El Grand Prix no era español ni lo inventó Ramón García: la historia que TVE nunca contó

Antes de la vaquilla y los pueblos existió 'Campanile sera', un concurso italiano de 1959 que Francesco Boserman transformó para España

El grave error de 'El Grand Prix'
Una fotografía de archivo de Ramón García con la vaquilla del Grand Prix.
RTVE

Durante años, millones de espectadores asociaron el Grand Prix con tres imágenes inseparables: los pueblos compitiendo bajo los colores azul y amarillo, una vaquilla recorriendo el plató y Ramón García intentando mantener el orden entre caídas, disfraces gigantes y piscinas de espuma. El presentador vasco terminó convirtiéndose en el rostro absoluto del concurso, hasta el punto de que muchos asumieron que la idea también había sido suya.

Sin embargo, la verdadera historia del Grand Prix comenzó mucho antes de que Ramón García pronunciara su célebre bienvenida. Ni el concepto nació en España ni fue diseñado originalmente por Televisión Española. Sus raíces se encuentran en la Italia de finales de los años cincuenta, dentro de un programa que ya enfrentaba a municipios mediante preguntas, pruebas deportivas y desafíos colectivos.

El gran responsable de transformar aquella vieja fórmula europea en un fenómeno de la televisión española fue Francesco Boserman, fundador de Europroducciones. Ramón García resultó fundamental para darle personalidad, ritmo y cercanía, pero la autoría industrial y creativa del formato correspondió al productor italiano y al equipo que reunió a su alrededor.

El verdadero abuelo del Grand Prix nació en Italia

El Grand Prix no era español ni lo inventó Ramón García: la historia que TVE nunca contó
Ramón García (izquierda) y Pilar Soto (derecha) durante un programa clásico de Grand Prix
TVE

El origen remoto del Grand Prix se encuentra en Campanile sera, un concurso que la RAI comenzó a emitir el 5 de noviembre de 1959. Presentado, entre otros, por figuras como Mike Bongiorno y Enzo Tortora, el espacio enfrentaba cada semana a distintas localidades italianas. Una participaba desde el estudio y otra lo hacía desde su propia plaza, movilizando a vecinos, autoridades y asociaciones locales.

Aunque las pruebas y los medios técnicos eran muy diferentes a los que después utilizaría TVE, la columna vertebral del programa ya estaba allí: pueblos convertidos en equipos, orgullo municipal, desafíos físicos, preguntas de cultura general y ciudadanos anónimos ocupando el centro del espectáculo.

La idea se extendió posteriormente por Europa. Francia desarrolló Intervilles, mientras que la competición internacional Juegos sin fronteras llevó el enfrentamiento entre localidades a televisiones de diferentes países. España participó en este último formato entre finales de los años ochenta y comienzos de los noventa.

Por eso, el Grand Prix suele describirse como una versión nacional de Juegos sin fronteras. La afirmación no es completamente falsa, pero sí resulta incompleta. Carlo Boserman, productor del concurso y hermano de Francesco, ha explicado que la inspiración directa fue Campanile sera, anterior a todos aquellos formatos europeos.

Francesco Boserman recuperó la fórmula para España

La pieza decisiva apareció en 1995, cuando TVE buscaba un gran entretenimiento para cubrir su programación estival. Francesco Boserman, que ya había trabajado en España en formatos como Hola Raffaella y ¿Qué apostamos?, recuperó aquel concepto italiano de competición popular y comenzó a reconstruirlo pensando en los municipios españoles.

Para desarrollar las pruebas, Boserman recurrió a Adolfo “Popi” Perani, veterano autor de la televisión italiana vinculado a la creación de Campanile sera. Según el relato ofrecido por Carlo Boserman, Perani viajó a España y asesoró personalmente a Francesco durante la preparación del nuevo concurso.

Este detalle permite precisar qué ocurrió realmente. TVE no adquirió simplemente un paquete internacional llamado Grand Prix para reproducirlo en España. Las fuentes disponibles hablan de inspiración, asesoramiento y desarrollo, pero no permiten afirmar que la cadena pública comprara directamente los derechos de Campanile sera.

Lo que hizo Europroducciones fue crear una adaptación propia de aquella tradición televisiva. El planteamiento original italiano se conservó, pero las pruebas, el decorado, el tono familiar y numerosos elementos visuales fueron diseñados para conectar con las fiestas y costumbres de los pueblos españoles.

Antes del Grand Prix existió Cuando calienta el sol

El Grand Prix no era español ni lo inventó Ramón García: la historia que TVE nunca contó
Una imagen promocional del Grand Prix.
RTVE

El primer resultado de aquel proceso se estrenó en La 1 el 17 de julio de 1995. Todavía no se llamaba Grand Prix, sino Cuando calienta el sol, y su funcionamiento era bastante más complejo que el que después se haría famoso.

En cada programa participaban cuatro municipios, identificados mediante cuatro colores. Ramón García ya ejercía como presentador, acompañado por distintos colaboradores y padrinos famosos. Las pruebas se grababan al aire libre, en unas instalaciones levantadas en Prado del Rey, lo que provocó numerosos problemas técnicos y logísticos.

Aquella primera temporada sirvió como laboratorio. La presencia de cuatro pueblos dificultaba la realización, dispersaba la atención y hacía más complicado seguir las puntuaciones. Europroducciones decidió entonces simplificar la competición. Desde 1996, cada entrega enfrentaría únicamente a dos localidades.

También desapareció el título Cuando calienta el sol. Carlo Boserman ha explicado que existió una reclamación relacionada con el uso del nombre de la conocida canción. Aunque los productores terminaron ganando la disputa, el programa ya había sido rebautizado. Así nació oficialmente el Grand Prix que quedó instalado en la memoria colectiva.

La vaquilla convirtió una idea italiana en un fenómeno español

El cambio más importante no fue únicamente reducir el número de equipos. Francesco Boserman comprendió que el concurso necesitaba un elemento que lo diferenciara de sus antecedentes europeos. Lo encontró en una tradición presente en numerosas fiestas patronales: las vaquillas.

La incorporación del animal, junto con el decorado inspirado en una plaza de pueblo, terminó de definir la identidad del formato. El programa tomó una idea nacida en Italia y la envolvió con la estética de una verbena española: alcaldes defendiendo a sus vecinos, charangas, padrinos famosos, pruebas de feria y una competición planteada sin agresividad.

Ramón García fue esencial en ese proceso, pero no porque inventara el concurso. Su aportación consistió en convertir una maquinaria televisiva compleja en un espectáculo cercano y comprensible. Sabía hablar con los concursantes, improvisar durante los accidentes y mantener un tono familiar incluso en las pruebas más caóticas.

Con el paso de los años, presentador y programa se hicieron prácticamente inseparables. Pero detrás de la capa, las piscinas y los troncos locos permanecía una genealogía mucho menos conocida: Campanile sera, Popi Perani, Francesco Boserman y Europroducciones.

La verdadera historia del Grand Prix no resta mérito a Ramón García. Al contrario, permite entender por qué su trabajo fue tan importante. Él no inventó el formato, pero ayudó a convertir una antigua idea italiana en uno de los programas más reconocibles de la televisión española.

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