Hay expresiones que nacen en internet y duran lo que tarda en llegar el siguiente trend. “WTF” —what the fuck, en su versión más reconocible— sirve para reaccionar ante aquello que nos parece absurdo, inesperado o directamente incomprensible. Un gesto, una situación, una noticia. Algo que nos obliga a levantar una ceja y pensar: ¿pero esto qué es?
En redes, el concepto ha empezado a utilizarse también para señalar aquellas realidades que, pese a resultar difíciles de entender, siguen formando parte de nuestra vida cotidiana. Y cuando se aplica al feminismo, el resultado es incómodo: hay demasiadas cosas relacionadas con la violencia machista, las agresiones sexuales o las relaciones de control que deberían provocarnos un enorme “WTF”.
WTF es que todavía haya que explicar qué significa consentimiento
En España, la ley establece que una conducta sexual sin consentimiento constituye una agresión sexual. La reforma introducida por la Ley Orgánica 10/2022 puso precisamente el consentimiento en el centro: no basta con que no exista un “no” explícito; debe existir una voluntad libre y clara de participar en el acto sexual.
Pero el problema no termina en el Código Penal. También está en la cultura que rodea al consentimiento: en creer que haber empezado a besar implica querer continuar, que estar en pareja significa tener disponibilidad sexual permanente o que cambiar de opinión a mitad de una relación sexual convierte a una mujer en “complicada”. WTF.
Los datos ayudan a dimensionar que no estamos hablando de casos aislados. La Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2024 señala que el 14,5% de las mujeres de 16 o más años residentes en España ha sufrido violencia sexual fuera de la pareja a lo largo de su vida. El 3,1% afirma haber sufrido una violación. Y, en la mayoría de estos casos, el agresor no era un desconocido: el 62,7% eran amigos o conocidos y el 23,1%, familiares.
WTF es seguir confundiendo amor con control
“¿Dónde estás?”, “¿con quién sales?”, “enséñame el móvil”, “esa ropa no me gusta”, “no quiero que hables con él”. Frases que pueden aparecer disfrazadas de preocupación, celos o incluso amor, pero que forman parte de una dinámica de control cuando se convierten en una forma de limitar la libertad de la pareja.
La violencia no empieza necesariamente con un golpe. Puede empezar con una contraseña exigida, una amistad prohibida, una ubicación compartida obligatoriamente o una discusión por una fotografía publicada en redes. Y precisamente por eso resulta tan difícil detectar algunas relaciones tóxicas: porque determinados comportamientos se han normalizado hasta el punto de confundirse con muestras de cariño. La propia Macroencuesta revela que el 12,2% de las mujeres ha sufrido acoso digital a lo largo de su vida. Entre las jóvenes de 18 a 24 años, la cifra asciende al 34,5%.
WTF es que las jóvenes sean uno de los grupos más expuestos
Las cifras desmontan otra idea incómoda: que las nuevas generaciones, por haber crecido hablando más de igualdad, están automáticamente protegidas frente a la violencia machista. No es así.
El estudio específico sobre mujeres especialmente vulnerables publicado por Igualdad en 2026 muestra que las jóvenes de 16 a 24 años presentan las prevalencias más elevadas de violencia sexual dentro de la pareja: un 16%, frente al 9,9% entre las mujeres de 25 a 64 años. En violencia sexual fuera de la pareja, las mujeres de 18 a 24 años alcanzan una prevalencia del 25% a lo largo de su vida.
Y hay otro dato que debería hacer saltar todas las alarmas: solo el 5,5% de las jóvenes de 16 a 24 años que han sufrido violencia en la pareja afirma haber denunciado.
WTF es pensar que una relación tóxica siempre se ve desde fuera
Desde fuera todo parece más sencillo. “¿Por qué no le deja?”. “¿Por qué sigue con él?”. “Yo habría terminado”. Pero la violencia psicológica, el miedo, la dependencia económica, el aislamiento, la manipulación o el desgaste emocional no funcionan como una película en la que aparece una señal roja anunciando que ha llegado el momento de marcharse.
Los datos de la Macroencuesta 2024 muestran que, entre las mujeres que han sufrido violencia física y/o sexual por parte de una pareja, el 76,9% afirma que ocurrió en más de una ocasión. Entre quienes la sufrieron de forma reiterada, el 39,2% señala que la violencia se prolongó durante más de cinco años. Por eso reducir una relación violenta a la pregunta “¿por qué no se fue antes?” significa ignorar precisamente cómo funciona la violencia.
WTF es que todavía necesitemos que una mujer muera para hablar de violencia machista
Aquí desaparece cualquier posibilidad de trend. A 28 de agosto de 2026, los datos oficiales de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género contabilizan 36 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en España durante el año. Desde 2003, cuando comenzó el registro oficial, son 1.377.
Y detrás de cada número hay una vida que no cabe en una estadística: una hija, una amiga, una madre, una compañera de trabajo. También hay menores que quedan huérfanos. En 2026 ya son 23 los menores contabilizados como huérfanos por violencia de género, según los últimos datos oficiales publicados.
El verdadero WTF
Quizá el problema del “WTF” aplicado al machismo sea precisamente que muchas de estas situaciones ya no nos sorprenden. Nos escandaliza una noticia durante unas horas. Compartimos una publicación. Comentamos. Condenamos. Y después seguimos deslizando.
Pero una sociedad no debería acostumbrarse a que una mujer tenga que justificar su ropa, sus horarios, sus relaciones o sus decisiones. Tampoco a que una agresión sexual se analice primero desde lo que hizo ella. Ni a que los celos continúen vendiéndose como una prueba de amor. El verdadero “WTF” no es que el feminismo utilice una expresión viral para señalar estas contradicciones. El verdadero “WTF” es que, en pleno 2026, algunas todavía necesiten ser explicadas.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

