Arte

El Louvre reabre hoy la sala del robo de octubre 2025… pero sin joyas

El museo parisino devuelve al público este miércoles uno de sus salones más espectaculares con una museografía nueva que retira los objetos de valor y da todo el protagonismo a la decoración de Le Brun. Las joyas que escaparon al atraco de octubre de 2025 no volverán a exhibirse hasta que se termine una sala blindada y sin ventanas

El Louvre reabre hoy la sala del robo de octubre 2025... pero sin joyas
El Louvre reabre hoy la sala del robo de octubre 2025... pero sin joyas
Museo del Louvre

El Museo del Louvre reabrirá al público este miércoles la Galería de Apolo, uno de los espacios más emblemáticos del antiguo palacio real, aunque lo hará despojada de aquello que durante décadas la convirtió en objeto de peregrinación: las Joyas de la Corona de Francia y el resto de piezas preciosas que se exhibían allí hasta el robo de octubre de 2025. Según confirmó a EFE un portavoz de la institución, la reapertura se producirá con una configuración museográfica completamente nueva, en la que las colecciones de valor han sido retiradas para devolver el protagonismo a la decoración mural, pintada y esculpida, de la galería.

La reapertura pone fin a nueve meses de cierre de uno de los rincones más admirados del museo, pero no cierra la herida abierta por uno de los atracos más sonados de la historia reciente del arte.

El Museo del Louvre en París.

Siete minutos que humillaron al museo más visitado del mundo

El robo se produjo la mañana del domingo 19 de octubre de 2025, en pleno horario de apertura y con visitantes en las salas. Un comando de ladrones disfrazados de operarios —con chalecos de alta visibilidad y cascos— accedió a la fachada del ala sur, que da al Sena, con ayuda de un montacargas de mudanzas. Rompieron una ventana que daba directamente a la Galería de Apolo, forzaron dos vitrinas con radiales y huyeron en moto en cuestión de minutos. Todo el asalto se resolvió en apenas unos minutos, un tiempo récord que dejó en evidencia las carencias de seguridad del museo más visitado del planeta y desató una crisis política y cultural en Francia.

Los asaltantes se llevaron nueve piezas de la colección de las Joyas de la Corona, un botín de valor material colosal —miles de diamantes, esmeraldas y zafiros—, pero, sobre todo, de un valor histórico y simbólico incalculable, pues forman parte del patrimonio de Francia y son, por ley, inalienables.

Qué se llevaron y qué se salvó

Entre las piezas sustraídas figuraban joyas asociadas a las reinas y emperatrices del siglo XIX, entre ellas conjuntos de zafiros vinculados a las reinas María Amelia y Hortensia, un conjunto de esmeraldas de la emperatriz María Luisa, un broche relicario y una diadema de la emperatriz Eugenia de Montijo con más de mil diamantes.

En su huida precipitada, los ladrones perdieron parte del botín. La pieza más célebre de esa fuga fue la corona de la emperatriz Eugenia, que apareció abandonada en los aledaños del museo, dañada. Esa corona continúa siendo restaurada por especialistas y es una de las razones por las que las joyas supervivientes tardarán todavía en volver a exhibirse.

Se salvaron del atraco, por hallarse en otra ubicación o custodia, algunas de las piezas más valiosas de todo el conjunto, como el diamante Regente —uno de los más famosos del mundo—, el Sancy y el Hortensia, además de otros elementos de la colección.

El caso movilizó a un amplio dispositivo policial. En los días posteriores al robo, la policía francesa practicó las primeras detenciones de sospechosos, y la investigación —a cargo de las unidades especializadas en delincuencia organizada y patrimonio— se ha prolongado durante meses con nuevos arrestos e imputaciones. El temor de los investigadores y de los expertos en arte es que las joyas, difíciles de vender enteras por su notoriedad, hayan sido desmontadas y sus piedras recortadas para venderlas por separado, lo que supondría la destrucción irreversible de las piezas originales.

Una sala blindada para las joyas que quedan

El diario Le Parisien adelantó que las joyas que escaparon al robo serán trasladadas en el futuro a un nuevo espacio de máxima seguridad, sin ventanas, dentro del propio museo. Según explicó a ese periódico el presidente del Louvre, Christophe Leribault, el objetivo es crear una sala específica que garantice mejores condiciones de conservación y seguridad para estas piezas. Las Joyas de la Corona no volverán a exhibirse al público hasta que ese nuevo espacio esté terminado.

El robo aceleró, además, un plan de modernización de la seguridad del museo que ya se venía debatiendo y que se había revelado insuficiente. El Louvre afronta desde entonces un proyecto de transformación de gran calado —bautizado como “Louvre Nuevo Renacimiento”— que incluye reformas en accesos, vigilancia y salas, en un edificio que recibe cada año millones de visitantes y cuya escala complica enormemente su protección.

Apolo recupera su esplendor original

Mientras las joyas esperan su nuevo alojamiento, la Galería de Apolo recuperará su función primigenia: la de gran galería ceremonial del palacio real. Concebida en el siglo XVII, fue el modelo directo de la posterior Galería de los Espejos de Versalles y un manifiesto del poder de la monarquía francesa. Su programa decorativo, dedicado al dios Apolo y al recorrido del sol —en clara alusión a Luis XIV, el Rey Sol—, fue diseñado por el pintor Charles Le Brun y completado a lo largo de dos siglos por artistas de los siglos XVII al XIX, entre ellos el techo pintado por Eugène Delacroix en el XIX.

Sin las vitrinas y los objetos preciosos que hasta ahora concentraban las miradas, el visitante podrá contemplar de nuevo, sin distracciones, las pinturas, los estucos dorados y las esculturas que hacen de este salón una obra de arte total. Una paradoja amarga: el atraco que despojó a la galería de sus tesoros más deslumbrantes devuelve al público, al menos, la posibilidad de mirar hacia arriba y redescubrir el espacio que los albergaba.

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