El pasado 5 de marzo, Netflix anunció la compra de InterPositive, la empresa fundada por Ben Affleck y especializada en el uso de la inteligencia artificial para la producción audiovisual. La plataforma líder del streaming explica que esta tecnología servirá para corregir problemas gráficos, completar escenas incompletas, retocar la iluminación o resolver fallos en rodajes ya cerrados, sin reemplazar el criterio creativo humano.
Esta operación va mucho más allá de un simple movimiento corporativo y subraya hasta qué punto la inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse, en muy pocos meses, en una herramienta fundamental en los futuros procesos audiovisuales.
¿Es la IA una amenaza real para Hollywood?
La sombra de la IA lleva años planeando sobre la producción cinematográfica, hasta el punto de provocar un cierto malestar entre los perfiles más creativos. “¿Cuánto tiempo nos quedará antes de que prescindan de nuestro trabajo?”, piensan muchos.
La inteligencia artificial es capaz de acortar procesos y abaratar costes, pero también siembra muchas dudas sobre la autoría y la autenticidad de las obras. La huelga de guionistas y actores de 2023 en Estados Unidos duró más de cuatro meses y fue todo un símbolo, hasta que el río volvió poco a poco a su cauce. La gran pregunta que los profesionales aún se hacen es quién firma y quién acabará sobrando.

Tres años después de aquel parón histórico que dejó a los grandes estudios en punto muerto, la IA vuelve a ser protagonista, de forma más disimulada. Ya no se la considera una máquina capaz de imaginar y redactar guiones originales, sino una modista que arregla cualquier pequeño desperfecto de última hora. Una forma de refinar el relato cuando los actores ya no están disponibles en el plató y el rodaje acabó hace tiempo.
De la IA guionista a la IA detallista
Lo cierto es que, en los últimos años, los propios guionistas han ido incorporando a sus procesos la herramienta que tanto les daba miedo. No hay autor, escritor o periodista que no la haya probado alguna vez y la vaya incorporando paulatinamente a su día a día. En esta nueva etapa, la IA ya no se ve solo como creadora de historias inolvidables, sino también como correctora de cualquier pequeño detalle, aunque parezca imperceptible. Ya no se vende tampoco como una fábrica de imágenes espectaculares, sino como una herramienta para mejorar el material existente.
En la película The Brutalist, por ejemplo, la polémica surgió al usarse la IA para mejorar la sincronización labial en húngaro de los actores, como si fuera su idioma nativo. En Here, una película de Robert Zemeckis con Robin Wright y Tom Hanks, la IA se utilizó para rejuvenecer y envejecer a sus protagonistas, sin necesidad de largas horas de maquillaje y prótesis. Un avance increíble dentro de los recursos técnicos con los que puede contar hoy un director de cine.
Los académicos de Hollywood también han asumido este cambio tecnológico. Desde 2025 han dejado claro que el uso de la IA no favorece ni perjudica a una obra de cara a la elección de los futuros premiados en su gala. Lo que importa es el peso de la autoría humana.
De producciones millonarias a cápsulas en pequeñas pantallas
Mientras en la cuna del cine se dictamina qué es bueno y qué es malo, las redes sociales siguen su propio camino. Millones de creadores de contenido, desde sus casas y sin necesidad de grandes inversiones, desarrollan pequeñas obras virales y demuestran sus infinitas posibilidades. Si en los inicios de Instagram muchos dimos el salto a la fotografía y a la edición de imágenes, hoy cualquiera puede convertirse en actor o director de cine dedicándole apenas unas horas.
En China, por ejemplo, se han viralizado microdramas protagonizados por gatos y perros con ropa y comportamientos humanos. Historias de celos, traiciones y romances imposibles, inspiradas en telenovelas. Es la prueba de que la producción audiovisual ya no pertenece solo a los grandes estudios, sino también a un entretenimiento cotidiano y democratizado. Cada avance abre las puertas a nuevas producciones y quizá, en las próximas ceremonias, hasta a una nueva categoría.
Modelos de generación de vídeo como Seedance 2.0, de ByteDance, o la propia Grok, vinculada a Elon Musk, se han hecho virales por su capacidad para crear escenas cinematográficas a partir de instrucciones sencillas. Cuando esas capacidades técnicas se cruzan con la tendencia de los contenidos cortos y con una cantidad casi ilimitada de gente inquieta, aparecen nuevos lenguajes y modas.

El miedo a la irrupción de actores virtuales
Como ya comentamos hace unos meses, el fenómeno afecta incluso al negocio de los influencers. La catalana Aitana fue una de las precursoras virtuales en promocionar productos y marcas, en un mundo irreal que no va más allá de las redes y de las pequeñas pantallas.
En Estados Unidos, Tilly Norwood simboliza como pocas esa versión inquietante y cibernética del fenómeno. Tilly es una actriz sintética que no fue a clases de interpretación ni estudió improvisación alguna. Diseñada para aparecer en películas junto a actores de carne y hueso, no tiene una edad concreta ni momento de descanso. Se ha convertido en la representación del miedo de toda una industria. Personajes codificados que pueden actuar en cualquier tipo de filme y emular todas nuestras emociones y carencias.
¿Desaparición de puestos o evolución natural del séptimo arte?
Lo que más debate suscita es la potencial destrucción de millones de empleos y, desde luego, esa cuestión crucial existe. Pero hay otra más complicada de contestar. ¿Se puede evitar su uso?
El cine, como cualquier otra faceta artística, se mueve entre éxitos y fracasos, errores y aciertos. La perfección pura no existe, y precisamente ahí residen el toque de un director y su huella.
Sin embargo, avanzamos lentamente hacia una cultura de lo perfecto que traerá consigo cierta aseptización de los contenidos. En un mundo en el que casi todo podrá corregirse, se podrán resucitar ídolos desaparecidos, verlos de jóvenes y luego de mayores otra vez. ¿Acabaremos por no sentir nada especial ante estos inventos?
Una realidad ya asumida
Netflix no solo ha comprado una empresa propiedad de una gran estrella ni una de las últimas herramientas de inteligencia artificial aplicadas al lenguaje audiovisual. Se ha posicionado claramente en el futuro de la producción de series y largometrajes, integrando esta nueva herramienta como un pilar más para acelerar y afinar sus obras. No se trata de una moda pasajera. Algo parecido ocurrió en su día con la fotografía. Dentro de unos años, la IA ya no será una novedad, sino una parte fundamental y normalizada del proceso de producción de cualquier película.
El verdadero talento estará en aplicarla en el momento justo, cuando así lo decida el director o prefiera prescindir de ella. En la era de las imágenes depuradas y perfectas, el auténtico genio será quien siga dejando espacio a ese error humano, a esa voz que tiembla, en medio de un conglomerado de algoritmos.
