. Después llegaron los gritos, los insultos y una forma de relacionarse que entonces interpretaba como momentos aislados. Recuerda cómo hablaba de su madre cuando se enfadaba o una discusión en la que la llamó “perra”.

También los empujones, un tirón de pelo y las ocasiones en las que intentó marcharse para terminar una pelea y él se colocó delante de la puerta para impedirle salir. En otra discusión, provocada por un problema económico, asegura que la agarró con tanta fuerza que llegó a levantarla del suelo. Después siempre ocurría lo mismo: lloraba, le pedía perdón, prometía que iba a cambiar y ella terminaba creyendo que aquella vez sería diferente.

El accidente que cambió todo

El punto de inflexión llegó cuando Rita sufrió un grave accidente de tráfico que la mantuvo dos días en la UCI y otras dos semanas ingresada en el hospital. Se fracturó los pies, un brazo, varias costillas y la cadera. Cuando recibió el alta regresó a casa de sus padres en silla de ruedas y con una recuperación que iba a prolongarse durante meses. Asegura que fue entonces cuando empezó a descubrir una realidad que hasta ese momento había permanecido oculta. Conoció el consumo de drogas de su pareja y terminó sabiendo que el despido que él atribuía a problemas con sus compañeros de trabajo estaba relacionado, según le explicaron, con ese consumo y con reiteradas ausencias laborales. “Yo no quería estar con esa persona”, recuerda.

Durante la recuperación Tina permaneció con ella en casa de sus padres. Sin embargo, cuando terminaron las Navidades la situación se complicó. Sus padres volvieron al trabajo y Rita seguía sin poder hacerse cargo sola de la perra. Como todavía mantenían la relación, le pidió que la cuidara temporalmente. Pensó que sería algo provisional. “Igual que cuidarías de tu hija”, recuerda que le dijo. Nunca imaginó que aquella decisión acabaría marcando todo lo que vino después.

A principios de febrero decidió poner fin a la relación. Le comunicó que subiría al pueblo para recoger sus pertenencias y volver con Tina. Pero aquel fin de semana él se marchó a Valencia y le dijo que no volvería a ver a la perra porque, según sus palabras, “era más suya que mía“. Aquella misma semana presentó su primera denuncia. Sin embargo, en ella apenas habló de los episodios de violencia que hoy relata. Explicó únicamente que no le permitía entrar en la vivienda para recoger sus cosas y que se negaba a devolverle a Tina. Los empujones, las amenazas y el resto de situaciones quedaron fuera. “No me había dado cuenta”, explica ahora.

Rita tardó en darse cuenta de que estaba en una relación de violencia
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“Venía de antes, pero no me había dado cuenta”

Fue su abogado quien le pidió que revisara conversaciones, mensajes y audios antiguos por si encontraba alguna prueba. Rita empezó a escuchar grabaciones que llevaba meses sin abrir hasta que apareció un audio de agosto. Al reproducirlo sintió que estaba escuchando su relación desde otro lugar. En aquella conversación, asegura, él ya la amenazaba con quitarle a Tina si algún día decidía dejarlo. “Fue entonces cuando entendí que todo venía de mucho antes y que yo no me había dado cuenta“, explica. Aquella grabación cambió por completo la forma en la que interpretaba su propia historia y la llevó a ampliar la denuncia incorporando los episodios de violencia física y psicológica que, sostiene, había sufrido durante la convivencia.

Aquella grabación cambió por completo la forma en la que interpretaba su propia historia y la llevó a ampliar la denuncia incorporando los episodios de violencia física y psicológica que, según su relato, había sufrido durante la relación.

La ruptura, sin embargo, no puso fin al contacto. Rita cuenta que, desde que presentó la denuncia, su expareja comenzó a buscarla cada vez que regresaba al pueblo. En una de esas ocasiones, un amigo tuvo que intervenir para impedir que la siguiera y, según relata, fue necesaria la presencia de la Guardia Civil.

El encuentro con las perras

Semanas después se produjo un nuevo episodio. La madre de Rita se acercó para pedirle que le devolviera tanto a Tina como las pertenencias que todavía seguían en la vivienda que habían compartido. Entre ellas había varios objetos de enorme valor sentimental: unos dibujos y una pulsera que habían pertenecido a la abuela de Rita, fallecida un año antes. La conversación terminó en un altercado en el que también intervino una de sus tías.

Durante aquel incidente, Blanca, la otra perra, quedó suelta y Rita la recogió para evitar que pudiera hacer daño a alguien. Desde entonces permanece bajo su cuidado. Explica que ha intentado devolvérsela desde ese mismo día recurriendo a terceras personas, a los abogados de ambas partes e incluso solicitando la mediación de la Policía Local, pero nunca ha sido posible alcanzar un acuerdo.

Le recomendaron hablar con él, a pesar de haberle denunciado por maltrato

La situación volvió a cruzarlos en el juzgado a finales de mayo, cuando estaba señalado el juicio derivado de aquel altercado. Rita asegura que no quería reunirse con él. Sin embargo, fue el propio fiscal quien les propuso que intentaran hablar para resolver la situación de las dos perras y de las pertenencias pendientes de devolución, pese a que ella ya había presentado una denuncia por violencia de género y este tipo de mediaciones están desaconsejadas.

Rita está en tratamiento psicológico y psiquiátrico
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Aceptó porque creyó que aquella podía ser la oportunidad de recuperar a Tina. Durante aquella conversación, recuerda, él le dijo que la perra estaba en casa de su abuela y que tenía familia suficiente para esconderla para que no volviera a verla nunca más. También le explicó que no quería devolvérsela porque Blanca era ya una perra mayor, mientras que Tina apenas tenía un año y podría disfrutar de ella durante mucho más tiempo. “Por mí nos quedamos así”, asegura que le dijo.

Para Rita, aquella conversación confirmó algo que llevaba semanas empezando a comprender: el conflicto nunca había sido únicamente por la perra. Está convencida de que mantener a Tina era una forma de seguir conservando un vínculo con ella después de la ruptura.

Intentó volver con ella

Durante ese mismo encuentro, asegura, él intentó retomar la relación. Le dijo que quería abrazarla y besarla, le enseñó fotografías de Tina mientras le repetía que la perra la echaba de menos y terminó despidiéndose con un “te quiero”. Ella no respondió.

Aunque inicialmente aceptó intercambiar las dos perras, aquella misma tarde cambió de opinión. Desde entonces, los intentos de llegar a un acuerdo se han repetido sin éxito. En dos ocasiones llegaron incluso a fijar una fecha para el intercambio, pero los encuentros terminaron suspendiéndose a última hora.

Rita explica que tampoco ha entregado a Blanca porque, tras consultar con la Unidad de Protección Animal de la Policía Local, le trasladaron que, dadas las características del animal y la situación administrativa de su propietario, existía el riesgo de que pudiera acabar en adopción e incluso ser sacrificada si no se seguía el procedimiento adecuado.

Mientras tanto, continúa sin recuperar a Tina. Hoy recibe atención psicológica y también tratamiento psiquiátrico. Dice que esta situación ha agravado su estado emocional, que duerme peor, necesita más medicación y vive con miedo por su seguridad, la de su familia y la de su perra. Después de varios meses vuelve a la misma frase con la que comenzó la conversación: “Es como un misterio que no acabo de tener final”.

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