Cuando Ellie Williams apareció por primera vez en 2013, nadie imaginaba que esa adolescente huraña y con una lengua afilada terminaría convirtiéndose en uno de los personajes más influyentes de la historia de los videojuegos. Más de una década después, su nombre sigue apareciendo en debates sobre representación, en tesis universitarias y en portadas de revistas de entretenimiento. ¿Qué hizo que una superviviente de un mundo infestado por hongos zombis se transformara en un símbolo cultural que trasciende las pantallas?
Una protagonista que rompió el molde desde el primer minuto
Antes de Ellie Williams, las mujeres en los videojuegos de acción solían encajar en dos moldes muy rígidos: la damisela en apuros o la heroína de fuerza bruta sin matices. Ellie llegó para desmontar esa fórmula. Su fuerza no residía únicamente en su capacidad de sobrevivir a los infectados, sino en su inteligencia, su ingenio y su resiliencia emocional, cualidades que el propio juego presentaba como igual de valiosas que la fuerza física.
Ese matiz cambió las reglas del juego, nunca mejor dicho. Sin Ellie, sencillamente no habría The Last of Us: toda la trama, el vínculo con Joel y el motor emocional de la historia giran en torno a ella, aunque en el primer título fuera técnicamente la deuteragonista.
Una actuación que marcó un antes y un después

Gran parte de la magia de Ellie no habría existido sin el trabajo de Ashley Johnson, encargada de la captura de movimiento y la voz del personaje. Su interpretación aportó una profundidad emocional que convirtió a Ellie en algo mucho más grande que un personaje secundario: se transformó en el verdadero núcleo emocional de la historia.
La crítica especializada lo reconoció rápidamente. Johnson se llevó a casa el premio BAFTA Games a Mejor Intérprete en 2014, y repitió galardón similar en 2015. A eso se sumaron reconocimientos como mejor interpretación de personaje en los premios D.I.C.E. de 2014 y mejor actriz de voz en los Spike Video Game Awards de ese mismo año. Pocas veces un videojuego había conseguido que la actuación de un personaje se discutiera en los mismos términos que una gran producción cinematográfica.
El hito silencioso de la representación LGBTQ+
Si hay un punto en el que la industria coincide en señalar a Ellie Williams como pionera, es la representación LGBTQ+. Cuando el DLC Left Behind reveló la sexualidad del personaje, marcó un momento decisivo para los videojuegos de gran presupuesto. A diferencia de otros personajes queer relegados a subtramas opcionales o papeles menores, la identidad de Ellie estaba integrada de forma natural en el núcleo de la narrativa.
Su relación con Dina, lejos de ser un gesto simbólico, se convirtió en un eje narrativo central en The Last of Us: Parte II. Para muchos jugadores, especialmente adolescentes en el momento del lanzamiento, fue la primera vez que vieron una identidad como la suya protagonizando un videojuego triple A sin ser tratada como una anécdota.
Cuando Ellie Williams se volvió incómoda

La segunda entrega llevó a Ellie a un terreno mucho más oscuro. Ya no era la niña que sobrevivía; ahora era una joven adulta consumida por el duelo y la venganza. La crítica profesional destacó ese giro por su forma implacable de retratar las consecuencias del trauma, el compromiso moral y los ciclos de violencia.
Esa decisión narrativa dividió a la comunidad, pero también reforzó algo fundamental: la fuerza y la vulnerabilidad pueden convivir en un mismo personaje, y la complejidad moral no resta atractivo, lo multiplica. El propio debate en torno a The Last of Us: Parte II —amado por unos, rechazado por otros— es en sí mismo una prueba de cuánto le importaba al público lo que le pasara a Ellie.
El salto a la televisión: de los mandos a la pantalla
Cuando HBO anunció la adaptación, la pregunta que sobrevolaba a los fans era simple: ¿se podía trasladar tanta complejidad a otro formato? La serie apostó por mantener intactas las tramas de representación del videojuego, incluyendo capítulos muy celebrados por su tratamiento sensible de las relaciones LGBTQ+.
El resultado convirtió a Ellie en un referente cultural que ya no pertenece únicamente a los videojuegos. Bella Ramsey heredó el papel y logró conectar con una audiencia que jamás había tocado un mando de PlayStation, demostrando que la escritura sólida de un personaje puede sobrevivir al cambio de medio.
No todo fueron aplausos: parte de la crítica considera que la adaptación televisiva suavizó la brutalidad y la rabia que definían a la Ellie del videojuego, especialmente en su segunda temporada. Ese contraste entre versiones alimenta, hasta hoy, discusiones constantes entre fans de ambos formatos.
Un fenómeno que se escapó de la pantalla

El impacto de Ellie Williams no se mide solo en premios o cifras de ventas. Se mide en el fanart que sigue produciéndose años después, en el cosplay que llena convenciones, en el fanfiction y en los vídeos de análisis que continúan apareciendo en YouTube. Para muchas jugadoras jóvenes, Ellie se convirtió en un modelo de fuerza y resiliencia que iba más allá de la ficción.
El personaje tampoco estuvo exento de polémicas ajenas al guion: antes de su transición, el actor Elliot Page fue comparado repetidamente con Ellie por su parecido físico, algo que él mismo comentó públicamente sin demasiado entusiasmo. Incluso los debates de casting para la serie —entre fans que defendían a Bella Ramsey y quienes preferían otras opciones— revelan lo mismo: un grado de apego emocional al personaje poco habitual en la cultura gamer.
Por qué seguimos hablando Ellie Williams
Trece años después de su debut, Ellie Williams sigue citándose como referencia obligada cuando se habla de personajes femeninos bien escritos, de representación LGBTQ+ en videojuegos o de adaptaciones exitosas entre medios. Su legado no está en una sola cualidad, sino en la suma de todas: una interpretación premiada, una identidad que rompió tabúes, una evolución narrativa valiente y una capacidad poco común para saltar de los píxeles a la pantalla sin perder su esencia.
Puede que Joel abriera la puerta de The Last of Us, pero fue Ellie quien terminó definiendo lo que la franquicia —y buena parte de la industria— significa hoy.

