Sandra, tras huir de un maltratador en Alemania: “Ahora duermo como un bebé”

Meses después de regresar a España, Sandra vuelve a estudiar, duerme mejor y empieza a recuperar la tranquilidad mientras Alemania reactiva la investigación sobre las denuncias por violencia de género que puso hace años

Sandra se siente desprotegida en Alemania como víctima de violencia de género

Se le nota en la voz. Las primeras veces que hablamos con Sandra, los nervios y el miedo impregnaban cada una de sus palabras. Sola en Alemania, se encontraba en una situación límite. Apenas salía de casa. Cubrió sus ventanas con cortinas que iban del techo al suelo para evitar que nadie pudiera ver el interior de su vivienda. Instaló cámaras de seguridad, vivía pendiente de cualquier ruido, de cada timbrazo, de los pasos que escuchaba en la escalera. Durante meses convivió con el terror.

Dormía poco y mal. Comía sin control o perdía completamente el apetito. Grababa con el móvil cada vez que salía a la calle y permanecía en un estado de alerta constante. Vivía a escasos metros del hombre al que denunció por violencia de género y sentía que nadie la protegía.

Hoy sigue teniendo miedo. Ha soñado con él algunas noches. Pero algo ha cambiado. Se percibe en la forma de expresarse, en los planes que vuelve a hacer. Han pasado varios meses desde que abandonó Alemania y regresó a España para intentar ponerse a salvo. Y, por primera vez en mucho tiempo, siente que está recuperando partes de sí misma que creía perdidas.

El cambio en España

No es para menos. Durante años intentó que alguien la escuchara. Acudió a la Policía, presentó denuncias, recopiló cientos de páginas de documentación y trasladó en numerosas ocasiones a la Fiscalía que temía por su seguridad. Sin embargo, las respuestas nunca llegaron.

Sandra es otra tras poner tierra de por medio y huir de un maltratador
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La sensación de desamparo alcanzó su punto más alto cuando la orden de protección que había conseguido acabó siendo revisada por una jueza. Sandra denunció entonces que se la presionó para negociar con el hombre del que intentaba protegerse y que una de las condiciones planteadas por él era poder permanecer bajo su ventana sin que ella pudiera oponerse. No hubo acuerdo. La orden fue revocada.

Para entonces, la confianza en las instituciones alemanas estaba completamente rota. Convencida de que nadie iba a protegerla, terminó abandonando el país y regresando a España para intentar reconstruir una vida que llevaba demasiado tiempo condicionada por el miedo.

La decisión de regresar a España no solucionó de golpe todos sus problemas. Llegó con miedo, agotada y convencida de que tendría que volver a explicar una historia que durante años nadie había querido escuchar.

Se ha reactivado el caso en Alemania

Sin embargo, aquí empezó a cambiar algo. Durante dos días declaró ante una jueza española que revisó la documentación acumulada durante años, escuchó su relato y ordenó remitir una petición de colaboración a Alemania. Fue también durante ese proceso cuando tomó conciencia de algo que hasta entonces no había logrado nombrar: que uno de los primeros episodios de violencia que había sufrido constituía una agresión sexual. El impacto fue tan grande que necesitó ayuda psicológica urgente.

Aquella intervención judicial sigue teniendo consecuencias. Según explica, las autoridades alemanas le han comunicado que los hechos que lleva denunciando desde 2023 serán finalmente examinados.

La noticia le provoca sentimientos encontrados. Por un lado, el alivio de que por fin se investigue lo que lleva años denunciando. Por otro, una profunda indignación. “Llevo desde 2023 diciendo lo mismo. Las pruebas son las mismas. Mi historia es la misma. Lo único que ha cambiado es que España ha intervenido”, sostiene.

Pero los cambios más evidentes no han llegado desde los tribunales. Han llegado en los pequeños gestos cotidianos.

No fue plenamente consciente del estado en el que se encontraba hasta que consiguió salir de Alemania. Durante meses vivió en modo supervivencia. “Ahora duermo como un bebé”, cuenta.

Llegó a pensar que tenía problemas de memoria

Con el paso de los meses también ha recuperado hábitos que parecían imposibles. Ha vuelto a estudiar y se ha matriculado en un curso de habilitación para la docencia. Son avances que pueden parecer pequeños, pero que para ella tienen un enorme significado después de años en los que toda su energía estaba concentrada en sobrevivir.

Sandra apenas salía de casa y convivía con el terror continuo
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La violencia dejó secuelas más profundas de las que imaginaba. Llegó a pensar que tenía problemas de memoria. Le costaba concentrarse, ordenar las ideas e incluso expresarse con la claridad con la que siempre lo había hecho. Solo ahora, al recuperar cierta tranquilidad, ha comprendido hasta qué punto el miedo había condicionado su vida cotidiana. “Es como si mi cabeza hubiera sido abducida”, resume.

Y hay algo más que sigue pesando: la vergüenza. Reconoce que todavía no ha sido capaz de contar a muchas personas de su entorno todo lo que ha vivido. No quiere que la miren con lástima. No quiere que la definan por lo que le ocurrió. Habla de pudor, de estigma y de esa sensación, tan frecuente entre las víctimas, de sentirse juzgada por una violencia que nunca provocó. “Me sigue dando mucha vergüenza”, admite. “No quiero que me vean como una persona destrozada”.

Todavía hoy hay muchas personas de su entorno que desconocen lo que ha vivido. Quizá por eso le cuesta reconocerse cuando piensa en la mujer que permanecía encerrada en su piso de Alemania, vigilando cada ruido y cada movimiento. Pero también por eso sabe que algo ha cambiado. Ahora duerme. Estudia. Hace planes. Y, poco a poco, empieza a recuperar la vida que un maltratador le arrebató.

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