Alauda Ruiz de Azúa (Barakaldo, 1978) llegó al largometraje después de años detrás de la cámara en la publicidad y de un puñado de cortometrajes, pero cuando lo hizo fue para pegar, en palabras de la crítica, un puñetazo en la mesa. Su ópera prima, Cinco lobitos (2022), nació de una experiencia tan universal como poco filmada: la suya propia al convertirse en madre. Del vértigo de esos primeros meses, del choque entre la idealización y la realidad, salió una de las películas españolas más honestas de la década.
Lo que la movió fue una insatisfacción con las historias existentes. “Los relatos que me encontraba de maternidad hablaban de madres locas, con un tono épico o cómico”, ha explicado la directora, señalando el hueco que quería llenar: el de una maternidad contada desde la ambivalencia, el cansancio y la culpa, sin heroísmo ni caricatura. Cinco lobitos filma a una mujer recién parida que vuelve a casa de sus padres, y de paso retrata el relevo generacional de los cuidados: la hija que cuida a su bebé, la abuela que empieza a necesitar cuidados, la cadena invisible que sostienen siempre las mujeres.

El coste invisible de los cuidados
Ese fue, precisamente, el gran tema que Ruiz de Azúa puso sobre la mesa. “No nos damos cuenta del coste de los cuidados a nivel emocional”, advertía tras el estreno, reivindicando la dimensión política de algo que la sociedad da por descontado. Su cine no denuncia con pancartas: observa lo doméstico con tal precisión que la denuncia emerge sola, de los pequeños gestos, de las conversaciones a media voz, de lo que no se dice.
Cinco lobitos arrasó: se estrenó con éxito en el Festival de Málaga y le valió a su directora el Goya a la mejor dirección novel en 2023, además de convertirse en una de las películas más queridas por público y crítica. Ruiz de Azúa había demostrado que lo íntimo, filmado con verdad, podía ser tan potente como cualquier gran relato.
Querer: el consentimiento como campo minado
Su siguiente paso fue la televisión, y no eligió un tema cómodo. Querer (2024), su primera serie, producida por Movistar Plus+, aborda la violencia sexual dentro del matrimonio: una mujer que, tras décadas de vida conyugal, denuncia a su marido por violación. Un asunto explosivo que la directora rehusó tratar como un panfleto. “Querer puede parecer polémica, pero lo que queríamos era entender, plantear preguntas y dilemas”, explicó sobre una serie que evita el maniqueísmo y prefiere incomodar al espectador antes que darle respuestas fáciles.
La serie confirmó lo que Cinco lobitos había anunciado: que Ruiz de Azúa tiene una capacidad rara para adentrarse en zonas moralmente resbaladizas sin juzgar a sus personajes, dejando que sea el público quien cargue con el conflicto. Querer fue uno de los grandes fenómenos de la ficción española reciente y barrió en los premios del sector.

Los domingos y la pregunta por la libertad
En 2026, Ruiz de Azúa volvió al cine con Los domingos, con la que triunfó en los Goya. Y con ella empezó a ver un hilo que conecta toda su obra. “Tras hacer Cinco lobitos, Querer y Los domingos, comienzo a darme cuenta de que estoy muy interesada en la libertad individual: hasta qué punto somos conscientes de cómo de libres somos”, ha reflexionado, formulando la pregunta que late bajo sus historias de madres, esposas y familias.
Fiel a su costumbre de no simplificar, la directora incluso salió en defensa de las generaciones más jóvenes cuando su última película tocó el tema. “Se culpa a los jóvenes por creer que el pasado era mejor, pero estos jóvenes son nuestros, han crecido en nuestro contexto social”, declaró a El País, negándose a ese discurso fácil que convierte a los adolescentes en el problema en lugar de mirar al mundo que los ha formado.
Y frente al mito del artista atormentado, dejó tras su triunfo en los Goya una frase que funciona como declaración de principios: “No es obligatorio sentirse una impostora, ni en el cine ni en la vida”. Una reivindicación de la naturalidad y del derecho a ocupar el propio lugar sin pedir perdón, especialmente pertinente viniendo de una mujer en un oficio que durante décadas les negó ese sitio.

Una autora de lo cotidiano
Lo que distingue a Alauda Ruiz de Azúa es su capacidad para encontrar en lo doméstico —una madre agotada, un matrimonio roto, una familia un domingo cualquiera— el material de un cine mayúsculo. No necesita grandes acontecimientos: le basta la vida tal como es, filmada sin anestesia y sin subrayados, para plantear las preguntas que de verdad importan. Sobre los cuidados, sobre el consentimiento, sobre la libertad de cada uno.
Con dos películas y una serie ha bastado para situarla en la primera línea del cine español y para confirmar que su mirada —atenta, ética, incómoda cuando hace falta— es una de las más valiosas de su generación. En sus manos, lo íntimo nunca es pequeño: es exactamente donde se juegan las cosas grandes.

