Dos horas de cola, 306 asientos ocupados y una ovación a su entrada. Brad Pitt ha regresado al Festival de San Sebastián 17 años después de presentar Malditos bastardos y lo ha hecho sin que su poder de convocatoria parezca haberse debilitado. A sus 62 años continúa siendo una de las últimas estrellas capaces de paralizar un certamen internacional. Durante los 24 minutos que ha durado la rueda de prensa de En el corazón de la bestia, el actor ha hablado de supervivencia, amistad, cuidados y de aquellos “días más oscuros” en los que necesitó apoyarse en las personas cercanas.
Brad Pitt ha comparecido junto al director David Ayer para presentar, fuera de concurso, una película en la que interpreta a James Belmont, un antiguo oficial de las Fuerzas Especiales que queda aislado en Alaska con Odín, su perro de combate, después de un accidente aéreo. El intérprete llevaba una chaqueta y unos pantalones vaqueros, camisa blanca y una corbata rosa que sobresalía bajo la chaqueta. También lucía unas gafas de cristales azules con las que, según explicó, intenta protegerse de la intensidad de la luz.
“Es una historia de supervivencia, pero sobre todo es una historia de amor”, ha resumido. El vínculo entre el soldado y el animal articula una aventura física que acaba hablando de la necesidad de sostenerse mutuamente. “Lucharíamos más por otros de lo que lucharíamos por nosotros mismos. Ese tipo de cuidado, amor y lealtad es lo que los mantiene a los dos”, ha explicado.

La película le ha llevado a pensar en los momentos en los que él mismo ha necesitado ayuda. “En mis días más oscuros, contar mis problemas abiertamente a mi familia y a mis amigos más cercanos lo fue todo”, ha asegurado. También ha defendido que las personas deberían prestar mayor atención a aquello que comparten: “Creo que podríamos escucharnos mejor y sobrepasar las líneas que nos dividen. Quizá deberíamos dedicar más tiempo a aquello en lo que coincidimos”. Su conclusión ha sido sencilla: “Si todos cuidáramos a las personas que tenemos alrededor, el mundo sería un lugar mejor”.
Las palabras adquirían una resonancia inevitable por la historia familiar del actor, aunque durante la comparecencia nadie le preguntó directamente por ella. Brad Pitt y Angelina Jolie pusieron fin a su relación después de un episodio ocurrido en septiembre de 2016 durante un vuelo privado en el que viajaban con sus seis hijos. En documentos judiciales presentados años después, Angelina Jolie sostuvo que Brad Pitt la agarró por la cabeza y la zarandeó, que empujó a uno de sus hijos, estranguló a otro y golpeó a un tercero cuando los menores trataron de intervenir. También aseguró que vertió cerveza y vino sobre ella y los niños. Pitt ha negado haber abusado de su familia. El FBI y los servicios de protección de menores investigaron lo sucedido y cerraron sus actuaciones sin presentar cargos.
Que las investigaciones concluyeran sin acusación penal constituye un dato imprescindible. También lo es que la relación del actor con varios de sus hijos se deterioró profundamente después de aquel vuelo. Shiloh consiguió retirar legalmente el apellido Pitt de su nombre en 2024; Maddox solicitó hacer lo mismo en 2026, y Zahara y Vivienne han utilizado públicamente únicamente el apellido Jolie.

Nada de ello ha supuesto la cancelación profesional de Brad Pitt. El actor ganó el Óscar por Érase una vez en… Hollywood en 2020, ha protagonizado grandes producciones como Bullet Train, Babylon y F1, continúa al frente de Plan B Entertainment y sigue siendo recibido por la industria y por el público como una figura indiscutible. En San Sebastián, las acusaciones no han modificado el ritual reservado a las estrellas: multitudes ante el hotel María Cristina, carreras alrededor de su coche, ovaciones y una sala de prensa abarrotada.
La ausencia de consecuencias profesionales resulta especialmente visible cuando se compara con la facilidad con la que determinadas actrices han visto sus carreras reducidas a una polémica, una denuncia o un comportamiento considerado incómodo. Brad Pitt ha podido conservar el prestigio artístico, el respaldo de los grandes estudios y la imagen pública de hombre sensible que habla sobre la vulnerabilidad masculina. Las acusaciones de Angelina Jolie y el alejamiento de sus hijos aparecen como una nota secundaria dentro de la narración de su renacimiento personal.
En el corazón de la bestia refuerza esa imagen. Pitt interpreta a un hombre herido que aprende a confiar, cuidar y dejarse cuidar. El actor ha definido el rodaje como el trabajo “físicamente más exigente” de su carrera. La película se filmó en Nueva Zelanda, en condiciones complejas y con una fuerte presencia de exteriores. David Ayer, con quien ya había trabajado en Corazones de acero, ha señalado que la historia exigía mostrar a Pitt desde un lugar de mayor vulnerabilidad.
El actor también ha hablado de los cambios que atraviesa la industria. Ha reconocido la caída de espectadores en las salas después de la pandemia y el encarecimiento de las producciones, que llevó a que durante un tiempo solo las películas de gran tamaño pudieran recuperar su inversión. Al mismo tiempo, considera que el streaming ha creado “muchas oportunidades” y ha permitido que circulen una mayor cantidad de historias y talentos.

Su trabajo como productor ocupa cada vez más espacio en esa mirada internacional. Plan B ha abierto una oficina europea en Londres y busca ampliar su actividad fuera de Estados Unidos. Pitt ha explicado que selecciona los proyectos por instinto y que ahora presta especial atención a las personas implicadas: “Quién escribe, quién dirige y quién monta es decisivo”. Su empresa, ha añadido, funciona “un poco como una banda de garaje”, con unos socios atentos al talento que surge en distintas partes del mundo.
De ahí su disposición a trabajar en España. “Por supuesto, estoy totalmente abierto. Cuanto mayores nos hacemos, más interesante resulta estirar las piernas y abrirse a nuevas posibilidades. Me interesaría ver qué podría aprender”, ha respondido. “América ya no es lo suficientemente grande. Es un mundo global”.
En ese posible acercamiento al cine español aparecen dos nombres: Javier Bardem y Penélope Cruz. Pitt coincidió con ambos en The Counselor y volvió a trabajar con Bardem en F1. “Tengo a mis queridos amigos Javier y Penélope, y me encantaría hacer cualquier cosa con ellos”, ha declarado.
Su visita también le ha permitido recorrer San Sebastián. Pitt ha contado que aprovechó el lunes libre para conocer la playa, probar la gastronomía vasca y acercarse a la obra de Eduardo Chillida en Chillida Leku, uno de sus escultores predilectos. “San Sebastián es una ciudad muy bonita. Es fantástico estar aquí de vuelta”, ha dicho antes de ensayar un “bueno, muy bueno” en castellano.
La rueda de prensa ha terminado como empezó: con Brad Pitt ocupando el lugar de la gran estrella. Ha podido hablar de sus heridas sin precisar cuáles, reivindicar el cuidado y recordar la importancia de la familia sin afrontar preguntas sobre el testimonio de Jolie o el distanciamiento de sus hijos, y San Sebastián ha celebrado su presencia y su regreso.

