Penélope Cruz y Javier Bardem han vuelto a compartir pantalla en Búnker, la nueva película del dramaturgo y cineasta francés Florian Zeller, presentada ante una abarrotada sala de prensa del Festival de Venecia. El director de El padre ha utilizado la construcción de un refugio de lujo como punto de partida para hablar del miedo, el aislamiento y la progresiva pérdida de contacto con los demás. En el centro de la historia se encuentra un matrimonio interpretado por los dos actores españoles, cuya relación empieza a resquebrajarse cuando el trabajo de él altera el equilibrio familiar.
Javier Bardem encarna a un arquitecto español de éxito que vive en Londres y recibe el encargo de diseñar un búnker para un poderoso empresario tecnológico. Su mujer, interpretada por Penélope Cruz, trabaja como editora y atraviesa sus propias dificultades para integrarse en el entorno británico. Mientras el proyecto profesional de su marido va ocupando el centro de sus vidas, un conflicto con un vecino por una ventana abierta en la medianera de su lujosa vivienda añade otra expresión del mismo problema: la obsesión por protegerse termina convirtiendo la casa en una frontera.
Florian Zeller escribió el guion pensando en Cruz y Bardem. La relación que mantienen fuera del cine añadía a la película una capa de significado que el director quería aprovechar, aunque sin penetrar en su intimidad. Le interesaba la naturalidad de dos intérpretes que se conocen desde hace más de tres décadas y que han aprendido a separar su trabajo de la vida familiar. Ambos aceptaron el proyecto por la calidad del texto y por la actualidad de los asuntos que aborda.

Cruz explicó en Venecia que el rodaje resultó posible gracias a la confianza establecida con el director desde su primera reunión. Su presencia fue especialmente importante durante las secuencias de mayor intensidad emocional, en las que la cercanía entre los actores y los personajes podía producir cierta confusión. Zeller actuó como mediador y creó un espacio en el que ambos se sintieron protegidos, respetando los límites que habían fijado.
La actriz aseguró que ella y Bardem mantienen un “buen equilibrio entre la esfera personal y la profesional”. La experiencia acumulada juntos está inevitablemente presente en sus interpretaciones, aunque ninguno de los dos necesitó trasladar episodios concretos de su matrimonio a la ficción. Bardem lo resumió al señalar que su oficio consiste precisamente en construir una realidad creíble dentro de un territorio inventado.
Búnker es la primera película que protagonizan juntos desde Loving Pablo, estrenada en 2017, aunque posteriormente coincidieron en Todos lo saben, de Asghar Farhadi. Antes habían trabajado en Jamón, jamón, el largometraje de Bigas Luna que los reunió por primera vez en 1992, y en Vicky Cristina Barcelona, de Woody Allen, durante cuyo rodaje comenzó su relación sentimental. La nueva colaboración llega en una etapa de plena madurez para ambos y con un material que utiliza su complicidad sin convertirla en reclamo anecdótico.
La película alterna el inglés y el español. Los protagonistas hablan en inglés con sus vecinos y compañeros de trabajo, mientras recuperan su lengua cuando están solos. Para Cruz, esa convivencia de idiomas refleja un cambio importante en la industria internacional. Hace unos años, según recordó, resultaba difícil financiar historias multiculturales y los intérpretes españoles debían asumir con frecuencia personajes de otras nacionalidades cuando trabajaban fuera. La presencia de distintos acentos y lenguas empieza ahora a incorporarse a las películas con mayor naturalidad.
El reparto incluye a Stephen Graham como el vecino afectado por la gentrificación, Paul Dano en el papel del magnate tecnológico y Patrick Schwarzenegger como uno de los escritores del catálogo gestionado por el personaje de Cruz. A través de ellos, Zeller amplía el conflicto matrimonial y conecta la intimidad de la pareja con cuestiones relacionadas con la vivienda, la desigualdad y el poder acumulado por una élite tecnológica que se prepara para sobrevivir a las catástrofes de las que pretende aislarse.

La idea nació después de que el cineasta leyera que un conocido multimillonario tecnológico estaba construyendo un refugio secreto en Hawái. Le llamó la atención la paradoja de que alguien enriquecido mediante herramientas creadas para conectar a millones de personas quisiera encerrarse lejos de ellas. El búnker físico terminó convirtiéndose en la expresión de otro aislamiento más extendido, alimentado por el temor, la desconfianza y una forma de vida diseñada en buena medida por las propias compañías tecnológicas.
Cruz reconoció que ese planteamiento fue decisivo para aceptar el personaje. Le preocupan la manipulación social, el debilitamiento de la empatía y la facilidad con la que las personas asumen dinámicas que las separan de los demás. La actriz se mostró especialmente crítica con la pasividad ante una situación que considera evidente y encontró cierto margen de esperanza en las generaciones jóvenes, a las que ve más interesadas en la política y dispuestas a reaccionar.
Bardem también defendió el derecho de los intérpretes a pronunciarse sobre los asuntos que les afectan como ciudadanos. A su juicio, el compromiso personal de un artista tiene el mismo origen que el de cualquier otro trabajador, aunque la popularidad le proporcione un altavoz más amplio. El actor ha utilizado con frecuencia esa visibilidad para intervenir en debates públicos y considera que debe seguir haciéndolo cuando una causa coincide con sus convicciones. “Nos tratan como marionetas y no reaccionamos”, declaró sobre los últimos movimientos políticos.
La presentación de Búnker permitió además a los dos intérpretes celebrar el momento internacional del cine español. Cruz ha participado recientemente en La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi, mientras Bardem protagoniza El ser querido, la nueva película de Rodrigo Sorogoyen. El actor recordó en Venecia que la industria española lleva décadas produciendo obras de calidad y valoró que sus películas circulen ahora con mayor facilidad y sean recibidas con respeto fuera del país.
Con Búnker, Florian Zeller coloca una crisis matrimonial dentro de una discusión contemporánea sobre el miedo y el privilegio. El refugio que promete seguridad al millonario introduce la amenaza en la casa del arquitecto encargado de construirlo. Cruz y Bardem interpretan a una pareja que descubre cómo el aislamiento puede avanzar detrás de una apariencia de éxito, hasta deteriorar los vínculos que deberían ofrecer protección.

