León XIV

De ‘La vida es bella’ a Wordle: el lado pop de León XIV

Políglota, aficionado al cine clásico y jugador diario de Wordle, Robert Francis Prevost proyecta una imagen cultural más cercana de lo habitual para un pontífice: entre la tradición católica, la memoria de Perú y los hábitos reconocibles de cualquier usuario del siglo XXI

León XIV llegará a Madrid el 6 de junio.
El Papa León XIV
VaticanNews

La visita de León XIV a España ha vuelto a situar al pontífice en el centro de la conversación pública. También en un lugar menos solemne, pero quizá más revelador: el de sus gustos culturales. Nacido en Chicago como Robert Francis Prevost, el Papa parece moverse con naturalidad entre la tradición católica, la cultura popular y algunos hábitos cotidianos que lo acercan a una figura menos distante de lo habitual.

No se trata solo de una cuestión de imagen. En los últimos meses, León XIV ha dejado ver una relación fluida con el cine, la música, los juegos de palabras y la tecnología. Un perfil inesperadamente reconocible para quien ocupa uno de los cargos más antiguos y simbólicos del mundo.

Un cinéfilo con mensaje

El Papa nunca ha ocultado su amor por la gran pantalla. Antes de un encuentro con representantes del mundo del cine en el Vaticano, reveló una breve lista de películas favoritas que dice bastante de su sensibilidad: Qué bello es vivir, Sonrisas y lágrimas, Gente corriente y La vida es bella.

Son películas muy distintas, pero todas orbitan alrededor de temas reconocibles en el imaginario católico: la esperanza, la familia, el sufrimiento, la reparación y la dignidad humana. Qué bello es vivir, de Frank Capra, es casi una fábula sobre el valor invisible de una vida. Sonrisas y lágrimas convierte la música y la familia en refugio frente al horror histórico. La vida es bella, de Roberto Benigni, aborda el Holocausto desde una mezcla discutida de ternura, humor y tragedia. Y Gente corriente, dirigida por Robert Redford, observa el duelo y la culpa dentro de una familia aparentemente perfecta.

León XIV no llegó a conocer a Redford —cosa que hizo su predecesor, el Papa Francisco— fallecido en 2025, pero sí se ha reunido con otro icono del cine estadounidense que comparte nombre con el pontífice: Robert De Niro. El gesto encaja con una voluntad más amplia del Vaticano de mantener abierto el diálogo con el mundo artístico, una línea que ya había cultivado Francisco y que el nuevo pontífice parece dispuesto a continuar.

Julie Andrews protagonizó 'Sonrisas y lágrimas' en 1965
Un fotograma de ‘Sonrisas y lágrimas’ (1965)
20th Century Fox

El Papa del Wordle

Quizá el rasgo más inesperado de León XIV no esté en una sala de cine, sino en la pantalla del móvil. Según ha contado su hermano, John Prevost, el Papa juega a Wordle y a Words With Friends, dos juegos de palabras que forman parte de su rutina diaria. La imagen tiene algo de irresistible: el líder de la Iglesia católica resolviendo un pasatiempo lingüístico como millones de usuarios anónimos en todo el mundo.

La anécdota funciona porque humaniza sin solemnizar. También porque encaja con otro rasgo del pontífice: su facilidad para las lenguas. Prevost habla varios idiomas y ha desarrollado buena parte de su vida pastoral entre Estados Unidos, Roma y Perú. Esa mezcla de biografía internacional y curiosidad lingüística ayuda a explicar que sus formas culturales no parezcan limitadas a un único territorio.

Su relación con la tecnología, sin embargo, no es ingenua. León XIV ha descrito la inteligencia artificial como una nueva revolución industrial y ha insistido en que debe estar al servicio de la dignidad humana. En ese punto, el Papa del Wordle deja de ser solo una curiosidad amable y se convierte también en una figura que intenta pensar el presente digital desde categorías morales.

Una banda sonora entre Italia y Perú

Los gustos musicales de León XIV también parecen responder a una biografía partida entre varios mundos. Se ha hablado de su admiración por voces populares como Laura Pausini, pero su vínculo más significativo con la música está probablemente en Perú, país donde ejerció como misionero y obispo de Chiclayo.

Laura Pausini actua en el festival de San Remo en 2021.
Laura Pausini actuando en el festival de San Remo en 2021.
EFE/EPA/ETTORE FERRARI

Allí se construyó una parte decisiva de su identidad pública. La música peruana, las celebraciones comunitarias y la relación con una religiosidad más popular forman parte de esa memoria. En redes ha circulado incluso un vídeo del entonces obispo cantando Feliz Navidad en Perú, una escena menor, casi doméstica, pero reveladora de esa imagen más cercana que ahora acompaña al pontífice.

Cultura popular y autoridad antigua

La figura del Papa siempre ha tenido algo de contradictorio: un líder espiritual revestido de símbolos milenarios que, al mismo tiempo, debe hablar a sociedades atravesadas por el consumo cultural, las pantallas, la música, el deporte y las redes. En León XIV esa tensión parece especialmente visible.

Su afición al tenis, su apoyo a los Chicago White Sox o su costumbre de jugar a Wordle no cambian el peso doctrinal de su cargo, pero sí modifican la manera en que se le percibe. Lo hacen menos lejano, menos encerrado en la abstracción de la institución. También lo sitúan en una tradición reciente de pontífices cuya personalidad pública se construye no solo a través de encíclicas y homilías, sino también mediante gestos, preferencias y pequeñas escenas reconocibles.

El “Papa pop” no es necesariamente un Papa frívolo. Más bien señala una forma contemporánea de autoridad: una que ya no puede separarse del todo de la cultura que la rodea. Entre La vida es bella, Wordle, Robert De Niro y los recuerdos de Perú, León XIV empieza a construir una imagen propia, menos solemne de lo esperado y, quizá por eso mismo, más eficaz.

TAGS DE ESTA NOTICIA