La presencia de alienígenas en nuestro planeta es un tema que ha obsesionado a Steven Spielberg desde que lo abordó por primera vez en la película perdida Firelight (1964), que rodó cuando aún era adolescente. Sus visiones de cómo la humanidad podría interactuar con visitantes interestelares, plasmadas sucesivamente en ‘Encuentros en la tercera fase’ (1977), ‘E.T. el extraterrestre’ (1982), ‘La guerra de los mundos’ (2005) e ‘Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal’ (2008), se han vuelto tan populares que no es exagerado decir que ningún artista ha influido más que él en la representación cultural de las formas de vida extraterrestres. Teniendo eso en cuenta, muchos esperaban que su nuevo largometraje, ‘El día de la revelación’, ofreciera una última palabra definitiva y profunda sobre el tema, y lo lejos que está de lograrlo la convierte en una de las películas más decepcionantes de la carrera del maestro.

Su tesis sobre la vida extraterrestre es sorprendentemente pobre en ideas y carente de inspiración; sus diálogos dan la impresión de haber sido escritos por un guionista que nunca ha escuchado a los seres humanos conversar —su responsable fue David Koepp, colaborador habitual de Spielberg—; sus discursos y su simbolismo religiosos se combinan con referencias risibles a Hansel y Gretel e imágenes de animales toscamente generados por ordenador, de modo que pierden todo su efecto; y, en general, si bien sugiere que la ficción tiene el poder de generar conocimiento y empatía y así contribuir a salvarnos del colapso, al mismo tiempo deja claro que no tiene ni idea de cómo hacerlo.
Desarrollada a partir de una idea original de Spielberg que Koepp se encargó de desarrollar, la historia es buena parte del problema, sobre todo porque es prácticamente inexistente. En el fondo, ‘La idea de la revelación’ no es más que una larga persecución entre un pequeño grupo de personas decididas a revelar al mundo la existencia de formas de vida extraterrestre y una oscura organización que tiene motivos supuestamente poderosos para evitarlo; entre ellos destacan un remedo de Edward Snowden rebelde e idealista y una meteoróloga (Emily Blunt) que de repente descubre que puede hablar todas las lenguas de la Tierra —y algunas de otros lugares— y leer los pensamientos de los demás, a quienes además ofrece consejos. Uno de esos personajes no tiene idea de lo que está haciendo ni por qué, mientras que el otro se niega a explicarlo, por lo que resulta difícil implicarse emocionalmente en su periplo. En ese sentido, tampoco ayuda que tanto ellos como el villano de saldo que intenta darles caza (Colin Firth) tengan acceso intermitente a un artefacto extraterrestre que permite a quien lo posee lograr prácticamente cualquier cosa, desde la bilocación hasta el control mental.

Dicho de otro modo, ‘El día de la revelación’ podría definirse como el resultado de mezclar una versión sin chistes de Men in Black (1997) con un episodio bastante soso de Expediente X en el que unas personas sin interés son perseguidas por otras personas sin interés. Spielberg, todo hay que decirlo, trata de complicar las cosas situando la acción alienígena en el contexto de la amenaza de una guerra nuclear global y, sobre todo, añadiendo preguntas adicionales que la película no se molesta en responder; para preguntarse cómo pueden los extraterrestres coexistir con la creencia en Dios, por ejemplo, el director nos presenta a una antigua monja que habla del tema en dos escenas, y ya. Asimismo, los personajes recitan largas parrafadas de diálogos expositivos que en ningún caso logran dar sentido a la lógica de una película aparentemente convencida de que los canales de televisión siguen teniendo más impacto informativo que internet, y de que en 2026 una prueba en vídeo sería inmediatamente irrefutable y convincente para una audiencia planetaria.

Dicho todo esto, ‘El día de la revelación’ no resultará tan insatisfactoria para quienes compartan el optimismo casi insensato que Spielberg deposita en ella. Para el director, los alienígenas tienen el potencial de sanar naciones fracturadas y un mundo al borde del colapso transformando instantáneamente la conciencia colectiva de la humanidad. La película en conjunto debe entenderse como una defensa de la empatía como la virtud fundamental que nos eleva y neutraliza nuestros impulsos autodestructivos.

El problema es que, para transmitir esa idea, su peripecia argumental avanza a golpe de giros aleatorios que no hacen sino generar enormes problemas de verosimilitud y, quizá para disimularlos, Spielberg mantiene un ritmo narrativo frenético mientras incorpora al relato camiones de bomberos invisibles, individuos capaces de teletransportarse e incluso una secuencia en la que un vehículo fuera de control queda enganchado y un puñado de solventes secuencias de acción. Si a pesar de ellas la película no logra generar tensión narrativa se debe en buena medida al extraño tono que adopta, a ratos pomposo y a ratos tontorrón. En cualquier caso, lo que más se echa en falta de ella no es eso. Encuentros en la tercera fase y E.T. el extraterrestre son ficciones extraordinariamente capaces de asombrar, fascinar y llenarnos de curiosidad por la posible existencia de otros mundos. La sensación que El día de la revelación transmite principalmente es una profunda confusión.

