Consejo de Ministros

El Estatuto del Artista avanza en la protección de menores, pero deja pendiente la regulación de la IA

El Gobierno ha aprobado un real decreto que afecta a cerca de 771.000 personas trabajadoras del sector cultural, refuerza la protección de los menores y regula las escenas íntimas, aunque deja fuera la inteligencia artificial generativa

La directora Avelina Prat con los actores Maria de Medeiros y Manolo Solo en el rodaje de 'Una quinta portuguesa'.
La directora Avelina Prat con los actores Maria de Medeiros y Manolo Solo en el rodaje de 'Una quinta portuguesa'.
Carlos Lobo

El pasado martes, el Consejo de Ministros dio un paso relevante para las industrias creativas en España. A propuesta del Ministerio de Trabajo y Economía Social, el Gobierno aprobó un real decreto que regula la relación laboral especial de los artistas en las artes escénicas, audiovisuales y musicales, así como la del personal técnico y auxiliar necesario para el desarrollo de esas actividades.

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, defendió la medida como “la gran reforma laboral de la gente de la cultura” y afirmó que con ella se supera una regulación “vieja” que databa de 1985. Según Díaz, la normativa anterior seguía marcada por el “concepto franquista de espectáculo público”, mientras que el nuevo texto adapta el sector al siglo XXI. La reforma afecta a unas 771.000 personas trabajadoras, el 3,6% del empleo total en España.

Una norma para un sector intermitente

La reforma busca ampliar el paraguas legal que protegía a los intérpretes para incluir también al personal técnico y auxiliar que trabaja en platós, teatros, salas de concierto y otros espacios de creación. Uno de los cambios más relevantes tiene que ver con la definición del tiempo de trabajo efectivo. Durante años, artistas y sindicatos han reclamado que las actividades que rodean la interpretación también sean reconocidas como trabajo. El nuevo decreto incluye ensayos, preproducción, posproducción, preparación de guion y actividades promocionales como horas de trabajo que deben ser compensadas y computadas en las cotizaciones a la Seguridad Social.

Además, el texto aborda la inestabilidad habitual del sector al permitir el prorrateo de las vacaciones no disfrutadas en contratos temporales o de corta duración, una situación frecuente en un ámbito marcado por la intermitencia. También refuerza la transparencia salarial. Las empresas deberán especificar de forma individual todos los conceptos retributivos, tanto salariales como no salariales, en las nóminas. Esto incluye la obligación de diferenciar con claridad los pagos por cesión de derechos de propiedad intelectual cuando no estén sometidos a gestión colectiva.

Menores e intimidad: nuevas garantías

Por primera vez, el Estatuto del Artista incorpora una regulación detallada del trabajo de los menores de 16 años. Díaz insistió en la necesidad de acabar con situaciones que definió como “explotación infantil” en el ámbito cultural. La nueva norma establece que el único trabajo permitido para menores de 16 años será por cuenta ajena, con contrato formal y autorización administrativa.

La medida afecta también al fenómeno de los menores creadores de contenido en plataformas como Instagram o YouTube. El objetivo es impedir que trabajen bajo fórmulas de autoempleo o sin una empresa responsable de la relación laboral. La reforma fija además límites de jornada y periodos de descanso según la edad, e incluye restricciones concretas al trabajo nocturno para personas de 16 y 17 años.

La seguridad y la dignidad en los rodajes también ocupan un lugar central en el texto. Tras años de debate en la industria, el Gobierno introduce la figura de la persona coordinadora de intimidad. Su presencia será obligatoria durante la filmación o interpretación de escenas íntimas o sexuales, con el objetivo de garantizar el consentimiento y prevenir situaciones de acoso o abuso. Cuando participen menores, esa función de protección deberá reforzarse.

La IA queda fuera del decreto

Pese a la valoración positiva de sindicatos como CCOO, UGT, la Unión de Actores y Actrices y CONARTE, la reforma llega con una ausencia importante: la regulación de la inteligencia artificial generativa. Las organizaciones sindicales han lamentado que el decreto no incluya límites sobre una tecnología que consideran una amenaza para el sector.

La intención inicial era incorporar medidas que garantizasen que la IA generativa no pudiera sustituir o eliminar la participación de artistas humanos. Sin embargo, el Consejo de Estado emitió un informe desfavorable sobre ese punto. El obstáculo jurídico está en que la regulación de la IA en este contexto afecta a derechos fundamentales, como la propia imagen o la voz, y no puede articularse mediante un real decreto. Requiere una ley orgánica.

Los sindicatos advierten de que dejar la IA a la negociación individual coloca a los trabajadores en una posición vulnerable. Reclaman modelos claros de protección y transparencia para evitar que voces, rostros e interpretaciones puedan ser reproducidos o explotados sin garantías suficientes. El Gobierno, por su parte, se ha comprometido a crear comisiones técnicas para estudiar futuras medidas sobre recualificación profesional y el impacto de las nuevas tecnologías.

Un avance con una frontera pendiente

Con esta reforma laboral cultural, el sector entra en una etapa de transición. Por un lado, deja atrás una regulación de hace cuatro décadas y reconoce derechos concretos para artistas, técnicos y personal auxiliar: contratos más claros, rodajes más seguros, protección para los menores, nóminas más transparentes y horas de trabajo mejor definidas. Por otro, la gran disputa tecnológica sigue abierta.

El Estatuto del Artista supone una apuesta relevante por quienes sostienen el trabajo cultural en España. Aun así, la reforma nace con una tarea pendiente. La inteligencia artificial generativa ya forma parte del presente de la creación, pero su regulación tendrá que esperar a una norma de mayor rango. El siglo XXI entra por fin en la legislación laboral de la cultura, aunque una de sus amenazas principales todavía queda fuera del texto aprobado.

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