La crítica ★★★☆☆

‘Bad apples’: una maestra al límite frente a un sistema educativo que prefiere mirar hacia otro lado

Saoirse Ronan sostiene esta incómoda comedia negra sobre una profesora que encierra en su casa al alumno que le impide dar clase

'Bad apples', protagonizada por Saoirse Ronan
'Bad apples', protagonizada por Saoirse Ronan
kiloycuarto

María lleva demasiado tiempo intentando dar clase en un colegio de primaria que responde a cada problema con reuniones, protocolos y buenas palabras. La profesora interpretada por Saoirse Ronan apenas consigue atender a sus alumnos porque Danny, un niño de diez años agresivo e imprevisible, interrumpe las lecciones, ataca a sus compañeros y convierte el aula en un espacio imposible. Sus superiores conocen la situación, pero trasladan toda la responsabilidad a la docente y esperan que pueda resolverla con paciencia.

Después de uno de los estallidos del menor, un accidente conduce a María a tomar una decisión que transforma la película: lo encierra en el sótano de su casa. La desaparición produce inmediatamente el resultado que nadie había logrado mediante los cauces institucionales. Los demás niños aprenden, las familias felicitan a la profesora y la dirección celebra la mejora del rendimiento escolar. Jonatan Etzler convierte esa premisa brutal en una sátira sobre un sistema educativo que mide el éxito a través de sus resultados mientras aparta cuanto pueda alterar las cifras.

Saoirse Ronan construye a María desde el agotamiento y evita recurrir a una caricatura de la maestra desequilibrada. Antes de cometer el secuestro ya se encuentra aislada, cuestionada por sus compañeros y atrapada dentro de una profesión que había elegido con vocación. Ronan deja que el deterioro aparezca en las pausas, los gestos tensos y una forma de hablar cada vez más defensiva; su personaje cruza una frontera moral muy clara, pero la actriz consigue que el espectador comprenda el proceso que la ha llevado hasta allí.

Esa cercanía provoca la mayor incomodidad de Bad Apples. La película invita a compartir la frustración de María y después obliga a reconocer hasta qué punto esa empatía puede deformarse cuando Danny deja de ser considerado un niño y pasa a verse como un obstáculo. Eddie Waller aporta al menor la hostilidad necesaria para que la situación resulte asfixiante, aunque también permite percibir la vulnerabilidad de alguien que ha sido desatendido por los adultos. Profesora y alumno pertenecen, en distinta medida, al mismo fracaso institucional.

Cartel de 'Bad apples', protagonizada por Saoirse Ronan
Cartel de ‘Bad apples’, protagonizada por Saoirse Ronan

La ausencia de Danny mejora la vida de casi todos, y ahí se encuentra la idea más incómoda del guion de Jess O’Kane, basado en la novela De oönskade, de Rasmus Andersson. Los padres desean una clase tranquila; la dirección quiere evitar escándalos; los compañeros de Danny disfrutan por fin de un entorno seguro; María recupera el prestigio profesional. Nadie tiene demasiados incentivos para hacer las preguntas adecuadas. Etzler maneja bien esa complicidad colectiva y extrae humor negro del contraste entre el cautiverio del niño y la creciente admiración que despierta su profesora. También acierta al presentar una institución debilitada por la falta de recursos y por un lenguaje burocrático que sirve para disimular su impotencia.

Sin embargo, Bad Apples se muestra más cauta de lo que promete su argumento. La película apunta hacia asuntos complejos —la inclusión educativa, la violencia infantil, la salud mental del profesorado y la facilidad con la que una comunidad sacrifica al individuo conflictivo—, pero no siempre se atreve a desarrollar sus consecuencias. Algunos personajes secundarios quedan reducidos a funciones cómicas y la sátira pierde mordiente cuando la historia necesita tomar una posición más firme.

Esa falta de ferocidad impide que Bad Apples alcance la perturbación de las mejores comedias negras, aunque mantiene el interés gracias a su ritmo y a la ambigüedad que Ronan introduce en cada decisión de María. La actriz protege al personaje de las simplificaciones del guion: permite observar su alivio cuando el aula empieza a funcionar, el pánico ante la posibilidad de ser descubierta y la creciente facilidad con la que encuentra argumentos para prolongar una situación injustificable. La película acaba hablando de la capacidad humana para normalizar una atrocidad cuando esta ofrece beneficios visibles y resuelve un problema que nadie sabía afrontar. Etzler podría haber llevado esa intuición mucho más lejos, especialmente al examinar la responsabilidad del resto de los adultos, pero su debut en inglés conserva suficientes momentos incómodos para sobrevivir a sus concesiones. Bad Apples resulta divertida, inquietante y deliberadamente desagradable, aunque deja la impresión de haberse detenido justo antes de morder con toda su fuerza.

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