Emily Blunt (Londres, 1983) parece haber alcanzado ese raro estatus reservado para unas pocas estrellas. Es la actriz del momento. La mujer del cine de autor, de las grandes superproducciones, de las películas de Oscar. En apenas tres años ha encadenado Oppenheimer, el fenómeno de Christopher Nolan; The Fall Guy, junto a Ryan Gosling; The Smashing Machine, con los hermanos Safdie, la secuela de El Diablo Viste de Prada y ahora Disclosure Day, la nueva incursión de Steven Spielberg en la ciencia ficción.
En Hollywood hace tiempo que dejó de ser la británica que conquistó al público con Mary Poppins. Casada desde 2010 con el actor y director John Krasinski, uno de los hombres más influyentes de la industria gracias al éxito de A Quiet Place, y cercana desde hace años al círculo de George y Amal Clooney, la pareja celebró su boda en la residencia que el actor posee junto al lago de Como, Emily Blunt ocupa una posición privilegiada en la geografía del poder hollywoodiense. Pero reducir su ascenso a sus relaciones personales sería injusto. Lo que la ha convertido en una de las intérpretes más cotizadas de su generación es una versatilidad que parece no tener techo.
Emily Blunt, la actriz de Disclosure Day
Spielberg la eligió para encabezar Disclosure Day, una historia sobre el descubrimiento de inteligencia no humana en la Tierra. En una de las secuencias más comentadas de la película, su personaje comienza a hablar en una lengua extraterrestre. Blunt insistió en crear ella misma aquellos sonidos extraños, rechazando el uso de inteligencia artificial. La decisión resume bien su forma de entender su oficio de una forma artesanal y profundamente humana.
Durante una conversación con varios medios internacionales entre los que se encontraba Artículo14, la actriz habló sobre la dependencia emocional, la soledad del trabajo interpretativo, el duelo que siente cuando termina un rodaje y la razón por la que todavía afronta cada personaje con la inseguridad de quien empieza de nuevo.
-A lo largo de más de dos décadas la hemos visto interpretar personajes muy diferentes. ¿Qué encontraste en este personaje?
-Creo que muchas veces las mujeres, tanto en la vida real como en el cine, están obligadas a responder a una especie de ideal femenino. Existe una expectativa de que sean siempre buenas, siempre disponibles para los demás. Lo que me interesó es escapar de esa idea de la mano de Steven Spielberg.

-La película habla de extraterrestres en la tierra. ¿Hasta qué punto crees en su existencia?
-Es una gran pregunta. El peligro aparece cuando todo tu sentido de identidad depende de cómo vemos a los demás. Es un juego muy peligroso. La película no idealiza la presencia de extraterrestres. Habla de comunicación, de posibilidades y yo, desde luego, creo que no estamos solos en el universo.
-Vienes de encadenar Oppenheimer, The Fall Guy, The Smashing Machine y ahora Disclosure Day. Son películas completamente distintas. ¿Cómo consigue saltar de un universo a otro?
-Rodé Oppenheimer primero, después hice The Fall Guy y luego me tomé un año y medio de descanso antes de empezar The Smashing Machine. Después vendrían El Diablo Viste de Prada y Disclosure Day. Para mí cada personaje exige una inmersión total. Cuando estoy en una película solo pienso en esa película.
-¿Cómo es ese proceso de preparación?
-Muy solitario. Todo ocurre dentro de ti hasta que llega el momento de mostrarlo. Y ese primer día siempre da miedo. Piensas: “Así veo a este personaje. Espero que también sea como lo imagina el director”.
-¿Sigues sintiendo esa inseguridad incluso después de trabajar con cineastas como Christopher Nolan o Steven Spielberg?
-Sí. Recuerdo la primera vez que enseñé a Christopher Nolan lo que había preparado para Katherine Oppenheimer. Había trabajado durante mucho tiempo en la voz y en la personalidad del personaje. Siempre esperas que encaje con la visión del director.
-¿Cuándo desaparece ese miedo?
-Cuando entiendes que estás construyendo algo junto al director. Cuando compartes tus ideas y son aceptadas. Entonces aparece el sentido de comunidad. Ahí es cuando el trabajo se vuelve realmente una colaboración.

-Has comparado el trabajo de un actor con el de un deportista de élite.
-Porque tiene algo de viaje individual. Pienso mucho en los pilotos de Fórmula 1 o en los tenistas. Hay algo muy solitario en esa preparación. Después sales y tienes que demostrarlo. La interpretación es igual
-¿Y qué ocurre cuando termina una película?
-Que lo paso fatal. Siento una especie de duelo. A veces tengo que pasar una semana mirando una pared. Me cuesta muchísimo dejar atrás un rodaje.
-En Disclosure Day interpretas a una mujer que acaba comunicándose en un lenguaje no humano. Usted insistió en grabar personalmente esos sonidos.
-Sí. Había distintas posibilidades para hacerlo. Incluso recurrir a la inteligencia artificial. Pero esa idea me daba un poco de miedo.
-¿Por qué?
-Porque quería que saliera de mí. Grabamos respiraciones, chasquidos, zumbidos, sonidos muy extraños. Colocaron un micrófono junto a mi boca y otro cerca de la garganta. Después el diseñador de sonido construyó algo realmente raro a partir de todo aquello.
-Spielberg ha expresado sus reservas respecto al uso creativo de la inteligencia artificial.
-Creo que ambos compartimos la idea de que las herramientas pueden ayudar, pero la emoción tiene que seguir siendo humana.
-En una industria cada vez más expuesta a las redes sociales, pareces mantener cierta distancia.
-Intento vivir al margen de todo eso. No leo críticas ni paso demasiado tiempo pensando en lo que la gente opina de mí. Es la única manera de mantener la cabeza en su sitio.
-¿Te gustaría que sus hijas siguieran tus pasos?
-La verdad es que me da un poco de vértigo. Siempre digo que es una profesión maravillosa, pero también muy dura. Hay mucho rechazo y muchas decepciones. No es un camino sencillo.
-¿Qué sigue impulsándote después de tantos años?
-La curiosidad. La sensación de que cada personaje es una experiencia nueva. Cuando una película termina tienes que dejarte secuestrar por la siguiente historia.

