Eduardo Mendoza, escritor: “Hay un escritor que, cuando lo descubrí, me mostró la forma en que quería escribir”

Eduardo Mendoza ha reconocido la influencia decisiva de Pío Baroja, el autor que le ayudó a descubrir cómo quería escribir

Eduardo Mendoza - Cultura
Una fotografía de archivo del escritor.
EFE

Hay escritores que no solo se leen: también enseñan a mirar una página en blanco. Para Eduardo Mendoza, uno de esos nombres fue Pío Baroja. El autor barcelonés, una de las voces fundamentales de la narrativa española contemporánea, ha reconocido en varias ocasiones la importancia que tuvo el novelista vasco en su manera de entender la literatura. No como una influencia solemne, de esas que se guardan en una vitrina, sino como algo más cercano: un modelo posible, una puerta de entrada, una forma de descubrir que escribir podía ser otra cosa.

La frase de Eduardo Mendoza es directa y muy reveladora: “Yo descubrí cómo quería escribir leyendo a Baroja”. No habla solo de admiración. Habla de reconocimiento. De ese momento en el que un lector, todavía en formación, encuentra en otro escritor una manera de ordenar el mundo, de construir personajes y de avanzar por una historia sin demasiada reverencia ni demasiada rigidez. En el caso de Mendoza, Pío Baroja fue eso: una compañía decisiva.

Pío Baroja, el maestro cercano de Eduardo Mendoza

Eduardo Mendoza
El escritor Eduardo Mendoza, Premio Princesa de Asturias de las Letras.

Eduardo Mendoza ha explicado que uno puede leer a Kafka, a Cervantes o a Tolstói y reconocer de inmediato la grandeza. Pero esos autores, precisamente por su altura, pueden quedar demasiado lejos. Se admiran, se estudian e incluso se veneran. Pero no siempre sirven como modelo práctico para quien empieza a preguntarse qué tipo de escritor quiere ser. Pío Baroja, en cambio, aparecía ante Mendoza como una figura más próxima.

Esa proximidad no significa menor importancia. Al contrario. Para Eduardo Mendoza, Pío Baroja ofrecía una libertad narrativa que resultaba profundamente útil. Sus novelas podían parecer imperfectas, ásperas o desordenadas, pero tenían algo que el autor de La verdad sobre el caso Savolta supo detectar muy pronto: una energía difícil de imitar y una manera de contar que no parecía pedir permiso.

Baroja escribía con una naturalidad feroz. Sus personajes se movían por la vida con hambre, cansancio, ironía y desencanto. Sus tramas avanzaban sin la obligación de parecer redondas. Había en él una especie de respiración callejera, una forma de mirar la realidad sin maquillarla demasiado. Y esa libertad fue, para Mendoza, una influencia magnífica.

‘La busca’, una novela clave para entender esa influencia

La busca - Cultura
Portada de la novela de Pío Baroja.
Alianza Editorial

Entre los libros asociados a esa admiración aparece La busca, una de las grandes novelas de Pío Baroja y una pieza esencial de su trilogía La lucha por la vida. No es difícil entender por qué pudo interesar tanto a Eduardo Mendoza. En sus páginas hay ciudad, marginalidad, movimiento, humor seco, observación social y una enorme capacidad para convertir el caos urbano en literatura.

Todo eso conecta, de algún modo, con la propia obra de Eduardo Mendoza. Barcelona tiene en sus novelas un peso parecido al que Madrid puede tener en Baroja: no es solo un decorado, sino un organismo vivo. Una ciudad contradictoria, llena de personajes que entran y salen, de miserias pequeñas, de ambiciones ridículas y de escenas que mezclan lo trágico con lo cómico.

Por eso la influencia de Pío Baroja en Eduardo Mendoza no debe entenderse como una copia de estilo. Mendoza no escribe como el eterno clásico de la literatura española. Lo que encuentra en él es una enseñanza más profunda: la posibilidad de narrar con libertad, de no convertir la expresión en una ceremonia solemne, de aceptar que una novela puede ser inteligente, crítica y divertida al mismo tiempo.

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